A 30 años del golpe No perdonamos, no olvidamos no nos reconciliamos

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Memoria, verdad y justicia

Este 24 de marzo se cumplen 30 años desde que los militares intentaron hacer desaparecer el sueño de un país distinto, pero el proceso de sufrimiento, persecución, torturas, asesinatos y desapariciones fue la continuación de un plan pensado en tiempos “democráticos”.

Desde el Cordobazo, la Argentina del ’70 era un país en ebullición con obreros y estudiantes que recorrían el país intentando cambiarlo. El mundo no era diferente. El clamor revolucionario recorría con paso seguro el continente, mientras los sueños del Mayo Francés y la Primavera de Praga parecían convertirse en realidad.
El movimiento obrero salía a batallar contra el sistema que carcomía los cimientos de la humanidad mientras el imperialismo intentaba callar las voces de millones a lo largo del continente.

Una historia que comenzó antes

El plan que se consolidó el 24 de marzo comenzó a gestarse a finales de 1973 cuando la derecha comenzaba a cercar los procesos revolucionarios. Ese año, en América Latina se dan los golpes en Chile y Uruguay mientras que en nuestro país se funda la Triple A bajo el manto negro de López Rega. De esta manera, Perón auspicia las masacres de luchadores y activistas por doquier. Luego de la muerte del General los ministros de Isabel Perón, en 1975, legalizaron el terror abriendo las puertas al golpe al estampar sus firmas en los decretos de exterminio.
En el país, el gobierno de Isabel intentaba descabezar la conducción clasista que mantenía a las patronales y el gobierno en vilo. Desde Córdoba, Villa Constitución, Ledesma y casi todos los cordones industriales del país llegaban noticias de los procesos antiburocráticos que los trabajadores protagonizaban enfrentándose con las bandas fascistas que imponían la tristemente celebre moda de los falcón asesinos. Miles de trabajadores peleaban por aumento salarial y libertades democráticas en sus sindicatos mientras los estudiantes no daban respiro peleando contra la intervención en la universidad y todos pedían por la libertad de los centenares de presos políticos encarcelados.
Durante esos años el pueblo juega una dura pulseada con la derecha que preparaba el golpe lentamente viendo que era imposible frenar los ecos de los vientos revolucionarios.
Un golpe al movimiento obrero
El golpe militar no fue contra la guerrilla, que había dado pelea con sus métodos aislados y alejados de la clase obrera, porque ya estaba desarticulada. Habían fracasado en la selva tucumana y en Monte Chingolo habían protagonizado su última aventura mientras Montoneros, los soldados de Perón, se batían en retirada.
Desde el primer día la dictadura militar se dirige a terminar con el “trabajo” que había comenzado la Triple A y va contra el movimiento obrero que no daba el brazo a torcer. De esta manera intentan silenciar el sueño de una generación para crear el país que hoy sufrimos y contra el que peleamos. En este camino los militares, con la complicidad de empresarios, la iglesia y los partidos tradicionales redefinieron la palabra “desaparecido” instaurando el terror y prohibiendo las luchas.
Fueron 30.000 desaparecidos, centenares de niños que se convirtieron en el botín de guerra de los militares y un plan económico que todavía desangra a los argentinos.
En 1982 el régimen dictatorial comenzó a resquebrajarse, desde ese momento son miles los que batallamos contra la impunidad. Más tarde Alfonsín firmó la impunidad con las leyes del perdón luego de un juicio histórico y Menem indulto a los genocidas. Kirchner que se propagandiza como el rey de los derechos humanos e inventó museos muestra las técnicas mejoradas de la represión en Las Heras y mientras tanto, tres décadas después, no hay verdad ni justicia y las tareas pendientes son miles. Por eso, este 24 es más necesario que nunca que no bajemos los brazos y que todos nos hagamos presentes a las 17 hs en Plaza Dos Congresos para marchar hasta Plaza de Mayo. Y en todas las plazas del país.

Adriana Duprez



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