Escriben: Mariana Chiacchio y Nicolás Quiroz, abogades del CADHU-MST
Elena Inés Highton de Nolasco fue la primera mujer que integró la Corte Suprema de Justicia de la Nación en democracia, en 2004, recomendada por el propio Alberto Fernández al entonces presidente Néstor Kirchner. Al cumplir 75 años la jueza presentó un amparo para seguir en el cargo, pasando por sobre la letra de la Constitución Nacional. Días atrás comunicó que dejará su cargo el 1º de noviembre.
Entre otros fallos en contra del pueblo trabajador, Highton votó a favor -junto con los jueces Rosatti y Rosenkrantz- de otorgar el beneficio del «2×1» a los genocidas de la última dictadura militar y de que los jueces no paguen el Impuesto a las Ganancias, a diferencia de muchos trabajadores que sí lo pagan.
Al mismo tiempo, en la Legislatura porteña, el macrismo gobernante acaba de aprobar una ley escandalosa a la medida de los grandes empresarios, muchas de cuyas compañías tienen sede en la Capital, y que hasta podría beneficiar al propio Macri, imputado en varias causas. Ese engendro habilita al Poder Judicial porteño a revisar y rectificar fallos de la justicia nacional.
¿Por qué es importante resaltar ambos hechos? Porque mientras el Poder Judicial, como parte del Estado, siga siendo funcional a los intereses de los capitalistas, no importa demasiado quiénes lo integren. Menos aún con el actual formato indirecto de designación de los jueces y fiscales, que está íntegramente supeditado al poder político y sus transas a través de los Consejos de la Magistratura.
Hace falta entonces una profunda reforma judicial que democratice todo el sistema de administración de justicia para que los magistrados empiecen a defender los intereses del pueblo y no los de la clase empresarial y la casta política.
Un mamarracho antiobrero
El 30 de setiembre la Legislatura porteña votó una reforma de la Ley 402 de Procedimientos ante el Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad, afín al macrismo y a los empresarios, que le permite a dicho tribunal acceder a revisar y modificar causas en las que interviene la justicia nacional. Es una reforma inconstitucional, PRO-patronal, antiobrera y contraria a los derechos humanos.
Actualmente las causas judiciales en materia civil, penal, laboral y otras que tienen su origen en la CABA tramitan ante la justicia nacional por ser la Ciudad Autónoma de Buenos Aires la capital federal(1). Por ello, aun dentro de este limitado régimen democrático burgués, se avasalla a la propia Constitución Nacional al insertar una instancia más de revisión a las ya existentes, además de atraerlas a la órbita «amarilla» porteña de la cual el TSJ es garante ya hace rato.
De aplicarse esta reforma permitiría, por ejemplo, que las causas penales por corrupción en las cuales miembros del PRO y el propio Mauricio Macri y su familia están investigados terminen siendo resueltas por esta corte porteña que acostumbra a dictar fallos regresivos y antipopulares. Para les trabajadores, implementar esta nueva ley sería negativo por dos razones clave:
La resolución final de las causas ya no la tendrían las cámaras laborales, que actúan como órgano de apelación y están especializadas en el derecho laboral. El derecho laboral se fundamenta en la protección de les trabajadores ante el poderío patronal. Pero si la revisión última de tales causas se deja en manos del TSJ porteño es muy probable que la balanza se incline hacia el lado de los poderosos, como lo viene demostrando dicho tribunal en sus regresivos fallos.
De agregarse una instancia más de revisión de las sentencias dictadas por la justicia laboral nacional se perpetuarían los juicios. Si éstos ya de por sí demoran 5 o 6 años, se perjudicaría claramente a les trabajadores al obligarles a esperar varios años más para recibir, en el mejor de los casos, una indemnización totalmente corroída por la inflación.
¿Cambiar algo para que nada cambie?
¿Cómo se cubre el cargo que deja Highton? «El Presidente de la Nación tiene las siguientes atribuciones: …Nombra los magistrados de la Corte Suprema con acuerdo del Senado por dos tercios de sus miembros presentes, en sesión pública, convocada al efecto»2. Es decir, los mismos que eligen a los bancos por sobre los jubilados, y los mismos que votan leyes y presupuestos de ajuste, decidirán quién se incorpora a la Corte, situación nada democrática para un poder público. Son los mismos que deciden sobre nuestras vidas en base al ordenamiento jurídico actual -y a veces incluso contra él-, poseen cargos vitalicios, no pagan Ganancias y son casi inamovibles. ¿Acaso en un sistema político que se dice representativo y republicano se puede tolerar tal nivel de privilegios?
