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¿No habíamos terminado con la deuda?


Escribe Mario Cafiero (Soberanía Popular)

Cuando en el mundo se libran guerras por el dominio de recursos energéticos -como en Irak y Afganistán-, en Argentina asistimos al saqueo ruin y silencioso de esos mismos recursos, como es el caso del gas natural.
Antes de la privatización de YPF nuestro país tenía garantizadas reservas energéticas; las de gas natural superaban los 30 años. Los últimos datos oficiales (2004) de la Secretaría de Energía informan que ahora solo quedan menos de 12 años de reservas.
Durante esos años no se construyó un solo metro de gasoducto para atender las necesidades de millones de argentinos que se abastecen de gas en garrafas, que es mucho más caro que el gas natural. Sin embargo en ese mismo período se construyeron 10 gasoductos internacionales: siete hacia Chile, dos a Uruguay y uno al Brasil. O sea, las reservas de gas no cayeron por aumento del consumo interno, sino por los negocios de exportación montados a partir de las privatizaciones. Exportamos una cantidad que equivale casi al 20% del consumo interno.
El balance de ese “negocio” ha sido extraordinariamente rentable para las empresas y a la vez catastróficamente ruinoso para Argentina.
Un primer dato llamativo es que el precio a que se exporta el gas a Chile y Uruguay es la mitad del precio que se cobra a Brasil: 1.7 y 3.2 dólares el millón de BTU respectivamente. ¿Por qué esa diferencia? La respuesta es que en Chile y en Uruguay las empresas que importan gas natural están vinculadas societaria y comercialmente a las exportadoras de gas de Argentina. O sea: se llevan el gas barato de nuestro país y hacen el negocio afuera. Las principales importadoras de gas argentino en Chile son MetroGas y Gas Atacama, vinculadas a Repsol; otras importantes son Colbún y Electroandina, ligadas a la francesa Total. En Uruguay importa Gaseba, vinculada a la Panamerican Energy.
Si en vez de exportar a Chile el gas tan barato se hubiera exportado al mismo precio que a Brasil, Argentina hubiera recibido en los últimos cinco años casi 2.800 millones de dólares adicionales.

Y cuando vuelvo de Chile…

Este gigantesco negociado sólo fue posible porque la privatización en nuestro país dejó en manos de un reducido grupo de empresas la producción, exportación y transporte del gas. Una investigación que hemos realizado de cada una de las áreas petroleras concesionadas revela que sólo ocho empresas acaparan el 92% de la producción de gas, siendo éstas a su vez las principales exportadoras.
Estamos ante un trust ilegal y semiinsti-tucionalizado que monopoliza las ruinosas exportaciones de gas argentino a Chile ante la vista y paciencia de las autoridades, que deberían impedirlo pero se apartan de la ley y permiten que se agote un recurso estratégico, escaso y no renovable.
La depredación de este valioso recurso queda hoy patentizada al haber aceptado el gobierno argentino pagar a Bolivia un precio de entre 5 y 6 dólares el millón de BTU por las futuras compras para satisfacer las necesidades internas, después de que dicho trust malvendió y malvende cuantiosas cantidades de gas a Chile a un quinto de ese valor.
Estos elementos deben contribuir a la concientización y reflexión de nuestro pueblo acerca de la necesidad de nacionalizar ya el petróleo y el gas argentinos.


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