Panorama Político Los petroleros, la crisis con Irán, el mapa electoral…

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Kirchner en su Laberinto

El presidente no ha podido retomar la iniciativa política. Contesta de contragolpe. Sin recuperarse de traspiés anteriores, recibió ahora un duro revés provocado por los petroleros patagónicos. Vuelven con fuerza los cortes en Gualeguaychú, la crisis diplomática con Irán, muestra otra vez, el alineamiento incondicional del gobierno con el derrotado Bush y Estados Unidos. La oposición patronal alentada por el efecto Misiones intenta poner en pie una opción de centroderecha. El mal momento que Kirchner vivió en octubre pasado se prolonga en el tiempo. En la nueva coyuntura sigue el proceso de pérdida de las ilusiones en el presidente, van creciendo los conflictos sociales y la posibilidad de avanzar en la construcción de una nueva izquierda. Frente al presidente se abren caminos llenos de riesgos.

Los pocos habitantes nocturnos de la Casa Rosada (algunos Granaderos, policías de la Federal y de seguridad) se sorprendieron con la llegada, a las 5 de la mañana, de los ministros Aníbal Fernández y Julio De Vido. No recordaban nada parecido desde las jornadas de diciembre de 2001. Qué podía estar sucediendo, que fuera tan grave como para que esto ocurriera. Los trabajadores petroleros de la Patagonia estaban en huelga y un sector de ellos, los de Loma de la Lata en Neuquén, habían cerrado las válvulas del principal gasoducto del país. El madrugón de De Vido y Fernández a los que se sumó minutos después el ministro de Trabajo, Tomada, fue para resolver como parar la rebelión de los petroleros que amenazaba con dejar sin gas medio país y cortar el suministro a Chile y a Uruguay. Horas después, también muy temprano, llegó Kirchner, escuchó el informe de aquellos ministros y llamó a la de Economía, Felisa Miceli. Ésta, calculadora en mano, le explicó al presidente el costo financiero de ceder al reclamo obrero. No había remedio. Había que hacerlo, el conflicto se extendía, se endurecía y podía desencadenar una oleada de luchas de trabajadores que piden lo mismo. Las petroleras pusieron plata y el gobierno mandó una ley al Parlamento. Pero, al cierre de esta edición, el presidente no había abierto la boca en público. Ni siquiera en el acto conmemorativo de los ciento cinco años de la fundación de Caleta Olivia, uno de los corazones del conflicto. El silencio se ha vuelto una costumbre para él cuando no puede ensayar su doble discurso. Pero el que calla otorga y así se van derrumbando las ilusiones en Kirchner. En este caso todavía peor, habrá que esperar que siga el conflicto: ahora son los jerárquicos del petróleo y es posible que se extienda a otros sectores afectados por el mismo miserable impuesto. Kirchner eludió a los trabajadores petroleros que lo aguardaban en Caleta, pero no puede dejar de atender su reclamo. Este no es un hecho menor, por el contrario agrega con potencia un elemento que se esbozaba en los meses anteriores. Los obreros han vuelto a irrumpir con fuerza, y las luchas seguirán complicando el plan compartido del presidente con Moyano de mantener techos salariales.

El tiempo de la pérdida de las ilusiones

Los analistas políticos señalan la derrota electoral de Misiones como un punto de inflexión en el gobierno Kirchner. En realidad, ese momento empezó a tomar forma antes. Y tiene base en el doble discurso del presidente. La mentira tiene patas cortas, y las de Kirchner están quedando al desnudo. Presentó su gobierno como el de los derechos humanos, la nueva política y una versión ligth de lo nacional y popular.
Sin embargo la desaparición de Julio López abrió el camino para desnudar el verdadero rostro del gobierno. Un gobierno que no hizo nada para garantizar la seguridad de testigos claves en los juicios por genocidio, que no hace nada para encontrar a Julio con vida, y que no hace lo más mínimo para avanzar contra la impunidad. Dos medidas inmediatas le darían un enorme impulso a la lucha por la justicia contra los genocidas y ayudarían a encontrar a Julio: la anulación de los indultos y el encarcelamiento inmediato de todos aquellos que participaron en la dictadura. No toma estas medidas, se limita a descolgar cuadros o a hablarles a los nuevos oficiales de las fuerzas armadas instándolos a “no cargar con la mochila sangrienta del pasado” (Clarín 18-1-06). Como si fuera posible que esos oficiales dirigidos y formados por los genocidas renegaran de ese pasado por su sólo pedido. Estos hechos están quedando a las vista y son un pilar de la pérdida de las ilusiones. Cada vez le resulta más difícil aparecer como el gobierno de los derechos humanos.
La sociedad con los Moyano, Rovira, Tuta Muhamad, Curto y los centenares de dirigentes de los viejos partidos, que dispararon hechos escandalosos como los del Hospital Francés, San Vicente o las elecciones de Misiones prueban y así empiezan a verlo sectores del movimiento de masas, que de nueva política no tiene nada.
Por otra parte se recrudecen los cortes de ruta en Gualeguaychú, ahora claramente exigiéndole a Kirchner que cumpla su palabra de impedir que se instalen las papeleras que contaminarán el Río Uruguay. Sin creerle ya se han decidido por la acción directa y los cortes del puente seguirán por tiempo indeterminado y cada noche los vecinos decidirán como seguir la lucha. El presidente deberá esperar cada noche el resultado de la asamblea para que acompañe sus pesadillas.
La crisis diplomática por el amañado pedido de captura a un ex presidente iraní y otros funcionarios de carrera de la embajada de ese país en Argentina, con supuestas “pruebas” provistas por la CIA y el Mossad, vuelve a mostrar la sumisión de Kirchner a las principales políticas de Estados Unidos.
Los petroleros han abierto una nueva oleada de luchas de los trabajadores por recuperar algo del salario perdido. El anunciado paro del campo, la disparada de los precios y el desarrollo de la crisis energética llevan al terreno de una economía que sigue creciendo y que está al borde de alcanzar los niveles del año ’98, una disputa que se endurecerá por el reparto de la torta. Quizás sea en el terreno económico el próximo desengaño del movimiento de masas si es que el gobierno no puede controlar los niveles de inflación y detener la suba en el precio del pan o la carne. Puede que tal vez sea verdad lo que dijo la subsecretaria del Tesoro yanqui, hablando del crecimiento de la economía argentina, “es el rebote de un gato muerto” (The New York Times, 08-11-06).

