Martínez de Hoz y Villa Constitución

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Recuerdos de una invasión

Más de tres décadas después vemos en los diarios el rostro del hombre que marcó nuestra vida en Villa Constitución. Luego de años de impunidad, ver a José Alfredo Martínez de Hoz sin la protección de los indultos nos obliga a recordar el horror al que nos condenó, pero al mismo tiempo nos llena de alegría la posibilidad de que se haga justicia.
Antes de que Martínez de Hoz se convirtiera en el ministro de economía de Videla, quienes trabajábamos en las plantas metalúrgicas de Villa Constitución, ya conocíamos su verdadero rostro. En sus manos, Villa Constitución había cambiado. El miedo se podía oler por doquier. Familias completas sufrían el flagelo del desempleo, muchos estaban presos y centenares habíamos partido al exilio externo o interno. Antes de 1976 ya habíamos sufrido la cárcel, la muerte, tortura y desaparición con la que se engendraría su plan económico que entregaría al país y sus empresas y consumiría en el hambre, el desempleo y la miseria a millones de habitantes.
En diciembre de 1974, los obreros de Acindar, Metcon y Marathon festejamos el triunfo de la lista Marrón pero el sueño de democracia sindical sólo duraría cuatro meses. En marzo del ’75 estábamos por sumergirnos en la antesala del infierno que preparaban Isabel Perón, la burocracia sindical y los directivos de las empresas.
Por aquellos tiempos Martínez de Hoz era presidente del directorio de la acería Acindar S.A. y fue uno de los impulsores del baño de sangre en el cordón industrial de la ribera del Paraná cuando, el 20 de marzo, policías federales, provinciales, gendarmes, miembros del ejército y de la Triple A invadieron Villa Constitución preparándose para imponer el terror en toda la zona. Aquella madrugada el cura párroco, Samuel Martino, festejaba haciendo sonar las campanas tapando los gritos de las personas torturadas. Más de 300 personas fueron detenidas y en los 60 días de resistencia decenas de compañeros fueron asesinados. Los obreros y nuestras familias dimos batalla.
Martínez de Hoz necesitaba una represión feroz y pagó por ella. Cada policía recibía 100 dólares por día en un país donde los sueldos no alcanzaban y gran parte de las familias tenían un ingreso que no superaba los 40 dólares mensuales. Habilitó el helipuerto y prestó automóviles para las cacerías humanas. Convirtió a Acindar en una fortaleza militar y a su albergue de solteros en el primer centro clandestino de detención del país.
Detrás de su fortuna se veía un tendal de muertos y torturados que no parecían ser suficientes. Una vez neutralizados los obreros combativos y ya siendo ministro, veríamos como, sin desparpajo, beneficiaba a sus socios habilitando prestamos y subsidios para Acindar. Por aquellos años su socio, Walter Klein, decía ante los diplomáticos norteamericanos “quédense tranquilos, todos los activistas gremiales de Villa Constitución ya están bajo tierra” (El Rosario de Galtieri y Feced; Juan Carlos del Frade).
En el ’75, Martínez de Hoz y sus socios convirtieron Villa Constitución en una postal anticipada de lo que sería la Argentina del proceso militar. Pisando el suelo ensangrentado y convertido en superministro, puso en marcha el modelo de país que tenemos hoy. Llevó adelante las medidas por las que el pueblo echó a Celestino Rodrigo y marcó las pautas económicas de las cuales ningún gobierno se alejó y que hoy sufrimos en carne propia como las privatizaciones y la flexibilización laboral.
Durante décadas nos negaron la justicia pero no entendieron que los muertos y sobrevivientes de aquella época más todas las víctimas de su política económica lo perseguirán hasta verlo en la cárcel.

Pepe Kalauz y Pacho Juárez
Miembros del Comité de Lucha en Villa Constitución en 1975


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