La rebelión de los excluídos

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A pocos días de las elecciones el presidente Kirchner tuvo que atravesar dos tragos amargos. Uno, los incidentes en la estación de ferrocarril de la localidad de Haedo, donde cientos de pasajeros cansados de viajar como ganado, sin saber nunca cuando salen o llegan las formaciones, hicieron sentir su bronca. Dos el repudio popular que despertó la visita de George W. Bush a la Cumbre de las Américas en Mar del Plata. Con movilizaciones masivas que recorrieron todo el país.
Los incidentes de Haedo pusieron al desnudo el fracaso completo de las privatizaciones. Antes había sido el caso del servicio de agua corriente y cloacas ahora eran los trenes. Pero en este caso, la bronca puso blanco sobre negro que esto no va más.
Por otro lado, la Cumbre fue un fracaso para Kirchner. No logró que el presidente yanqui lo ayudará a conseguir el acuerdo con el FMI. Este naufragó. También fracasó Bush, ya que la declaración final no incluyó su reclamo central: poner fecha para que se reanudaran las negociaciones sobre el ALCA. Fueron golpes importantes para ambos.

La falta de acuerdo con el FMI obliga al gobierno argentino a seguir pagando puntualmente la deuda con ese organismo internacional. Esto pone en riesgo el presupuesto del 2006 ya que en este se contemplaba la refinanciación de 1.200 millones de dólares que deberán ser pagados al Fondo, como es su costumbre. Kirchner pataleará pero pagará. Provocando un ajuste mayor sobre los ingresos de los sectores populares.
A pesar de los esfuerzos de Kirchner por distanciarse del presidente yanqui, quedó en evidencia que lo trató como un huesped de honor.
Para congraciarse con Bush y aminorarle el costo de su derrota, Lula primero y Kirchner después, aseguraron “no estar en contra del ALCA, sino que todavía no es el momento”.

El pago de la deuda. Las exigencias del FMI y de Washington, seguirán fogoneando las peleas por salario y trabajo que sin solución de continuidad vienen dando los trabajadores y desocupados de nuestro país. La respuesta ya la vimos. En la medida que Kirchner no puede satisfacer las demandas sociales, recurre a la represión, la persecución y la difamación de los que luchan. Lo hizo con los trabajadores del Subte. Lo hizo con los usuarios del ferrocarril Sarmiento, lo hizo a propósito de los incidentes que se produjeron en Mar del Plata. El libreto del ministro del Interior, Aníbal Fernández fue el mismo. Le hecho la culpa a la izquierda y los que luchan y ordenó la represión.
Pero como venimos viendo en los últimos dos años esto no detendrá las luchas obreras y populares. La devaluación primero y la inflación ahora, se están comiendo el salario y los puestos de trabajo que se crean son precarios y no alcanzan para bajar la desocupación a los niveles previos a las privatizaciones.

Pero otro hecho está conmocionando al mundo. Es la rebelión de los hijos de los inmigrantes que viven en Francia. Miles de jóvenes en su mayoría adolescentes, se enfrentan noche a noche con la policía y las fuerzas represivas de Francia que intentan infructuosamente detener una rebelión que amenaza con sobrepasar las fronteras francesas y extenderse al resto de Europa. Alemania, Bélgica y Portugal fueron los primeros que sufrieron el efecto contagio. Pero el temor crece entre las clases poderosas de Italia y el resto del viejo continente.
Se trata de una rebelión de los excluidos. Jóvenes que no tienen nada o que lo están perdiendo todo. Sin trabajo, sin educación, sin sistema de salud, con recortes a los fondos que eran destinados a contener la situación, la bronca contenida ha hecho explosión. Enfrentan similares problemas a los que sufren cotidianamente el sector más humilde de nuestro pueblo. Mientras que los gobernantes contestan de la misma manera que los locales. El presidente Chirac declaró la situación de emergencia y su ministro del interior autorizó a los prefectos de las ciudades afectadas por la rebelión a imponer un toque de queda, que permite desde allanamientos sin orden judicial hasta detenciones completamente arbritarias. Y podría llegar hasta censurar o cerrar a la prensa. Y ahora exige la deportación de los inmigrantes tengan permiso de residencia.

Con todas las diferencias del caso hay puntos de contacto entre los reclamos de los trabajadores y el pueblo de nuestro país y los jóvenes hijos de los inmigrantes de Francia. Se trata de excluidos. De los sectores sociales que son obligados a soportar el peso de las políticas económicas de hambre y miseria.
Es nuestra primera tarea apoyar esas luchas y esos reclamos. Y en ese camino apostar y ayudar que se produzca un recambio de dirección en el movimiento obrero y popular que supere a las viejos dirigentes traidores.
Al tiempo que iniciamos un debate profundo y nos empeñamos en encontrar la forma de poner en pie una alternativa política de los de abajo, de izquierda, unitaria y amplia que sobre la base de un sólido programa político se postule para conducir al movimiento de masas hacia las urgentes soluciones de fondo que necesitan los sectores populares.


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