La Corte Suprema está lejos de tener sensibilidad ante las necesidades populares, con sus salarios exorbitantes, sus sentencias a la orden del establishment y sus jueces puestos a dedo como Rosatti y Rosenkrantz. Como los otros poderes, el judicial es ajeno a la realidad social.
Desde el Poder Ejecutivo declaran «será una mujer sí o sí», a tono con su retórica de género. Pero integrar a una mujer al máximo tribunal del país no resuelve los problemas que sufren las mujeres de a pie. Menos cuando el gobierno puso de jefe de gabinete al antiderechos Juan Manzur, que encima ya está operando para que la vacante la ocupe Claudia Sbdar, ¡oh casualidad!, actual presidenta de la Corte tucumana. Tampoco cambia nada sustancial aumentar el número de miembros, como propician algunos sectores del oficialismo.
La Corte, más allá de quién suceda a Highton, mantendrá su carácter de clase dominante, y su dependencia de los otros poderes que, mediante pactos y concesiones entre los distintos sectores políticos, la eligen para defender los intereses capitalistas.
En 2020 Alberto Fernández amagó con una reforma judicial y la derecha lo acusó de «defender a Cristina». A su vez ella se quejaba del lawfare, o sea de la utilización política de la justicia en contra de ella.
Nuestra propuesta
Tanto el proyecto de reforma de Alberto como el discurso de JxC son falsos. La reforma no contenía soluciones de fondo: no modificaba la elección de jueces y no buscaba independizar al Poder Judicial, sino sólo aparecer como una «lucha contra los poderosos». Y el discurso macrista no tenía sentido, ya que la reforma oficial era casi igual a la que pretendía Germán Garavano, ex ministro de Justicia de Mauricio Macri.
Junto a luchar para derogar la reciente ley porteña, sólo desde el MST y el FIT Unidad proponemos una verdadera reforma judicial. Los jueces y fiscales deben ser elegidos por voto popular, en fecha separada de las elecciones políticas. O sea que toda la sociedad participe y decida democráticamente, ya que los fallos afectan la vida de millones de personas. Los mandatos deben durar un período limitado y ser revocables en caso de mal desempeño. Y para todas las causas importantes hay que establecer los juicios por jurados populares, con vecinas y vecinos sorteados del padrón electoral. Además, para terminar con la casta judicial, los jueces deben cobrar salarios iguales al promedio de un trabajador y derogar las jubilaciones de privilegio.
Así se pondría fin a la actual dependencia del poder político y la justicia por fin defendería los intereses de la clase trabajadora y el pueblo.
1 Art. 129, Constitución Nacional.
2 Art. 99 inciso 4, Constitución Nacional.

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La procuradora Gils Carbó fue designada en 2012 por el kirchnerismo, con apoyo de la mayoría de los bloques de la oposición, que aprobaron su pliego en el Senado. Su llegada al cargo fue luego de que Righi, su antecesor, se viera obligado a renunciar para proteger al ex vicepresidente Bodou.
Días atrás el macrismo, en acuerdo con el bloque massista, presentó un proyecto para modificar la ley del Ministerio Público Fiscal que desató una contienda que lleva varios capítulos.
Los cuestionamientos al proyecto fueron muchos y variados, desde Abuelas de Plaza de Mayo a Carrió. Desde su carácter autoritario a su inconstitucionalidad.
En la propuesta de reforma crece la autoridad de la Comisión Bicameral, constituida hace poco y que preside la diputada massista Graciela Camaño. La comisión sería quien avalaría a los nuevos fiscales, los procuradores especiales y las once direcciones generales del Ministerio Público Fiscal.
La designación de Camaño en la Bicameral, por donde pasarían todas estas decisiones, puso en alerta a la Coalición Cívica. El ataque de “republicanismo” de Carrió esconde otros motivos: la proximidad de las elecciones del año que viene, que ponen en disputa los espacios dentro del gobierno. Así, la intención del gobierno de lograr fiscales propios y reemplazar a Gils Carbó, quedaría trunca por la frágil unidad de Cambiemos.
El proyecto merece varias críticas. La creación de una unidad especial para “persecución al terrorismo” es un riesgo contra la protesta social. No incluyen a la UFEM, el área especializada en investigar los femicidios. Y exigir cinco años de experiencia como fiscal general para ser procurador especial implicaría que renuncien quienes hoy están al frente de investigar temas tan sensibles como la apropiación de menores bajo la última dictadura.