La oposición del sistema se reacomoda

Las grandes patronales, las que están ganando plata como nunca antes según ellos mismos reconocen, percibiendo este cambio en la situación están tratando de poner en pie una o varias alternativas políticas burguesas. El ejemplo de Misiones, donde toda la “oposición” se juntó, es difícil de llevar adelante. Sin embargo, encabezados por Duhalde, el grupo El General y los dirigentes del PJ enfrentados a Kirchner, junto con el pedazo de la UCR que conduce Alfonsín, en una nueva versión del Pacto de Olivos, están buscando crear un espacio de centro derecha que una a Macri con Lava-gna (ambos declararon que habría que desalojar por la fuerza a los asambleístas de Gualeguaychú). Por otro lado, por primera vez en su carrera, Elisa Carrió llama a formar una coalición de centro izquierda que incluya al socialismo santafecino y otro pedacito del radicalismo. Quiere sumar a algunos religiosos, levantando la bandera de la reconciliación con el pasado que, por más que se lo adorne con palabras como “justicia”, significa impunidad.
Los traspiés de Kirchner; el fracaso de la trans-versalidad cuya última expresión es el despido de Luis D’Elía, luego del affaire Irán; el comienzo de la perdida de ilusiones del movimiento de masas y el golpe que recibió al quedarse sin algunos de sus principales socios políticos para jugarlos en distritos fundamentales como Buenos Aires, complican el panorama electoral del presidente. Sin que esté amenazada por ahora su reelección o en todo caso la elección de Cristina. Pero para las elecciones falta mucho tiempo y como dice una vieja frase: “en política, un mes puede ser lo más parecido a la eternidad”.

Crece el espacio a la izquierda

Ya desde antes las luchas obreras y populares llevaban a sectores de vanguardia a romper con el kichnerismo. Es la experiencia de los petroleros de Las Heras el año pasado, después de la brutal represión de la gendarmería enviada por el presidente a su propia provincia. Pero ese proceso, aunque todavía mediado por que no hay grandes convulsiones nacionales, se sigue desarrollando y se amplia. Tiene la forma del inicio de la pérdida de las ilusiones, y amplia el espacio a izquierda entre un sector importante del movimiento de masas. ¿Adónde miran aquellos que sacan la conclusión de que este no es el gobierno de los derechos humanos? ¿A quién pueden ver los que empiezan a tomar nota que de nueva política no tiene nada el gobierno de Kirchner? Los que repudian a Estados Unidos y rechazan el genocidio del Estado de Israel y defienden al pueblo iraní contra la agresión de la justicia argentina, la misma justicia corrupta que critican amplios sectores. En las luchas, cuando esos obreros y trabajadores decididos a conseguir lo que es de ellos, desbordando incluso a sus dirigentes burocráticos y kirchneristas, en dónde pueden encontrar una referencia si no es en la izquierda.
Por eso, es una responsabilidad de la izquierda encontrar los caminos que le den cabida a todos esos sectores que rompen con lo viejo. Es la izquierda la que tiene que romper con el sectarismo estéril. Es la izquierda que no debe dejarse tentar con el oportunismo de experiencias fracasadas como las del Frepaso. Es la izquierda la que debe construir junto a los luchadores, trabajadores, vecinos. Junto a los que luchan consecuentemente por los derechos humanos. Una nueva izquierda, abierta a personalidades, intelectuales y luchadores independientes, buscando una unidad entre ellos y la izquierda orgánica social y política. Al servicio de esta tarea es que están las precan-didaturas de los compañeros Patricia Walsh, Marcelo Parrilli y Vilma Ripoll.
Mientras tanto la realidad, que está poniendo al desnudo su doble discurso, obliga a Kirchner a debatirse en su laberinto.

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