Falleció Ernesto González

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Un recuerdo desde la tradición

El 16 de julio por la noche murió en Pehuajó Ernesto González, dirigente histórico de la corriente morenista, de la cual el MST se reivindica parte.
En esta página lo despiden dos compañeros que compartieron años de militancia con él.


Escribe Mario Doglio

Como siempre, escribir estas notas es sumamente difícil. Sobre todo, teniendo en cuenta que tengo que escribir sobre compañeros con los que compartí largos años de militancia.
Me parece que la mejor manera de reivindicar a Ernesto -que fue, compañero y amigo de Nahuel Moreno- es dentro del marco de la tradición de nuestra corriente.
A lo largo de todos estos años, tuvimos muchos aciertos y errores. Nuestra corriente se caracterizó por innumerables discusiones que a veces nos unieron y otras nos separaron. Pero más allá de las diferencias que nos distanciaron durante el último período, Ernesto debe ser reivindicado como un revolucionario cabal.

La confianza en la clase obrera

En los años posteriores a la Revolución Libertadora del ’55 me acercaron al Partido. Por aquel entonces yo era estudiante en la universidad de La Plata donde Ernesto ya se había recibido de profesor de historia.
Para abreviar, quiero comenzar diciendo que, Moreno, Bengochea y Gonzáles, además de hacernos entender a Marx y Hegel, lograron que comprendiéramos la importancia de trabajar en y para la clase obrera. Por aquel entonces, la idea política dominante era el peronismo que, unido, resistía a la Revolución Fusiladora aglutinado, principalmente, por la burocracia sindical.
Ernesto, nos daba el ejemplo y trabajaba de obrero en el frigorífico. Los que lo ayudábamos con el trabajo político desde afuera tuvimos que acostumbrarnos a dialogar con obreros peronistas, de los de esa época.
Por eso, hay que tener claro que nuestra corriente se formó pegada al movimiento de masas de esos tiempos. Aquellas, eran las épocas de Palabra Obrera, de su periódico, de sus volantes, para mí, la época del Activista de la Carne en Berisso. Allí se desarrollaba su militancia cotidiana por construir un Partido obrero revolucionario.
Creo que de esa época y de sus principales protagonistas, muchos de nosotros, heredamos la pasión por los equipos y los organismos del partido y nos apasionamos, también, por lograr que los obreros entendieran la necesidad de pelear para poder lograr la autentica democracia sindical y conquistar su independencia política.

Los debates del ‘70

Recordar a Ernesto significa no detenernos mucho en cada obstáculo, pero sí señalarlos porque se nos fue la vida tratando de sortearlos y son ellos los que templaron a la generación de revolucionarios de la que él era parte. Fueron esas peleas las que alimentaron la tradición de nuestro partido.
Después del peronismo, los compañeros más jóvenes tienen que recordar que hubo otro escollo que nos obligó a dar un esfuerzo denodado por reconstruir el camino de respetar el desarrollo de la clase obrera en su lucha por su independencia política. Era necesario dar los debates para que no confiaran en los atajos del guerrillerismo surgido al calor de la revolución cubana. La discusión con Bengochea, ganado por el castrismo, fue la primera gran controversia interna por seguir fieles a la clase obrera y Ernesto fue uno de los que la dio.
Todo parece simple, pero fue muy duro. A pesar de que la vida y la militancia, nos separaron; Ernesto nunca dejó de ser el compañero que, después de Moreno, me abrió la senda del trabajo internacional, la del estudio y los cursos. Con gran sencillez criticó, en ese tiempo, mi manera de darlos y tal vez no estaba equivocado. Esa circunstancia, en lugar de alejarnos, nos acercó tanto como nos habían acercado sus críticas sobre los trabajos internacionales que yo pretendía hacer.
Años después y desde su actividad en Tucumán logró acercar a Roberto Santucho y se conformó la unión FRIP-Palabra Obrera. Sin embargo, este nuevo esfuerzo nos llevó a una nueva división que fue la ruptura del PRT entre La Verdad y El Combatiente. En ese momento, perdimos regionales enteras y compañeros obreros muy valiosos que abandonaron sus fábricas para dedicarse a la lucha armada. De nuevo tuvimos que estrechar filas, hacer autocríticas y morder rabia para continuar construyendo el Partido y la Internacional.
Ya formado el PST y cuando ocurrió la masacre de La Plata en 1975, Ernesto dijo en su discurso de despedida a los compañeros asesinados que los sectores guerrilleros conciente o inconscientemente despreciaban a las propias masas. “…Nosotros denunciamos este método que favorece a la burguesía y a la reacción… aún en esta hora de dolor e indignación seguiremos fieles al movimiento obrero luchando contra las direcciones sindicales que lo frenan… y contra la guerrilla elitista que lo confunde y contribuye a provocar su desmovilización…” Este no es el único párrafo que habría que citar y, tal vez, me equivoqué al elegirlo, pero aquellas palabras reflejan nuestro compromiso con las masas y los escollos a los que nos enfrentábamos los militantes del Partido y la clase obrera.

El aporte de Ernesto

Cuando ocurrió el último golpe militar, yo estaba afuera del país. Ernesto tuvo que aguantar adentro hasta que fue a acompañar a Moreno en su exilio. Esa fue otra de las dificultades que tuvimos para poder construir equipos de dirección capaces de enfrentar la nueva realidad.
Cuando volvimos, unos antes, otros más tarde, con nuestra carga personal de aciertos, frustraciones y amarguras nos abocamos otra vez a tratar de darle una herramienta de lucha política a la clase obrera. Así nació el MAS.
Y, otra vez un camino interrumpido. Desde la ruptura del MAS, muy poco tiempo después de la muerte de Moreno, tomamos sendas diferentes. Más allá de eso, él debe ser reivindicado por su intento de hacer la historia de nuestra corriente. Los “libros de Ernesto” son un aporte importante. Él logró llevar esa reivindicación de nuestra historia hasta donde ha llegado. Entonces, nos obliga, pensando en los jóvenes que nos acompañan, a continuarla y comprometernos a difundirla.
Por último quiero aclarar que quise reflejar en este homenaje a un hombre, un camarada, como nos gusta decir a los de la vieja guardia, los rasgos más distintivos de nuestra corriente y las batallas políticas en las que nos formamos los militantes de aquella generación.


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