30 años: Memoria, verdad y justicia

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30 años: Memoria, verdad y justicia

El próximo 24 de marzo se van a cumplir 30 años de la última dictadura. Por su magnitud, este hecho señala un capítulo clave de nuestra historia moderna. A partir de allí y hasta la actualidad, entender la profundidad de los cambios provocados en el período que se inicia a partir de 1976 es fundamental para analizar la situación que vivimos y sus perspectivas.

El mundo de los ‘70 estaba cruzado por hechos que marcaban el pulso de las luchas que dan el marco al golpe de 1976. Un colosal ascenso mundial del movimiento de masas golpeaba duramente los planes del imperialismo yanqui. Por un lado, en Europa, por primera vez después de la Segunda Guerra Mundial se producía una rebelión enorme del movimiento obrero y estudiantil que liquidaba un régimen político en el corazón del continente: el Mayo Francés. En Checoslovaquia se daba una revolución política obrero-estudiantil contra el régimen stalinista, conocida como la Primavera de Praga. En México, luchas obreras y una rebelión estudiantil. Al mismo tiempo, otro hecho marcaría un hito: el imperialismo norteamericano era derrotado en Vietnam y por primera vez, el movimiento de masas veía la vulnerabilidad de EEUU. Esto alimentó en todo el mundo la movilización de los trabajadores y las masas explotadas. El imperio, entonces, se vio ante la necesidad de diseñar una contraofensiva para frenar el desborde y retomar el control de la situación.

Las dictaduras genocidas, instrumentos del imperialismo

La burguesía mundial planificó una nueva orientación para derrotar a los trabajadores y los pueblos en rebelión. América Latina y nuestro país eran un frente de preocupación de los yanquis. En Argentina, se había abierto un período de luchas ofensivas del movimiento obrero a partir del Cordobazo (1969) que acorraló a la burguesía y sus planes. La respuesta fue, primero intentar desviar las luchas con las elecciones y la vuelta de Perón. Muerto éste, el gobierno de Isabel y el siniestro ministro López Rega le da continuidad al plan trazado en complicidad con la dirigencia sindical: liquidar las conquistas obreras y ayudar al saqueo del país por el imperialismo. Sin embargo, la clase obrera desbordaba a sus dirigentes y los capitalistas comprendieron que tenían que jugar la última carta: derrotar a la clase obrera con un genocidio a escala nunca vista en el país.
Argentina fue parte de un ciclo sangriento que había comenzado Pinochet en Chile y también en otros países. La burguesía mundial necesitaba salir de la crisis en la que estaba el capitalismo con el saqueo organizado: la deuda externa, la liquidación de conquistas sociales, etc. Y todo eso no se podía hacer sin liquidar a los mejores luchadores de la clase obrera y los sectores populares. Llegó entonces la persecución, la tortura, el exilio obligado, el congelamiento de la actividad política y sindical. Lo que las bandas parapoliciales de las Tres A de López Rega habían hecho de forma selectiva, se institucionalizaba como política terrorista y genocida de Estado.

1982: Empieza la revolución

Después de Malvinas y tras una larga y heroica serie de luchas de resistencia que lentamente fueron acumulando fuerzas, finalmente se produce el estallido de masas, nacional y revolucionario que liquida al régimen genocida.
El rol abiertamente cobarde y humillante de los jefes militares en Malvinas fue la gota que rebalsó el vaso de la furia popular contenida. En junio de 1982, la Plaza de Mayo fue testigo de una de las primeras y más masivas movilizaciones después de años de repudio a Galtieri y la dictadura. A partir de allí la dictadura pasa a ser una cáscara vacía y su caída es cuestión de semanas.
Los cambios producidos desde entonces son de una significación muy profunda. Hasta ese momento, la burguesía y el imperialismo tenían en los golpes de estado un instrumento funcional. Cada vez que no alcanzaba con los radicales y peronistas para contener las luchas, antes de que los trabajadores rompieran con esas direcciones venía el golpe para reprimir y “salvar” de la debacle al bipartidismo y la burocracia sindical. La revolución democrática que echó a los militares en Argentina, y cuya lucha continúa hasta hoy por juicio y castigo, generó una situación inédita y altamente favorable a los de abajo: durante más de 20 años, las clases ricas no han podido apelar al golpe para frenar las luchas, ni salvar a “sus” partidos y dirigentes de que se hundieran en el desprestigio y el movimiento de masas los abandonara.
Por eso, fue posible un 19 y 20 de diciembre de 2001 triunfante, que inició una nueva fase del proceso revolucionario en nuestro país. Esta vez, contra el verso del bipartidismo y el conjunto de las instituciones de la democracia de los ricos y el FMI.

M. R.


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