Patricia Walsh, sobre el 1º de Mayo

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“Jornada internacional de lucha de la clase trabajadora”

Discurso de la compañera Patricia Walsh, diputada del bloque Nueva Izquierda, en la sesión del 30 de abril en la Legislatura porteña.

Mañana es 1º de mayo, Día Internacional de los Trabajadores. Y una vez más será una gran jornada de lucha, con marchas y movilizaciones. Nuevamente la Plaza de Mayo se llenará de banderas, de militancia de izquierda, de columnas de trabajadoras y trabajadores, de jóvenes, de jubilados, de militantes políticos y sociales, de quienes luchamos sin doble discurso por la vigencia de los derechos humanos y de miles de personas.
Celebramos este 1º de mayo en el marco de una crisis histórica del sistema de explotación capitalista, probablemente más grave que otras y, a lo mejor, sin precedentes conocidos. La burguesía mundial, sus Estados, su representación política y la burocracia sindical se valen de todos los recursos para descargar la bancarrota capitalista sobre las espaldas de los trabajadores. Se estima que en el planeta habrá 500 millones de personas que pierdan sus puestos de trabajo. Se sabe que en España, por dar un solo ejemplo, la falta de empleo se extiende ya a 4 millones. Hoy el gobierno norteamericano anunció la quiebra de Chrysler, que repercute directamente en nuestro país.
Entonces, ya sabemos que comienzan grandes luchas, una enorme resistencia, la gran pelea por el salario y los puestos de trabajo. Y habrá que avanzar con la discusión: el capitalismo es el más salvaje de los sistemas posibles de gobierno, el más injusto, el más depredador.
Ya se sabe que miles temen perder sus puestos de trabajo, y algunos ya saben que lo van a perder, o comienzan a darse cuenta de que si lo perdieron no es algo que le sucede a unos pocos, sino a cientos, amenaza a miles y se puede extender con la misma peligrosidad que otras pestes que también nos alarman, pero siempre y en especial a los que menos tienen: los trabajadores, los desocupados, los pobres, los excluidos, las mujeres, los chicos.
Así se transita por el capitalismo: enterándose un buen día que viene el dengue, que se nos viene la gripe porcina, que hay millones en la pobreza y la desocupación, que en vez de disminuir va en aumento.
En ese marco, resulta loco escuchar al matrimonio presidencial asustar a quienes pueden asustar –que espero que sean cada vez menos– con la amenaza de perder la mayoría legislativa. ¡Ojalá la pierdan! Porque esa mayoría no sirve para entenderse con el dengue, ni para resolver la exclusión y la pobreza; ni para dar de comer, curar ni educar, aunque cada tanto hagan un lloroso discurso mostrando sorpresa o pidiendo perdón por la miseria, como si fuera tan ajena que solo se la registra cuando se baja del avión, y no dolorosamente nuestra, de todos, pero en especial de quienes ejercen la enorme e ineludible responsabilidad de gobernar; de los que lo vienen haciendo, los que han gobernado durante décadas y nos dicen que si no siguen ellos nos espera el caos y la derecha.
La derecha gobierna. En la Ciudad, claro está, y también en la Nación. Es la derecha asustando con una derecha más derecha. Pero resulta sorprendente escuchar decir hoy a la señora presidenta, desde San Juan, que se opusieron a las privatizaciones y que ella no quiere formar parte de esa historia. ¡No querrá formar parte en el año 2009! Pero es tarde, porque ya lo hizo: formó parte de esa historia. Y los Kirchner no resisten al archivo sobre la renta petrolera, ni siquiera una búsqueda legislativa que les recuerde cómo votaron cuando ocuparon bancas y convalidaron lo que ahora dicen desconocer. Estoy hablando de las privatizaciones, de la deuda externa, del FMI, el Banco Mundial, el Club de París, la entrega de todo nuestro patrimonio, mientras se rasgan las vestiduras con esto del gobierno popular y nacional. El que gobierna es siempre responsable, en la Nación y en la Ciudad.
Lo que viene seguro, y ya llegó, es la pandemia que piensa arrasar con los puestos de trabajo, los cierres, las suspensiones y despidos; la descarga brutal de la crisis capitalista sobre las espaldas de las trabajadoras y trabajadores. No se hace otra cosa que suspender y bajar los salarios para no concretar la amenaza de cierre, repartiendo entre los propios trabajadores, sus familias y la espalda de la mayoría de nuestro pueblo el costo que no quieren pagar los verdaderos responsables.
Por eso decimos y diremos que no. Que la crisis la paguen los que la causaron. Todo el país –y esta ciudad, donde ocupamos esta modestísima banca– sostiene que no puede haber cierres, suspensiones, despidos, pérdida de puestos de trabajo, más precarización y más trabajo en negro. Esta crisis la tienen que pagar los que la contrajeron: las rentas de los explotadores, y no el salario o el puesto de trabajo de los explotados.
Decimos esto porque mañana es 1° de Mayo. Lo decimos porque este día no es una fiesta: es una jornada internacional de lucha de la clase trabajadora.


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