9º Congreso Nacional de la CTA

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Lejos de las necesidades de los trabajadores

A puertas cerradas para los trabajadores, se realizó el Congreso de la CTA. Defraudando las expectativas de un sector del activismo sindical, no se resolvió el paro general y el plan de lucha nacional que se necesitan, ni se definió un programa de emergencia para que la crisis la paguen los de arriba.
La democracia sindical estuvo ausente. No hubo documentos preparatorios ni la apertura de un debate a fondo. Muy lejos incluso de los congresos que se realizaban en el Polideportivo de Mar del Plata y, a la luz de la reforma de estatuto que consen-suaron en la conducción para paliar la crisis en su seno, se reunieron poco más de 300 delegados en el pequeño teatro Margarita Xirgu. Los mismos fueron elegidos por lista sábana y criterio territorial, sólo pertenecientes al actual oficialismo y repartidos entre los adeptos a De Gennaro y Yasky. Sin reflejar la verdadera proporción de las bases de sus gremios y dejando afuera a toda voz crítica de la oposición. Igual que en la Constituyente Social, primó el acuerdo cupular. Apelando a la sentida “unidad de la Central”, se construyó un consenso entre los dos sectores de la dirigencia para regular los debates. Pese a los reclamos expresados en los congresos regionales por muchos compañeros que demandaron un paro general, reflejando las crecientes luchas de los docentes en la mitad de las provincia del país, de los trabajadores de la salud, de los de la administración pública y municipales y de los pequeños sectores privados albergados en la CTA, sólo se consensuó una convocatoria para el 22 de abril de “un día de lucha con moviliza-ciones y paros y si no hay respuesta, construir un paro nacional”. Y la gran solución para el tema salarial es pedir que se convoque al Consejo del Salario Mínimo.
No se propuso un programa de emergencia como los que se discutieron en el encuentro de Villa Constitución o el de la CTA Rosario, que contienen puntos muy progresivos y podrían ser una base para organizar la lucha nacional. Ni acciones para reclamar que la crisis la paguen los que la provocaron, tomando medidas efectivas y de fondo. Es utópico pensar que se va a distribuir la riqueza sin tocar los intereses de los grandes grupos económicos.
El 22 de abril hay que transformarlo en una jornada de lucha real, para apoyar los conflictos en curso y reclamar tanto a la CTA como a la CGT el Paro General y el plan de lucha por el salario, el trabajo y las medidas de emergencia que hacen falta.

G. P.


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