Estafas políticas, inflación, ajuste y represión a las luchas…

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Hay que cambiar la mano

Durante tres días, localidades y barrios de las provincias, de Buenos Aires y de Capital disfrutaron del carnaval, una fiesta auténticamente popular.

El que parece que no se enteró del final de los festejos, es Lavagna, que sigue cambiando de disfraz y de máscara. Ahora, vuleve al PJ, de la mano del mismo Kirchner con un guiño de Duhalde. Una verdadera estafa, similar a la que antes había protagonizado Borocotó.

La Argentina, sin embargo, está lejos de considerarse un país donde se pueda decir que “todo el año es Carnaval.”

La recesión de EE.UU. y la amenaza que sea un lastre para la economía mundial, abrió un interrogante sobre las consecuencias que va a sufrir la Argentina, a pesar de los intentos gubernamentales de hacer creer que las finanzas están “blindadas”.

Más allá de las dudas sobre el futuro, hay certezas sobre el presente: la inflación sigue subiendo y el gobierno sigue ocultando esta realidad. El
índice oficial del INDEC da un 8.6 %, mientras que el realizado por los técnicos desplazados por Moreno, da un 26%, demostrando que los
rubros que más se dispararon son los alimentos.
Más allá de los números, cualquiera sabe que los precios se fueron por las nubes. Y en pocos días se va a complicar cuando haya que comprar los útiles del colegio para los pibes.

La crisis energética sigue afectando la producción y mucho más a los sectores populares que sufren cortes de luz, agua y limitaciones para consumir combustible. Las empresas privadas brindan un pésimo servicio a pesar que reciben subsidios gubernamentales por 14.626 millones.
Hasta en la oscuridad se percibe cada vez con más claridad que cambiar bombitas, adelantar el reloj y perseguir a los que usan aire condicionado,
no se sirve de mucho.

A nivel de las nuevas autoridades nacionales y provinciales, también está claro lo que vienen a hacer: ajustar. Por eso, se autorizan tarifazos y
quieren despedir. Con la excusa de echar ñoquis (los mismos que ellos vienen poniendo en las sucesivas administraciones), en el revoleo intentan echar verdaderos trabajadores contratados y de planta. Macri es el más conocido y brutal, pero no el único, ya que la misma actitud están tomando varios gobernadores provinciales e intendentes y Scioli se prepara para imitarlos.

Mientras monitorean cómo se empiezan a apretar las clavijas, los Kirchner, Cristina y Néstor, se dedican a: Reconciliarse con Estados Unidos, sentar las bases del Pacto Social y reconstruir el PJ con Lavagna. Hay un común denominador entre estas gestiones que realizan: ninguna
es positiva para los trabajadores y el pueblo. El acercamiento con Washington, en varias reuniones secretas y una pública con el embajador Weyne, fue para que no se hable del destino de los fondos de la valija con 800 mil dólares que vino en un avión oficial y colocarse con mayor fuerza bajo la impronta de la política yanky, comandada por Bush; el Pacto es para limitar el aumento de salarios, reprimir a los que luchan y evitar el surgimiento de nuevos dirigentes; y la pretendida reconstrucción del justicialismo, es para contar con un partido que apoye fielmente todas las medidas antipopulares del gobierno.

La corrupción, como en anteriores gobiernos, sigue siendo moneda corriente en la actual administración. Kirchner hizo una enorme y oscura
fortuna personal, valiéndose de sus cargos de gobernador y presidente. El contrabando oficial está de moda: se trae dinero en valijas transpor-
tadas en aviones alquilados por el propio gobierno y se introducen lujosos vehículos a bajo precio aprovechando las franquicias diplomáticas, que luego se venden muchísimo más caros en el mercado local.

En este verano caliente, son los trabajadores y vecinos los que siguen subiendo temperatura y no por las vacaciones. Los cortes de luz y agua
fueron repudiados con cacerolazos y otras acciones en la calle. Los municipales de capital le pusieron un primer freno a los despidos de Macri.
Los obreros de Dana enfrentan la militarización de la fábrica. Los empleados del INDEC resisten la intervención. Los asambleístas de Gualeguaychú siguen su reclamo por el cierre de Botnia y Ence. Los compañeros y compañeras del Casino llevan más de 80 días de conflicto contra los despidos. Mientras tanto, en Neuquén se enfrenta el salvaje ataque al local y militantes del MST.
Se movilizan, hacen paro y enfrentan tanto la represión de las fuerzas de seguridad como los ataques de las patotas armadas por el gobierno
y la burocracia. Es una gran tarea apoyar todas las luchas y a los nuevos dirigentes que surgen en ellas, rodearlas de solidaridad, repudiando y
enfrentando los ataques y la represión.

Al mismo tiempo, se viene una pulseada fuerte por el salario en el marco de las paritarias que mayoritariamente empiezan en marzo. Cristina acordó con la CGT que no reclamen aumentos superiores al 18%. Las patronales pretenden que no superen el 15%. La inflación obliga a que no sean menores del 30%, como piden panaderos y docentes. Por eso, ya empezaron a reclamar los docentes y se discute el no inicio, también se prepara el Subte y otros trabajadores para pedir un aumento acorde a la suba inflacionaria. Tenemos que impulsar asambleas para discutir y votar qué porcentaje de aumento hay que reclamar y quiénes serán los representantes para hacerlo, haciendo movilizaciones y otras acciones para lograrlo.

El ex presidente quiere reconstruir el PJ con los viejos capo-mafia de siempre, amigos de la UCR y Lavagna. Macri toma el gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires como vidriera del PRO para vender un producto presidenciable.
Carrió, desde el deshilachado ARI, se aleja cada vez más de posiciones progresistas. Lo que queda pendiente es construir un proyecto distinto
a lo conocido, un proyecto de cambio desde un partido de izquierda. Con la suficiente amplitud para encarar una construcción que no caiga en el
sectarismo y la suficiente firmeza para esquivar el oportunismo de las líneas que van a ser furgón de cola de proyectos que ya fracasaron.

En definitiva, hay que apoyar las luchas, el surgimiento de nuevos dirigentes sindicales y la construcción de una Nueva Izquierda.

Pasó el carnaval. Están terminando las vacaciones. La vuelta a las fábricas, oficinas, escuelas y universidades, nos vuelve a colocar de cara a los desafíos a encarar, para cambiar la mano.


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