Panorama Político El asesinato del maestro Carlos Fuentealba

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La Semana Santa de Kirchner

El contraste fue brutal. Tan brutal como el asesinato del maestro. Un contraste a tres puntas. De un lado el repudio generalizado en todo el país, del otro, el silencio absoluto de Kirchner. Y en un tercer vértice las declaraciones de Sobisch, el gobernador de Neuquén, repitiendo que volvería a hacer lo que hizo. La contundencia del paro y las movilizaciones en todo el país en repudio al asesinato de Carlos Fuentealba abren una nueva perspectiva política. Ni el gobierno ni la oposición patronal quedaron a salvo. Sobisch es un cadáver político al que hay que terminar de echar, y la suave pendiente por la que venía deslizándose el gobierno de Kirchner se pronuncia dramáticamente. Y se hace visible parte de lo nuevo que está creciendo desde el pie en el país del Argentinazo, las nuevas direcciones de los trabajadores. Pero esta situación no termina aquí, sino que tambalea todo el entramado del viejo poder. Con altos y bajos nuevos hecho cruzarán este año clave.

El asesinato del maestro fue en Neuquén, pero podría haber sido en Santa Cruz o en Salta. Porque no es sólo un problema degobernadores de derecha o centroizquierda. Sobisch forma parte de una estirpe maldita por el Argentinazo, la de los gerentes de los grandes grupos económicos locales y extranjeros. Es un representante de la derecha más rancia y gorila, la que aplaude en privado, y cuando puede en público, el genocidio de la dictadura. La derecha de los Macri y compañía, la que dice desde sus bancas, sus programas de televisión o sus columnas en los diarios que es lo mismo un maestro asesinado por la policía que el corte de una ruta. Pero el “progresista” Kirchner militarizó su provincia, llenando de Gendarmería y Prefectura todas las escuelas. Incluso los Jardines de Infantes, para aplicar la maniobra orquestada junto con su ministro Filmus de una aumento salarial trucho, para utilizarlo electoralmente. Los dos tienen a su servicio a la patota policial y a las fuerzas de seguridad. Unas fuerzas de seguridad llena de represores y criminales como el asesino de Carlos Fuentealba, que nunca fueron depuradas, porque no hay voluntad política de hacerlo. Es más todos los gobiernos han garantizado mantenerlos en sus cargos, no hay que estudiar legajo por legajo, hay que darles de baja y enjuiciarlos a todos.

Con la educación no se jode

Los ojos marrón profundo de los chicos de Villa Cartón, que marcharon el lunes 9 desde el obelisco para repudiar el asesinato del maestro Carlos Fuentealba, lo dicen todo. Deben ser idénticos a los de los pibes de Neuquén, Santa Cruz, Salta, Córdoba, Rosario, Mendoza, Tucumán, Bariloche, Caleta Olivia, Santiago del Estero y el resto del país. Gritan el asombro y la angustia por el asesinato del maestro. Porque el tiro que mató a Fuentealba estaba destinado a lastimar todavía más la educación de esos pibes y el sueño de un futuro para ellos que maduran sus padres y maestros. Esa es la responsabilidad que asumió Sobisch cuando dijo por televisión que volvería a dar las órdenes que llevaron al asesinato. Sin dudas lo volvería a hacer, si pudiera. Ya el año pasado mandó una patota de punteros del MPN a golpear otra manifestación de maestros dejando un área liberada. Hace diez años la misma maldita policía neuquina asesinó a Teresa Rodríguez. La diferencia es que Sobisch ya no podrá hacerlo.
Cuando reprimen a un maestro, lo que hacen es seguir profundizando la destrucción de la educación. Por eso el país se puso de pie este lunes 9, los centenares de miles que se movilizaron y los millones que acompañaron con su repudio al asesinato del maestro, dieron una lección de dignidad.

