9 de Julio de 1816

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La primera Independencia

Este año se celebra el 191 aniversario de la Declaración de la Independencia de nuestro país. Es un hito histórico que tenía como antecedentes un proceso que tiene como hechos destacados el triunfo ante las invasiones inglesas en 1806 y 1807 y la Revolución de Mayo de 1810.

Estos acontecimientos nacionales se dan en el marco internacional de la Revolución americana del 4 de julio de 1776 y la revolución francesa de 1789 y el imperio napoleónico posterior.
Estados Unidos dicta su constitución en 1787 y el 26 de agosto de 1789 Francia hace su Declaración de los Derechos del Hombre.
En ambos procesos se da una revolución democrática que en Francia derrota a la monarquía y en EEUU rompe con Inglaterra, constituyéndose en un país independiente. Tanto en uno como en otro país se defiende los derechos de los ciudadanos y se reivindica la autonomía en las decisiones de los países y los hombres.
En los dos casos se expresan el surgimiento de la burguesía, la decadencia de la monarquía y el fin de las influencias feudales.

El contagio de la Revolución Francesa

Estas ideas renovadoras que circulan en Francia e Inglaterra se expanden entre los patriotas y también en el resto de Europa como la propia España.
Aunque patriotas como Belgrano y también San Martín se inclinaban por una monarquía constitucional, ungiendo a un Inca como Rey y aun en la propia declaración de la independencia de 1816 no se resuelve la forma de gobierno definitiva dejando abierta esta posibilidad, los acontecimientos fueron llevando a la Constitución de un país moderno y democrático que termina expresándose en la Constitución de Santa Fe en 1853 diseñada por Alberdi.
Es imposible sintetizar aquí la riqueza del movimiento, sus contradicciones, triunfos y derrotas que demandó este proceso emancipatorio.
Una cosa es segura no fue un proceso ni fácil ni lineal, tanto por los cambios internos que incluían enfrentamientos armados entre distintos sectores y fracciones, derrotas militares frente a los españoles que parecían definitivas, vacilaciones con las idas y vueltas de una débil burguesa nacional, estancieros y comerciantes exportadores o importadores portuarios, como por los acontecimientos internacionales.
Jugaron en forma combinada procesos como la derrota de Napoleón en Waterloo, la reasunción del Poder de Fernando VII y la Restauración monárquica en toda Europa que vio con odio y desprecio a todos los movimientos revolucionarios eman-cipatorios anticoloniales, anticlericales y antimonárquicos.

Una época de cambios y duras batallas

Fueron años de cambios vertiginosos, donde nada estaba asegurado de antemano. Cambios donde participó no sólo la elite dirigente de burgueses o estancieros, abogados, burócratas, curas, comerciantes españoles, criollos o militares que hacían la historia, sino el pueblo todo.
Se sumaron artesanos, peones de campo, gauchos, esclavos que adquirían el derecho a ser libres por su participación en el ejército, mulatos e indios.
Cambios que iban de la derrota aplastante del Ejército del Norte en 1815 en Sipe Sipe en la –ultima campaña por tierra al Alto Perú, actual Bolivia, comandada por José Rondeau, al protagonismo de Güemes que resiste con indígenas y mestizos malamente armados desde Salta deteniendo las fuerzas realistas hacia el sur.
A lo que se suma la insurrección de Artigas desde el Uruguay contra el Directorio y las derrotas de las fuerzas patriotas en Chile y los fracasos en Venezuela. Allí una expedición de 10.000 hombres enviada por Fernando VII al mando del general Pablo Morillo se apoderó de Caracas y Cartagena. Y en ese marco, la creación del Ejército de los Andes (1815-1816) por San Martín, que formó este ejército en Mendoza para cruzar Los Andes y recuperar Chile del poder realista y llegar a Perú, centro del poderío hispano en Sudamérica. Para eso fue nombrado por el Director Posadas gobernador intendente de Cuyo (con jurisdicción sobre las actuales provincias de Mendoza, San Juan y San Luís) el 10 de agosto de 1814. En 1817 este ejército de Los Andes cuenta con 4000 soldados.

