El viaje de Cristina a Francia y el modelo “noventista”

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Los Kirchner siguen pagando

La presidenta Cristina Kirchner hizo un viaje a París con “agenda abierta”. Aunque era sabido que entre los objetivos del viaje se encontraban la intención del gobierno francés de involucrar a la Argentina en la liberación de Ingrid Betancourt, actualmente en manos de las FARC, y la renegociación de la deuda de 7 mil millones de dólares que mantiene la Argentina con el Club de París. También fueron varios empresarios ligados al negocio del tren bala que se hará con capitales franceses.

Cristina, Betancourt, y los derechos humanos

Antes de aterrizar Cristina se enteró de las “marchas blancas” que se harían ese mismo día en más de quince ciudades francesas, para exigir la libertad de Betancourt. A último momento decidió participar de esas movilizaciones, instalada en la cabecera durante toda la marcha por París, y hablando en dos ocasiones: al principio y al final de la concentración.
Desde ya que apoyamos los intentos de lograr canjes humanitarios para los rehenes en manos de las FARC, así como saludamos las negociaciones llevadas adelante por el presidente Chávez, incluso a pesar del sabotaje de Uribe y el gobierno colombiano. Pero eso no quita que también hay que resolver los problemas de derechos humanos en nuestro país, que no son pocos. Ya hace un año y medio que Julio López está desaparecido, y en ningún momento se observó una voluntad política firme por parte de los Kirchner en lograr dar con su paradero, lo cual implicaría acabar con la impunidad con la que se mueven ciertos sectores involucrados con el terrorismo de Estado, y los tristemente célebres “sin gorra”. Tampoco se vio voluntad en resolver el asesinato de nuestro compañero Lázaro Duarte, apuñalado en el ataque a nuestro local central de Neuquén. Allí, al igual que con el caso del docente Fuentealba, es necesario acabar con la impunidad que se mueven ciertas bandas, amparadas por el Movimiento Popular Neuquino (MPN) de Sobisch y Sapag.

La negociación con el Club de París

La negociación con el Club de París tiene varios elementos que la hacen complicada. Néstor Kirchner había apostado a lograr cerrar un acuerdo antes de que finalizara su mandato, pero no lo logró producto de varias exigencias que el gobierno no estaría dispuesto a aceptar.
Por un lado el Club de París exige un fuerte pago en efectivo. Pero lo más importante es que exigen un acuerdo previo con el FMI, lo cual implicaría acordar con los bonistas que quedaron fuera del canje en el 2005: son 28 mil millones de dólares que hoy la Argentina no reconoce.

Los pilares del modelo actual

Pero el gobierno, lejos de tener una política de soberanía nacional no reconociendo ninguna deuda fraudulenta e ilegítima, tiene el objetivo de “normalizar” las relaciones con los principales países imperialistas. Es decir, retomar las relaciones carnales, un poco más maquilladas pero no por eso menos carnales. Por eso primero se pagó en efectivo al FMI, y ahora se negocia con el Club de París. Es en este marco que se entiende el viaje de Cristina a Francia, y las intensas reuniones con el presidente francés Sarkozy, e importantes empresarios y dirigentes de ese país.
Para lograr este objetivo político es necesario contar con un enorme superávit, que hoy el país lo está logrando sobre la base de enormes impuestos regresivos: por un lado el IVA del 21%, uno de los más altos del mundo. Es un impuesto regresivo porque es al consumo, y además se aplica a todo por igual, a la leche y a la carne, como a los artículos de lujo. Por eso, proporcionalmente, los pobres pagan dos o tres veces más de IVA que los ricos. El otro sostén del superávit y del actual modelo, son las retenciones a las exportaciones. Un tema muy en boga en los últimos días producto de la rebelión de los pequeños productores. En este caso el impuesto termina siendo regresivo y favorece la concentración de la tierra y la sojización, porque no discrimina entre grandes y pequeños productores. Así los grandes pooles de siembra, los que exportan millones de toneladas y que tienen poder de presión y son formadores de precios, pagan de impuestos, proporcionalmente, mucho menos que los pequeños chacareros, que así se ven ahogados.

Vuelven las relaciones carnales

Hace unos meses parecía que la relación entre Argentina y los Estados Unidos sufría una crisis irremontable. El Congreso había votado un repudio a las declaraciones de un fiscal norteamericano que relacionaba la famosa valija de 800 mil dólares con la campaña presidencial de Cristina. A partir de allí se entró en una escalada diplomática que, sin embargo, fue perdiendo protagonismo mediático.
El 10 de abril llegó a la Argentina un enviado de Bush, Thomas Shannon, secretario de Estado Adjunto para Asuntos del Hemisferio Occidental. Se reunió con Cristina, y tuvo muchas otras reuniones con variados funcionarios y empresarios. Y entre asado y asado, donde nadie mencionó a Antonini ni a la valija, todos coincidieron en “retomar las buenas relaciones, como en los noventa”. Shannon dio su apoyo a la Argentina en la negociación con el Club de París, lo que equivale a decir que los Estados Unidos ve con simpatía que Argentina vuelva a negociar con todos los organismos internacionales de crédito, y continúe con los pagos exorbitantes de deuda externa. Por eso ya se agenda otra visita de Shannon para julio de este año.
Nada bueno hay en estas negociaciones para los trabajadores, ni tampoco para los pequeños productores que le bajaron el pulgar a los Kirchner. Porque esta política implica profundizar lo peor del modelo actual (bajos salarios, inflación, concentración de la tierra y la riqueza) al servicio de las grandes potencias extranjeras. Más allá de los discursos, es un modelo con olor a los noventa.

Un viaje caro

El viaje de la presidenta Kirchner, junto a su comitiva, le costó al Estado argentino alrededor de 300 mil dólares, producto de los lujos que se dio la presidenta en París.
Los gastos más importantes fueron los siguientes: 250 mil dólares por el alquiler de un Boeing 747-200; alojamiento en el hotel 5 estrellas Le Meurice, allí la noche en una suite vale 2.000 euros. Los gastos de alojamiento de toda la comitiva suman 60.000 dólares. Estos gastos no incluyen los de la comitiva “paralela”, que son todos los empresarios que acompañaron a De Vido, para acelerar la negociación por el tren bala que unirá las ciudades de Buenos Aires, Rosario y Córdoba.

Juan Pablo Correa

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