Un nuevo presidente en Ecuador

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Asumió Rafael Correa

El triunfo electoral de Rafael Correa en las últimas elecciones ecuatorianas es otro capitulo que se abre en el proceso revolucionario de América Latina. Con un 57% de los votos, Correa, economista de 43 años, está subido en uno de los volcanes más activos del continente, que con sendas insurrecciones tiró abajo los gobiernos, ungidos por las urnas, de Bucaram, Mahuad y Lucio Gutiérrez.

El triunfo de Rafael Correa apoyado por los movimientos indígenas, campesinos, de la izquierda y sectores medios de importantes ciudades como Quito, sin contar con una estructura partidaria propia y sin presentar candidatos al parlamento, es un golpe más a las viejas estructuras políticas de los regímenes democrático burgueses de América Latina. Los sectores indígenas, obreros y populares de Ecuador van madurando en su conciencia antiimperialista y contra la vieja política de los partidos tradicionales ecuatorianos, como resultado de una década de movilizaciones revolucionarias.
Que fue sumiendo a las instituciones del régimen democrático burgués en un profundo desprestigio al punto tal que una de las principales medidas anunciadas por Correa es una Asamblea Constituyente.
Correa asume con apoyo pero sin un cheque en blanco: por un lado está un pueblo incansable que se llevó tres gobiernos por delante y por el otro una burguesía ecuatoriana que no va a sentarse a ver como podría perder más poder y va a defender sus intereses económicos.

Los anuncios de Correa

En los días siguientes a la toma del cargo, Correa no descansó. Solicitó al tribunal electoral la convocatoria a una asamblea constituyente y redujo a 35 salarios básicos los sueldos de todos los funcionarios públicos incluido el presidente. Asimismo firmó un acuerdo con Venezuela para construir una planta refinadora de petróleo. “Es inconcebible lo que pasa en Ecuador con el petróleo. Es como un campesino que produce choclo y le compra humita a otros” dijo en un discurso. Estas medidas y otros anuncios, como la no renovación de la utilización de la base militar norteamericana en la isla de Manta en el 2009, están despertando simpatía en su país y seguido con expectativas por sectores luchadores del continente. Sus antecedentes en favor de comunidades originarias en su juventud, la ceremonia de asunción con ritos indígenas y sus declaraciones contra el ALCA y el financiamiento externo, abren expectativas. Sin embargo su objeción al modelo neoliberal se contradice con seguir manteniendo la economía dolarizada. Y, aunque puedan provocarse roces con sectores empresariales y el imperialismo, no se avizora un plan económico de ruptura con el capitalismo. De hecho su programa es financiar la deuda externa “con el asesoramiento del gobierno argentino” y no repudiarla como una estafa.
Seguramente el pueblo ecuatoriano va a seguir reclamando porque Correa cumpla con sus promesas y por mejorar su nivel de vida. Y la burguesía y el imperialismo, si bien no están en una relación de fuerzas favorables, van a intentar retomar la ofensiva provocando nuevos enfrentamientos. Que colocarán la necesidad de medidas de fondo que por ahora brillan por su ausencia.

¿Un cambio de época?

“América latina está viviendo un verdadero cambio de época. Vientos totalmente nuevos soplan en la región. Está superando y derrotando definitivamente a la larga y triste noche neoliberal” La Nación, 15/12/2006. Para Correa esto sería un cambio de época pero los cambios propuestos no parecen apuntar a un cambio realmente profundo y de raíz que merezca llamarse así sino más bien a reciclar, con otros planes, la alicaída economía capitalista.
No podemos anticipar si Rafael Correa podrá consolidar un gobierno estable en los próximos meses. El pueblo ecuatoriano dio muestras de su capacidad de lucha y exige resolver los problemas que son más urgentes y Correa no puede seguir con el modelo anterior porque esto significaría que podría salir por la misma puerta de salida que sus predecesores.
La línea del Ecuador divide los dos hemisferios de la tierra, el norte y el sur, y Rafael Correa camina por una línea similar intentando hacer concesiones al pueblo sin tomar medidas de fondo contra la burguesía. Pero cuando hay hambre no se puede estar por mucho tiempo con un pie en el norte y otro en el sur. Los márgenes de maniobra pueden durar un tiempo breve o más duradero, pero no podrá ev itar el enfrentamiento permanente a la que nos tiene acostumbrado el imperialismo y sus lacayos. Es por esto que no hay salidas intermedias donde no se es “ni chicha ni limonada”, ó el modelo es de ruptura con la burguesía y el imperialismo, ó estos últimos, tarde o temprano, nos llevan por un mundo capitalista de explotación y miseria.
El gobierno de Correa se incorpora como un nuevo protagonista en un sub-continente latinoamericano convulsionado por la lucha de clases.

Fabio Marucci


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