Hacia una nueva dirección democrática y combativa

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Un modelo sindical donde la base decida

El movimiento obrero ha entrado en escena y miles de luchadores en todos los gremios son el motor que impulsa la pelea. Nuevos activistas, delegados y hasta conducciones le ganan terreno a la burocracia. El argentinazo abrió la compuerta de este gran cambio: está surgiendo una nueva dirección en el movimiento obrero. Esta oportunidad histórica coloca el debate de qué modelo sindical debemos construir.

El estado transformó los sindicatos en sucursales del ministerio de trabajo del gobierno de turno y en agencias del PJ, creando una burocracia adicta que ha ejercido un fuerte control sobre la clase obrera. Décadas educando a los trabajadores en que las cosas “las solucionaban los dirigentes”. Leyes para regimentar la vida sindical y estatutos proscriptivos para evitar que la base se exprese. Para garantizar sus privilegios, desmovilizar y comprar dirigentes. Y cuando las normas no alcanzaban, apelaban a la intimidación de la “patota”. Pero el argentinazo aceleró la crisis del PJ y el desprestigio de la vieja burocracia marcando el principio de su fin. Hay que desalojarla y también el modelo sindical que implantaron, para recuperar las organizaciones y dar paso a un nuevo modelo donde impere la democracia obrera. Una batalla en curso en la clase obrera donde todavía está arraigado el viejo modelo burocrático. A tal punto que muchas veces sus vicios son reproducidos por sectores de las nuevas conducciones. Por ello existe un debate entre los luchadores: cómo debe ser este nuevo modelo.

Que la base decida todo

Todo debe resolverse por asamblea: las medidas de lucha, el pliego de reivindicaciones, los delegados paritarios. La base debe decidir y debemos asegurar que tenga la forma más libre y democrática de expresarse. Para ello, las asambleas deben ser masivas, representativas. Y si las circunstancias no lo permitieran, hay que apelar a la consulta de la mayoría de los trabajadores, mediante reuniones por sector o votación en urnas. Es lo que garantiza fuerza y unidad. De esa sana anarquía discutiendo en asamblea, confrontando libremente, va a salir la mejor línea de acción. Lo opuesto a la dictadura de los “cuerpos orgánicos” de la burocracia. En situaciones de conflicto las asambleas deben ser diarias, para informar, distribuir tareas y tomar resoluciones democráticamente, junto a otras formas de organización que expresen la combatividad de la base: comités de lucha o huelga para organizar a los activistas más consecuentes y ejecutar lo resuelto.

Unidad en la acción y la mayor democracia hacia adentro

Los cuerpos de delegados, internas y más aún las comisiones directivas, tienen que responder a las asambleas soberanas y sus mandatos. Garantizando la mayor unidad en la acción y al mismo tiempo la mayor discusión democrática entre los trabajadores. La unidad no se logra por decreto, ni silenciando diferencias o subordinando la base a los cuerpos de delegados o internas. Por ello es clave determinar cómo deben elegirse, integrarse y funcionar estos organismos. Estamos por cuerpos de delegados representativos de todos los trabajadores. Elegidos por sección donde voten todos, sean o no afiliados o efectivos. Los estatutos que imponen lista sábana no deben ser un impedimento; lo demuestra la experiencia del Astilleros Rio Santiago. Mientras se lucha por un estatuto democrático, las listas deben conformarse eligiendo delegados por sección. También las internas deben ser elegidas en asambleas y no por los delegados. Y contemplarse la proporcionalidad de todas las corrientes de opinión en los organismos sindicales de todos los niveles, incluyendo las burocráticas. Ni bien se gana un cuerpo de delegados, hay que llamar a todas las corrientes según la proporcionalidad que obtuvieron en la elección por la base, a integrarse. Asimismo debe haber plena libertad para la actividad política. Todas estas medidas garantizan la unidad de los trabajadores. Hay que combatir las tendencias burocráticas que la presión del viejo modelo desarrolla al interior de los organismos recuperados. Tendencias hacia el centralismo y no a la democracia obrera. La asamblea no debe ser una vía para “bajar la línea”. Como dirigentes, debemos asegurar que los trabajadores tomen ellos mismos las decisiones. Por ello, ante distintas posiciones en una CD o cuerpo de delegados deben ser llevadas a la base todas las posturas, no sólo las de mayoría. Que sea la base la que acepte o rechace tal o cual medida, la que ordene las prioridades, ubicaciones de los delegados, la que revoque a los dirigentes, etc. Los cuerpos de delegados deben funcionar con mandato de base. Es vital fomentar la coordinación de internas y delegados de una misma rama laboral, gremio o zona según las circunstancias, para reforzar la ayuda mutua. Esto cobra especial necesidad entre los sectores que luchan. Y apelando a otros sectores para reforzar la solidaridad. Son tareas de primer orden, muchas veces desdeñadas por quienes se conforman con “defender” lo conquistado y, por esa vía, debilitan el terreno ganado a la burocracia.

Evitar el surgimiento de una nueva burocracia

¿Cómo evitar que se burocraticen los nuevos dirigentes? Terminando con toda norma que facilite el surgimiento de dirigentes privilegiados. Los dirigentes con licencia deben ganar lo mismo que en su puesto de trabajo y volver a los dos años a trabajar. Con revocatoria de mandato cuando no cumplan o surja un compañero más representativo. Hay que luchar para que el estado y los partidos del sistema no tengan injerencia en las organizaciones obreras. Derogar la Ley de Asociaciones Profesionales y toda ley que pretenda reglamentar
la vida sindical. Los trabajadores deben organizar los sindicatos como quieran. Y se debe terminar con el cobro compulsivo de las cuotas sindicales por el patrón o el estado. Pero la garantía final para que no surja una nueva burocracia, es que prime la mayor democracia sindical, el control por la base. Logrando que cada vez mayores contingentes de trabajadores sean los garantes de estos principios y dando una batalla para que los luchadores sean sus más acérrimos defensores.

Guillermo Pacagnini
Secretario de Organización de la CICoP


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