Kirchner y el silencio de los culpables

¿Por qué Kichner esperó para hablar hasta el lunes 9, unas horas después de las movilizaciones en todo el país? Es por lo mismo que se cayó la boca los primeros días de la desaparición de Jorge Julio López.
Por haber sido uno de los políticos tradicionales que mejor leyó el Argentinazo, sabe que debajo de una calma aparente y relativa, hierve la fuerza social que volteó a De La Rúa, y que cada tanto amenaza con salir a la superficie. Esta vez pasó de la amenaza y fue más lejos que en los últimos años. Es como la lava de los volcanes que puede estar decenas de años inactiva pero que cuando se pone en movimiento hay que esperar que continúe.
Su empecinamiento en anunciar sólo “buenas noticias” inventadas o tratar de disfrazar las malas con el manto del doble discurso tiene esta misma razón. No es sólo un problema de carácter, es un problema de política. En el terreno económico, cualquier mala noticia, como por ejemplo los índices de inflación, terminan con el gobierno pretendiendo asesinar al cartero. Es eso lo que hizo con el INDEC, interviniéndolo y liquidando la confianza en un Instituto que tiene que seguir la evolución de las estadísticas que cualquier país relativamente civilizado necesita tener. Lo mismo ocurre con el conflicto social. Él mandó la gendarmería a su provincia, Santa Cruz, llegando al colmo de militarizar los jardines de infantes. Y cuando no tiene salida habla como si no fuera presidente. Exige la aparición de López, critica a la justicia por lenta, y ahora el colmo, dice que el asesinato de Carlos fue un “fusilamiento” tomando las palabras de la esposa del profesor, para eludir su responsabilidad como presidente. Completó así el cinismo de un ministro del Interior que no tiene “nada que ver” con lo que pasa en las provincias, aunque ahora dice que si Neuquén le pide la Gendarmería, la manda. O de su ministro de Educación y candidato a Jefe de Gobierno porteño que se lava las manos por el asesinato de un maestro que lucha por salario y encima tiene el tupé de decir que hay que exigir justicia.
El problema del presidente es que los trabajadores, los sectores populares, el movimiento de masas no son tontos. Pueden estar ilusionados, pueden ser engañados por un tiempo. Pero está probado que cuanto más grande es la mentira que dicen desde arriba, más grande es el golpe que viene de abajo. El silencio de Kirchner es el silencio de la culpa. Sabe que hablando en caliente puede meter la pata, por eso espera a medir el “humor social” para decir palabras parecidas a las que, él supone, quiere escuchar la población. Por eso, Kirchner, se esconde, se queda mudo, se calla la boca… para seguir engañando

La CTERA tuvo que dejar de mirar para otro lado

“El límite es la muerte” dijo Hugo Yaski dirigente de la CTERA y la CTA. Pero esa muerte, la de Carlos Fuentealba se podría haber evitado, si el gremio nacional de los maestros no los hubiera dejado solos. Si en vez de acordar con Filmus un piso salarial ficticio y una ley de educación que destruye la escuela, cuando los maestros de las provincias salieron a pelear, los hubiesen acompañado con medidas concretas, con un plan de lucha, es muy probable que no se hubiera llegado al asesinato de Carlos.
Pero tuvieron que llamar al paro nacional porque no les quedaba más remedio. Aun hoy no han convocado a un plan de lucha para que paguen todos los responsables políticos y materiales del asesinato del maestro. Estos dirigentes miran para otro lado y reaccionan cuando se ven acorralados por la bronca de sus “representados”.

Los conflictos se endurecen porque quieren derrotar las nuevas direcciones

Desde Santa Cruz, Neuquén (sobre todo en Neuquén Capital), Salta, de distintas maneras y con diferentes tradiciones y estilos se viene poniendo en pie una nueva dirección de los maestros. Lo mismo que sucede en muchos otros sectores de trabajadores. Antes fueron el cuerpo de delegados del Subte entre muchos otros. Pero en este caso es una nueva dirección que tiene en común, en el caso de Neuquén y Santa Cruz, que se apoya en las decisiones de asambleas. Y que en Salta es una lucha autoconvocada sin responder a ninguna dirección sindical. El triunfo de los conflictos conducidos por estos dirigentes atentan contra la vieja burocracia sindical aliada a los gobiernos. Por eso los gobiernos no quieren negociar con ellos, quieren derrotarlos, borrarlos de la faz de la tierra. Es por eso que Kirchner se niega a hablar con los dirigentes de ADOSAC, por lo mismo que Romero, en Salta, negocia con las conducciones de gremios que no representan a nadie. Por eso mismo Sobisch le dice a ATEN, “es mi propuesta o ninguna”. Estas nuevas conducciones han dado un paso muy importante, tenemos que apoyarlos con todo para que puedan avanzar en la enorme tarea de dale a los trabajadores una dirección democrática, consecuente y combativa. Al tiempo que ponemos todo nuestro esfuerzo para que esas las luchas triunfen.

Turbulencias en el año electoral

Aunque todavía es muy pronto para precisarlo, los hechos de esta Semana Santa van a modificar el panorama político electoral. La primera gran prueba será la elección de la Ciudad de Buenos Aires. Aquí se probarán el ahora ex socio de Sobisch, Macri, el ministro candidato Filmus y el candidato “sorpresa” de Carrió, Telerman.
Sin embargo, el impacto de las luchas va dejando al desnudo el doble discurso del gobierno y papel pusilánime o directamente cómplice de la oposición. Por eso crece el espacio que la izquierda puede disputar. De la misma manera que el MST apoya el surgimiento de una nueva dirección de los trabajadores, impulsa la pelea por una nueva izquierda. Sin sectarismos, amplia, donde se pueda trabajar con puntos de vista distintos siempre en función de aportar propuestas para los trabajadores y el pueblo. Una nueva izquierda que dispute, que no se confunda con el oportunismo que sigue apostando a experiencias fracasadas como el Frepaso.
Esa pelea está abierta y es un paso fundamental para poner en pie una alternativa a la vieja política.
En medio de la pelea electoral el camino por las enormes movilizaciones del lunes 9 de abril seguirá expresándose. Se profundizará la crisis de las viejas estructuras políticas, y la pendiente del presidente. Así como hace 20 años para esta misma fecha, empezaba el declive de Alfonsín, por haberle capitulado a los carapintadas, estas Pascuas serán recordadas como la Semana Santa de Kirchner.


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