MST - Movimiento Socialista de los Trabajadores Lunes 27 de Agosto, actualizado hace 4 hs.

Marxismo. 170 años del Manifiesto Comunista

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Nuestra editorial La Montaña ha publicado recientemente una nueva edición del Manifiesto Comunista. Desde Anticapitalistas en Red estamos impulsando una campaña internacional en ocasión del aniversario 170 de su primera publicación.

¿Por qué un folleto escrito a mediados del siglo XIX tiene tanto peso en la política del mundo actual? Una primera respuesta es que el Manifiesto Comunista describe un mundo que aún podemos reconocer. Es innegable que ha cambiado mucho desde 1848, pero todavía vivimos en la “sociedad burguesa” que describen y critican Marx y Engels. La crisis mundial que estalló en 2008 y que aún atravesamos parece presagiada por las advertencias del Manifiesto, de que la expansión capitalista viene acompañada de crisis periódicas que hunden a las masas en la miseria.

Un documento de asombrosa actualidad

Tal vez por haberlo analizado en su infancia, es que Marx y Engels lograron capturar las características esenciales y la dinámica central del capitalismo. De hecho, si algo asombra al leer el Manifiesto, es que parece describir la sociedad actual, incluso más que la del siglo XIX:

“Espoleada por la necesidad de dar cada vez mayor salida a sus productos, la burguesía recorre el mundo entero. Necesita anidar en todas partes, establecerse en todas partes, crear vínculos en todas partes… Obliga a todas las naciones, si no quieren sucumbir, a adoptar el modo burgués de producción, las constriñe a introducir la llamada civilización, es decir, a hacerse burguesas. En una palabra: se forja un mundo a su imagen y semejanza.”
Cuando se publicó el Manifiesto, sólo unos pocos países de Europa tenían un desarrollo industrial avanzado. Sin embargo al leer estas líneas, pareciera ilustrar la llamada “globalización” capitalista del siglo XXI.
A muchos les puede asombrar que el Manifiesto comienza su análisis de la burguesía alabando el papel revolucionario que jugó en la historia. Le atribuye al capitalismo el entierro del oscurantismo y el estancamiento de las sociedades anteriores, y el desarrollo sin precedentes de la fuerzas productivas, de la creación de una riqueza material tan abundante que acabó con la escasez que había acechado a la humanidad hasta entonces. Se trataba de la abundancia que haría objetivamente posible una sociedad de iguales:
“La burguesía, con su dominio de clase, que cuenta apenas con un siglo de existencia, ha creado fuerzas productivas más abundantes y más grandiosas que todas las generaciones pasadas juntas.”

El materialismo histórico

Pero el Manifiesto también describe al capitalismo como una sociedad de clases más, que concentra el poder y la riqueza en pocas manos, hunde a millones en la pobreza y la miseria, y transforma la vida en una rutina odiosa que le impide a la mayoría desarrollar su potencial. El desarrollo anárquico del capitalismo también lo hace incurrir en frecuentes y destructivas crisis, y conduce a la competencia entre Estados, la confrontación y la guerra. La única solución a estos problemas es la abolición del capitalismo y su reemplazo por un sistema en el que la mayoría de la población controle los recursos económicos democráticamente. Es decir, el comunismo.
Así el Manifiesto ubica al capitalismo en la historia, y expone a su vez, uno de los mayores aportes del marxismo: su concepción materialista de la historia, o materialismo histórico. Se trata de la primera teoría científica sobre la sociedad humana. Según ella, la actividad humana fundamental es la producción de los medios de subsistencia. La manera en la que se organice la producción social va a determinar las estructuras sociales, políticas, culturales, etc. El Manifiesto comienza afirmando que “la historia de todas las sociedades que han existido hasta nuestros días, es la historia de las luchas de clases”. Cada sociedad ha desarrollado las fuerzas productivas hasta cierto punto, en el que éstas entran en conflicto con las relaciones de dominación de esa sociedad, momento en el cuál una clase subalterna está llamada a conducir una revolución contra el orden imperante y construir una nueva sociedad. Sin embargo este desenlace, advierte el Manifiesto, no es inevitable. Lo dirime la lucha de clases y termina con “la transformación revolucionaria de toda la sociedad o el hundimiento de las clases beligerantes” y un retroceso de la humanidad.

El proletariado como sujeto revolucionario

El Manifiesto señala a la clase obrera moderna como el sujeto revolucionario capaz de destruir el capitalismo y construir una nueva sociedad. Ese poder surge de su ubicación clave en la economía, su capacidad de frenar la producción y de arrastrar tras de sí a otros sectores sociales. Esa clase -el proletariado asalariado- que era un fenómeno nuevo, surgido en un puñado de ciudades cuando se publicó el Manifiesto, hoy comprende a la mayoría de la población mundial. Previendo esa dinámica, Marx y Engels plantearon que la revolución proletaria no crearía una nueva sociedad de clases, sino que, al liberarse, el proletariado liberaría al conjunto de la humanidad, sentando las bases de una sociedad igualitaria.
También son enfáticos en el carácter mundial del sistema capitalista, y el necesario carácter internacionalista de la lucha revolucionaria del proletariado. El llamado final del Manifiesto “¡Proletarios de todos los países uníos!” no es una consigna moral abstracta, sino un llamado concreto a la organización política internacional.

Un programa político

Marx y Engels afirman que la emancipación del proletariado será obra del propio proletariado. Pero son igualmente claros en que la revolución no es posible sin la intervención activa de los revolucionarios conscientes. Estos revolucionarios comunistas “destacan y hacen valer los intereses comunes a todo el proletariado, independientemente de la nacionalidad” y “representan siempre los intereses del movimiento en su conjunto”. La crisis capitalista es inevitable, el triunfo de la revolución no. El capitalismo puede terminar en el “hundimiento de las clases beligerantes”. Sólo la intervención de los revolucionarios organizados -el sector más resuelto (del movimiento proletario)- puede lograr un desenlace positivo de la lucha de clases.
Marx y Engels escribieron el Manifiesto para la fundación de la Liga de los Comunistas, una de las primeras organizaciones políticas de la clase trabajadora, en cuya fundación jugaron un rol dirigente. Hoy al marxismo se lo estudia en las universidades como una teoría social, divorciada de su carácter comprometida y revolucionaria. A Marx y Engels se los presenta como teóricos académicos, y no como los militantes políticos que fueron. Al propio Manifiesto se lo estudia como un audaz paper analítico.
Pero el Manifiesto es algo completamente distinto. Es un programa para la acción de una organización política de la clase trabajadora. Es un llamado a las armas que mantiene plena vigencia para quienes hoy perciben la ruina a la que nos conduce el capitalismo y buscan luchar por un rumbo distinto para la humanidad.
Ese es el Manifiesto que reivindicamos desde el MST y Anticapitalistas en Red, desde donde impulsamos una campaña internacional por su 170 aniversario, al servicio del cual ponemos la nueva edición del libro que ha publicado la editorial La Montaña.

Federico Moreno