Hay que anular la concesión al grupo Roggio

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QUE EL SUBTE SEA DEL PUEBLO

Esta pelea terminó con un gran triunfo y una vez más estuvimos junto a los compañeros. Queda pendiente un debate más de fondo sobre quién y cómo debe administrar el subterráneo, hoy en manos del grupo privado Roggio. En nuestra opinión, la única forma de lograr un servicio seguro, barato y eficiente es que sea del pueblo. Hay que anular la concesión privada y volver el subte a manos del Estado, bajo el control de sus trabajadores y usuarios.
Como parte de ese monumento al robo que fueron las privatizaciones, y asesorado por el Banco Mundial, la guadaña menemista no podía dejar afuera el subte. Desde hace 10 años, junto al ferrocarril Urquiza, las cinco líneas quedaron así en manos de Metrovías. Esta empresa integra uno de los cinco mayores pulpos del país: el grupo Roggio. Por supuesto, planean quedarse con las nuevas líneas…
Aldo Roggio es el pincipal contratista de la Ciudad. Además del subte, maneja negocios millonarios como el de recolección de basura (Cliba), obras y construcciones (Benito Roggio e Hijos). Roggio también posee concesiones viales como la de la Autopista Illia (Covimet) y empresas de relevamiento catastral (Catrelsa), cuyos contratos fueron tan escandalosos que su propio amigo Aníbal Ibarra tuvo que darlos de baja…
Metrovías por dentro
Metrovías dice que «tu tiempo vale» y de vez en cuando pone música con «el subte vive». También cambia «dos viajes por un alimento» y otorga un «abono social»… Pero detrás de su fachada engañosa, día a día lucra con la sangre de sus trabajadores, el bolsillo de los usuarios y la inseguridad de ambos.
Las condiciones bajo tierra son terribles: calor, ruidos insoportables mayores al tope legal, aire viciado, contaminación, humedad… Metrovías daña la salud del trabajador y por ende su seguridad y la del usuario. Recuperar las 6 horas para todos, y así obligar a la empresa a tomar unos 200 trabajadores nuevos, no fue una graciosa dádiva de Roggio sino el fruto de una dura pelea.
Más de 250 millones de pasajeros al año, a 70 centavos el pasaje, totaliza un ingreso de 175 millones. Y es plata en efectivo. ¿Cómo creer entonces que en 2003 Metrovías declare pérdidas -sí, pérdidas- por más de un millón de pesos, según dice su balance oficial?
Pero eso no es todo. Aunque el subte es eléctrico, Metrovías recibe subsidios del Estado por… ¡el Fondo del Gas Oil! El año pasado, Ibarra les rebajó el Impuesto a los Ingresos Brutos. Encima, incumplieron las inversiones obligatorias y las revisiones del material rodante pactadas en el contrato de concesión. Por supuesto, todo esto lo hicieron pese al «control» de la CNRT y del Ente Regulador de la Ciudad…
El subte debe ser del pueblo
Hay razones de sobra para dar de baja la concesión a Metrovías-Roggio y que así el subte vuelva a ser administrado directamente por la Ciudad. Es la única salida. Y para que no haya corrupción, todo el funcionamiento debe ser puesto bajo el control democrático de los trabajadores y usuarios. Nadie más interesado que ellos mismos, que trabajan y viajan en subte todos los días, en tener un servicio que sea barato, seguro y eficiente.
Para esa pelea, en primer lugar, contamos con la fuerza y la organización de los propios trabajadores del subte. Como el Cuerpo de Delegados, ellos cada vez son más favorables a la restatización y esto es decisivo. A la vez, entre el público usuario crece el descontento y la oposición a que el servicio público siga hundiéndose en manos de buitres privados. Es decir, se empiezan a abrir mejores condiciones para pelear por recuperar el subte para el pueblo. Y en ningún lado está escrito que no podamos ganar.

Pablo Vasco


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