El Congreso de Tucumán

Triunfos, derrotas, vacilaciones en la clase dirigente que mantiene canales de negociación con España, Inglaterra y Portugal. Convencimiento y lealtad de los San Martín, Belgrano y los miles y miles de soldados que dieron su vida en esta causa por la libertad contra el poder absolutista español, contra las influencias de ingleses o portugueses. Fue un largo y contradictorio camino que conduce finalmente al 9 de Julio de 1816 donde se declara la Independencia.
El Congreso de las Provincias Unidas, finalmente fue convocado por Álvarez Thomas, el que inauguró sus sesiones en Tucumán el 24 de marzo de 1816. Había representantes de todas las provincias argentinas, salvo los de Santa Fe, Corrientes, Entre Ríos y la Banda Oriental. Córdoba dudosa, optó al fin enviar sus diputados. También había representantes del Alto Perú, Charcas, Cochabamba, Tupiza y Mizque.
“Este Congreso se reunía en uno de los momentos más difíciles de la Revolución. Los españoles dominaban el Alto Perú y Chile, el ejército del Norte estaba anarquizado, Artigas dominaba una cuarta parte de la nación, los conatos subversivos se habían extendido a Santiago del Estero y La Rioja, Díaz Vélez había sublevado el Ejército de Observación, España amenazaba con una expedición militar poderosa, comenzaban a llegar los primeros rumores de una posible invasión portuguesa y, caído Napoleón, los monarcas europeos se unían en una afirmación de legitimismo dinástico y restauración absolutista… (Carlos A. Floria, César García Belsunce, Historia de los Argentinos, Tomo I).

“Una nación libre y soberana”

El acta de la independencia se dirige a las Provincias Unidas en Sud América. Fue dirigida con la presidencia de Francisco Laprida diputado por San Juan, con el pueblo que llenaba las galerías y adyacencias de la sala de Debates.
Entre otras cosas esta Declaración afirma: “Declaramos solemnemente a la faz de la tierra que es voluntad unánime e indubitable de estas Provincias romper los violentos vínculos que las ligaban a los reyes de España, recuperar los derechos de que fueran despojadas, e investirse del alto carácter de nación libre e independiente del Rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli”…
Ante la inminencia de una invasión portuguesa, a la fórmula del juramento –realizado el 21 de julio- a “independiente del Rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli” se agregó la expresión “y de toda dominación extranjera”. La independencia nacional se concretó el 9 de julio de 1816. Esta declaración se dirige no sólo a las provincias del Río de la Plata, sino de Sud América, hacia el resto del continente.
Los años por venir mostraron que las vacilaciones y debilidades de la burguesía nacional no fueron consecuentes con este gran paso adelante que dio el país en su búsqueda de independencia. Que libres de la sumisión a España, permitieron las influencias económicas y políticas de los ingleses primero y los Estados Unidos después, transformándonos en una semicolonia, hoy de los EE.UU.

La vigencia del sueño de San Martín y Bolívar

La contradicción que existió entre las acciones coordinadas militares en toda Sud América, Argentina, Chile, Perú, Venezuela no plasmaron por la incapacidad política de la clase dirigente en ese sueño de gran país que uniera Sud América como lo soñaron San Martín y Bolívar.
Queda como una tarea pendiente el logro de ese viejo sueño. Y para ello la necesidad de una segunda independencia que nos libre del yugo de la fraudulenta deuda externa, de los pactos que nos subsumen al imperialismo norteamericano, de sus políticas e intromisiones que afectan la vida del país con sus políticas de hambre y miseria como la obligación de intervenir militarmente en Haití.
Esta tarea no podrá ser encarada por la burguesía de los distintos países por más que ensayen algunos discursos “antiimperialistas” como Lula o Kirchner. En otro tiempo y otro contexto, serán los millones de oprimidos, los trabajadores, los campesinos pobres, la clase media en crisis, los desocupados, el pueblo en definitiva el que tendrá que tomar en sus manos esta tarea. Y los ejemplos heroicos de todos los patriotas que lucharon, de los grandes como San Martín y esos soldados anónimos de ayer, nos servirán de guía y ejemplo.

Chino Moya


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