Banco del Sur

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¿Un nuevo FMI para Latinoamérica?

Si bien fue lanzada hace tiempo por Hugo Chávez, la iniciativa del Banco del Sur tomó cuerpo en la propia asunción del cargo de la presidenta Cristina de Kirchner. El proyecto incluye a los países de Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, Paraguay, Uruguay y Venezuela, y según sus fundadores serviría para dar créditos para el desarrollo de Sudamérica. ¿De qué se trata el Banco del Sur? ¿Traerá efectivamente beneficios para los pueblos de la región?

En los últimos 30 años, seguir las recetas del FMI hundió a Latinoamérica en la más profunda crisis de su historia. El endeudamiento se hizo insoportable para las economías nacionales. Al FMI, BID y otros organismos se les devolvió entre 3 y 4 veces la plata prestada y sin embargo seguimos debiendo el doble de la deuda inicial. Todo el pueblo argentino conoce de sobra esta historia. La deuda de nuestro país y demás países de América Latina, la contrajeron los gobiernos en beneficio de los grandes grupos empresarios. Pero es pagada con el hambre y las penurias de los trabajadores y el pueblo. Por esta razón el FMI está totalmente desprestigiado y más del 70% de la población lo rechaza o ve con malos ojos.
Hoy, con el recuerdo fresco del Argentinazo, de los levantamientos en Bolivia o los intentos golpistas yanquis en Venezuela, a ninguno de los gobernantes de la región se le ocurriría volver a requerir los “servicios” del FMI, por miedo al rechazo masivo de la población y por eso, aunque le paguen al contado la deuda (Argentina o Brasil) o en cuotas (Ecuador, Paraguay, Uruguay), toman políticamente distancia del usurero internacional. Pero el imperialismo no perdona, si no se ajustan a sus dictámenes, no dan el visto bueno para que ingresen créditos e inversiones a la región. Esto es lo que explica que a pesar de que en la mayoría de los países la situación de la macroeconomía ha mejorado, la misma dista mucho de ser sustentable en el tiempo, fundamentalmente por la baja inversión en bienes de producción (quizás con la excepción de Brasil), que en ninguno de estos países llega al 20% por año y muchas veces ni a la mitad.
Esta es la razón de fondo por la que los grandes capitalistas de Argentina, Brasil, Uruguay, pugnan por la creación de un Banco que les dé crédito a bajo costo para invertir y renovar sus tecnologías.

¿Quién pone la plata y a quién beneficia el Banco del Sur?

El capital inicial del Banco del Sur sería de 70 mil millones de dólares. Esta plata saldría aparentemente del superávit de los países y proporcionalmente a su participación en el Banco. Pero la verdad es que el superávit de Argentina y de los demás países, se viene haciendo en los últimos años a costa del hambre, de salarios muy bajos en dólares, de pérdidas en conquistas como la salud, las jubilaciones, etc. de millones de trabajadores de la región. Es decir estos 70 mil millones, nuevamente los aportará el pueblo con sus problemas no resueltos. Y los destinatarios de los préstamos que dé este banco (más allá que excepcionalmente, por razones de populismo o para evitar rebeliones, destinen algo para el pueblo) serán como siempre los grandes grupos empresarios nacionales, que ven en el Banco la posibilidad de obtener créditos a bajo costo para poder renovar su maquinaria y así poder seguir amasando fortunas y si entran en crisis… entonces se declararán incapaces de pagar y nuevamente serán los trabajadores y el pueblo quienes terminarán pagando sus deudas.
Por eso aunque usen el prestigio de antiimperialista que tiene Chávez o que Evo Morales proclame que con esto mejorará las condiciones de desarrollo del pueblo Boliviano, lo cierto es que la gran mayoría de lo que preste el Banco del Sur irá a manos de los capitalistas para que sigan haciendo sus negocios, ahora con una fuente “fresca” de financiamiento.

Lo que necesitamos es una verdadera
integración Latinoamericana

En vez de un nuevo “FMI de Sudamérica” lo que los trabajadores y pueblos de la región necesitan es una verdadera integración socioeconómica al servicio de las necesidades de los más humildes y no de los grandes explotadores. Al servicio de esto debieran poner las reservas y los superávits de los países y no para un nuevo banco tradicional. Sobran las condiciones en la región para paliar el hambre y la desocupación. Con el petróleo de Venezuela, el gas de Bolivia, el desarrollo tecnológico de Brasil, la comida de Argentina, habría recursos de sobra para iniciar esta integración que supere el atraso que hoy sufre Latino-américa. Una integración real como la que proponemos sólo es posible cambiando de raíz este sistema explotador que hoy domina por otro diametralmente opuesto en el camino de avanzar al socialismo en Latinoamérica. Nada de esto harán los Lula o los Kirchner con el nuevo Banco del Sur por más que lo proclamen en sus discursos de días de fiesta.

Gerardo Vera


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