Se sumó el revuelo por las declaraciones de Carrió de que para remover a Gils Carbó hace falta un juicio político. Junto al fracaso en el tratamiento de la reforma, los dichos de Carrió generaron la sensación de que el gobierno cambiaba de estrategia, pero duró poco. Por falta de número en el Congreso, el PRO tuvo que archivar su reforma y también el juicio político a la procuradora general. Tendrá que postergar la reforma…
Basta de injerencia política en la justicia
Aunque los medios lo intenten, no podemos reducir el debate a la pelea con Gils Carbó, porque es un problema de fondo. Es real que el proyecto oficialista busca profundizar la injerencia del Poder Ejecutivo sobre el poder judicial y no es la primera vez. Hace algunos años, Cristina impulsó un proyecto de ley que también buscaba mecanismos para darle al gobierno de turno más control y también fracasó.
Lo que está desprestigiado es el Poder Judicial de conjunto: jueces y fiscales cómplices del crimen organizado, encubridores de la corrupción política y corruptos ellos mismos, siempre dispuestos a perseguir a los luchadores sociales pero amigos de los poderosos. Tienen una vida llena de privilegios con cargos vitalicios y sueldos altísimos, son prácticamente una casta intocable. Un engranaje más de un sistema y un Estado que sólo defiende los negocios capitalistas y a sí mismo.
Ese desprestigio es tan alto que incluso es uno de los argumentos que usa Macri para intentar meter su reforma como antes lo utilizó fuertemente para oponerse a la reforma propuesta por Cristina y defender el statu quo de la “justicia independiente”.
Es que los jueces y fiscales son nombrados vía el Consejo de la Magistratura, mediante pactos del poder político. Para tener justicia hace falta que dependan de los intereses de las grandes mayorías sociales. Para eso tienen que estar sometidos al control social, con la elección directa por voto popular en comicios separados de los de los cargos políticos. Deben tener mandatos limitados y cargos revocables si se comprueban casos de abuso de poder, desidia o corrupción. También hay que remover a todos aquellos jueces federales nombrados por la dictadura militar. Además hay que implementar el juicio por jurados, con vecinos sorteados del padrón electoral, que figura en la Constitución desde 1853 pero casi no se aplica.
Estas y otras medidas en el mismo sentido son el único inicio posible de un camino que nos lleve a tener una justicia independiente del poder político.
Victoria Marro
]]>Repudiamos la ofensiva gubernamental, que intensifica las persecuciones y sanciones a los que luchan. Así sucede con 17 docentes del SUTEF, perseguidos por la gobernadora fueguina Rosana Bertone (PJ). En primera instancia, la justicia les quitó la tutela sindical a los dirigentes y delegados para luego poder exonerarlos.
Vanesa Paola López, Centro de Abogados por los Derechos Humanos (CADHU)
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Vanesa Paola López, Equipo de Abogadas y Abogados del MST
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María Damasseno
]]>Pablo Vasco

En estos días fueron sorteados los bonaerenses que podrían ser convocadas a los juicios por jurados. Una medida aislada que no es parte de una verdadera democratización de la justicia. Aparece más como anuncio de impacto para tapar el avance reaccionario del modelo de seguridad y justicia de Scioli y los K. Con sus “22 puntos”, avalados por Massa, el PRO, la UCR y PJ Federal.
La implementación del juicio por jurados se da en medio de esas medidas que acentúan el carácter represivo, autoritario, de control político y de preservación del triángulo de impunidad entre jueces, intendentes y policías. Sumando a la creación de policías adictas a los intendentes, sin control social.
Esto contradice las declaraciones pomposas de Scioli diciendo que el juicio por jurados está en la “base de la concepción democrática de la justicia”. Tampoco lo es el proyecto de policías municipales y menos el eliminar todo artículo que apuntase a algún control sobre los comisarios. Sólo rinden cuentas al intendente que maneja una fuerza represiva a gusto como pasó con la Metropolitana de Macri. Al ser una fuerza de choque para reprimir y espiar trabajadores con metodologías corruptas.
Sobre el juicio por jurados, aún no se sabe cuándo entrará en vigencia. Además sólo habrá jurados para juicios penales con posibles penas de 15 años o más. Según la ley 14.543, el jurado lo preside un juez y lo componen 12 ciudadanos titulares y 6 suplentes, elegidos por sorteo del padrón electoral, a razón de 1 cada 1.000 empadronados. Es de carga pública obligatoria, tienen el día justificado y recibirían un pago.
El jurado decide sobre la inocencia o culpabilidad del procesado. La pena la dicta el juez. La condena es válida cuando coincidan 10 votos sobre 12. Sesionarán hasta 2 días y pueden prorrogarlo por otros dos. Si deciden la inocencia, será irrevocable. De ser otra la sentencia, se la puede apelar.
Hace más de 160 años que están establecidos en la Constitución. Pero nunca lo implementaron. Recién hay jurados hace 7 años en Córdoba. Ahora en Neuquén, Y en Chubut lo están tratando. Instaurarlos no puede ser algo aislado ni es la principal medida para democratizar la justicia.
