Terminó el Mundial, se viene el…

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Superverso

El cabezazo del futbolista argelino-francés, Zidane al italiano Materazzi, fue sin dudas el hecho más comentado del Mundial que acaba de terminar. Y empezaron las especulaciones. Si Materazzi habló mal de la madre y la hermana de Zidane o si le dijo argelino de m…. El asunto es que después de la borrachera ante Serbia – Montenegro los argentinos volvimos lentamente a la resaca de la realidad que vivimos. El único consuelo que, dicen los comunicadores, nos queda del Mundial es que Elizondo fue un arbitro “justo”. Según los expertos: “se adaptó al reglamento”.
Eso, pero al revés, es lo que pretende hacer Kirchner con el tema de los superpoderes, adaptar el reglamento para poder usar discrecionalmente todos los fondos oficiales. Y los quiere para siempre. Una especie de cláusula gatillo de garantía para la corrupción, de por vida. Cada político que llegue a la presidencia podrá manejar a su antojo la plata de todos nosotros. Los políticos radicales, o de los otros partidos patronales se quejan en el Parlamento de este “abuso” de autoridad pero todos ellos gobernaron y cuando lo hicieron se aprovecharon de esta usurpación. Son demócratas de utilería.
Lanzado como está Kirchner a la carrera electoral para que un pingüino o pingüina ocupe la presidencia después de las elecciones del 2007, necesita de este mecanismo de corruptela para comprar políticos de los colores que sea para suplantar la falta de fuerza política organizada propia y confiable. El viejo PJ es como todos saben, un rejunte de fuerzas provinciales acaudilladas por punteros de la vieja política a la que el presidente dice combatir, y el radicalismo expulsa pedazos para todos los costados. Al mismo tiempo ni la derecha clásica ni la centroizquierda de origen radical como el ARI, pueden construir una alternativa que estabilice un sistema político que se parece más que nada a un castillo de naipes.
La incorporación de gobernadores e intendentes peronistas que hasta ayer no más eran duhaldistas o menemistas y de radicales que quieren reelegirse, sale caro. Lo mismo que los subsidios y las prebendas para los empresarios dueños de las privatizadas o las multinacionales. A los que defienden el proyecto aprobado en la noche del 12 de julio por el Senado se les nota la cara de piedra cuando dicen que lo necesitan para gobernar a favor del pueblo. Son cada vez menos los que compran esta mercadería de segunda.
La otra cara de la realidad es el aumento incesante de precios. El índice inflacionario bajo que aparece en las encuestas de los organismos oficiales no se nota en el mal humor creciente de la población. La carne volvió a aumentar un 9 por ciento en un solo día por ejemplo. Y los salarios están congelados, mientras más de tres millones de trabajadores tienen un empleo precario y otros tres siguen sin empleo ya sea de manera abierta o encubierta. Son los desaparecidos de las estadísticas del gobierno encontraron la forma de dibujar los números para bajar la desocupación y la pobreza cuando hay mas pobres y el empleo es un bien escaso y mal pagado.
Y el flagelo de la deuda externa sigue absorbiendo gran parte del superávit y las ganancias multimillonarias de los grandes grupos económicos alcanzan niveles siderales. Mientras tanto, el presidente se prepara junto a los gobernadores a recibir en una nueva Cumbre del MERCOSUR a un enviado del gobierno asesino Israelí que está masacrando a mansalva al pueblo palestino y que acaba de invadir El Líbano. Mientras para vergüenza de nuestra bandera siguen en suelo de Haití, las tropas del Ejercito Argentino, experta en mancharse las manos con sangre popular como siguen demostrando los juicios a los genocidas de la última dictadura que asoló a nuestro país.
Nos están dejando un país de caricatura o mejor dicho una caricatura de país, con perdón de ese magnífico arte que muestra la cara deformada de la realidad para que se vean sus rasgos más grotescos. Sin embargo en lo profundo de la geografía nacional se escuchan los movimientos que sacuden a América latina toda. Con altas y bajas, con flujos y reflujos como las mareas, se acumulan tensiones que van a llevar a nuevos terremotos sociales. Porque cambió el signo de los tiempos. Y hoy van para el lado de recuperar todo lo que nos quitaron. El petróleo, el gas, todos los recursos naturales y el patrimonio de generaciones enteras, amasado con el sudor y la sangre de nuestro pueblo trabajador.
Por eso se marcha contra el pago de deuda externa, y se organizan movimientos por la nacionalización de los recursos naturales, por eso se lucha por salarios y se exige que no se aplique la reforma educativa, que es nada más y nada menos que la privatización y el desmantelamiento de lo que queda de educación pública y gratuita. Por eso se ocupan viviendas terminadas y no adjudicadas. Y por eso se está gestando desde abajo, lentamente por ahora, un recambio en las direcciones sindicales y una profunda ruptura con las viejas conducciones políticas. La izquierda, si pretende ser parte de ese proceso, debe despojarse del dogmatismo sectario o del oportunismo seguidista que la ha caracterizado, y bucear en esos movimientos sociales y políticos para poner en pie una nueva alternativa. Una nueva izquierda de los trabajadores y los sectores populares que se prepare para ser el reemplazo de los viejos partidos patronales cuando se termine el tiempo del superverso.


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