El problema de nuestro sistema judicial es que no se trata de un poder independiente como nos enseñan, sino dependiente del poder político, de sus pactos, presiones, privilegios y componendas. No tendremos una justicia independiente si a los jueces los sigue eligiendo ese poder político.
Una verdadera democratización debe incluir la elección de los jueces por el voto popular y la posibilidad de revocar su mandato. Los Consejos de la Magistratura son órganos de canje político. Hay que reemplazarlos por el voto universal para nombrar y remover a los jueces como en Estados Unidos o Bolivia.
Es urgente también remover a los jueces federales de la dictadura. Además de facilitar el acceso a la justicia de los sectores populares y terminar con las corporaciones de abogados. Con reformas como estas, sí será justicia.
Francisco Torres
]]>Hay que ubicar el fallo de la corte suprema como parte del análisis de la coyuntura electoral que atraviesa el país. Indudablemente la suspensión de la elección a consejeros de la magistratura supone un límite a la ofensiva K ¿por qué se dio? ¿qué implicancias tiene? Una perspectiva independiente desde la izquierda para abordar el tema
Finalmente se develó la incógnita sobre el fallo de la corte. Después de muchas especulaciones y escenarios hipotéticos, a la postre por 6 votos a 1-el de Zaffaroni por expreso pedido de la presidente- la corte se pronunció por la suspensión de la elección de consejeros. Este no es un dato menor. La corte y de conjunto la institución judicial es efectivamente una corporación políticamente dirigida. El carácter vitalicio de los jueces, invulnerables a todo, los hace dependientes del poder de turno. Pero cuando avizoran «fin de ciclo» en el poder gobernante, como todos los aparatos conservadores del régimen capitalista, se reubican para mantener el statu quo y preparan un nuevo contrato de lealtad con la fracción del establishment que se presente en condiciones de acceder a la sucesión. Esa lógica opera detrás del abandono al kirchnerismo de la corporación judicial en general y de la corte suprema en particular. Por eso, el fallo adverso al oficialismo nacional es un golpe político en varios sentidos:
Vale decir: la corte le propinó un fuerte cachetazo al kirchnerismo que agudiza su crisis política.
El gobierno nacional pretendía kirchnerizar la justicia
Tal como dijimos más arriba la actual institución judicial no tiene nada de independiente. La existencia del consejo de la magistratura, hijo putativo del Pacto de Olivos, es la consumación del reparto entre las fuerzas políticas tradicionales del control de los jueces. El kirchnerismo, lejos de pretender independizar el poder judicial de la «partidocracia» y ponerlo bajo subordinación social, se jugó a copar la justicia para defenderse en el período de vacas flacas que se le viene. Por eso, nosotros no nos engañamos: el kirchnerismo no planteó más que en el discurso ninguna democratización real, sino un proceso de hegemonización de su fracción política en torno a la justicia. La corporación se defendió, no por independiente, sino porque ve al kirchnerismo en retirada y también porque como aparato conservador que es defiende sus privilegios. Por eso, nosotros lo planteamos con claridad: así como está la justicia, no funciona para el pueblo y hace falta democratizar en serio. Con los K nada de eso es posible.
La oposición reaccionaria defiende el statu quo
Toda la oposición de derecha al kirchnerismo festejó el fallo de la corte. Más todavía: la presión del grupo Clarín jugadísimo contra la reforma judicial fue notoria. La oposición festejó el fallo como una victoria política. Está claro que el oficialismo nacional pierde mucho en esta. También es cierto que el kirchnerismo quería «copar» la justicia. Pero la realidad es que no es menos cierto que desde el PRO, hasta el peronismo disidente, la UCR-FAP y hasta Pino Solanas, no proponen ninguna medida democratizadora en serio de la justicia. Detrás de toda la hojarasca de «la independencia de la justicia» en realidad defienden poder seguir teniendo participación en la elección de los jueces y que el oficialismo controle todo. Por eso, ni el kirchnerismo quiere democratizar ni la derecha defiende ninguna independencia: hace falta un debate a fondo sobre la real democratización de la justicia.
Hacia una reforma integral de la justicia
Efectivamente desde la izquierda planteamos una visión de cambio estructural de la justicia. En principio proponemos arrebatarle el control a los viejos partidos y los intereses capitalistas. Para eso, hay que diseñar un dispositivo de funcionamiento que modifique la naturaleza de esta institución y la ponga bajo control social:
Juicios por jurados
Estas medidas son la base de una lógica opuesta a la actual justicia ya que pulverizan el carácter vitalicio de los cargos y somete a la justicia al control social. En conclusión: una real democratización de la justicia pasa por invertir la subordinación de esta institución, no ya al poder de turno sino al poder de siempre: el pueblo.
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