Los Kirchner y Grobocopatel

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«Nosotros que nos queremos tanto…»

Durante los días que el paro del campo tuvo en vilo al gobierno, éste trató, a través los medios y los discursos, de hacer creer que se estaba enfrentando a la oligarquía argumentando que“vienen ganando enormes masas de dinero y es necesario repartir un poco más”. Con el correr de los días está quedando claro que Cristina no pretendía ir contra los grandes terratenientes, sino que sus medidas sólo apuntaban a ahogar a los pequeños productores para que los grandes los sigan absorbiendo, haciendo crecer aún más el monopolio de la tierra.
Para tener mayor claridad es necesario ver cuáles fueron las “pérdidas” del gobierno luego de anunciar las modificaciones sobre las retenciones compensando a los pequeños productores. Según la revista XXIII “Son sólo ochocientos millones de pesos la diferencia entre el resultado fiscal de la medida que provocó la crisis, y el saldo que queda después de haber complementado el aumento de las retenciones con los reintegros anunciados. Esa cifra es menor al 10% de lo que costaría el tren bala que pretende construir Cristina para llegar a Mar del Plata. Ochocientos millones de pesos es el costo estimado de neutralizar el impacto de las retenciones para el 80 por ciento de los productores más pequeños de soja, que era la esencia de la objeción casi unánime que se le hizo al esquema de retenciones móviles anunciado el 11 de marzo”.
¿Por qué, entonces, el Gobierno no aplicó estas medidas para evitar el conflicto? Porque el objetivo era afectar a los pequeños productores, quienes no iban a poder sobrevivir a la suba de retenciones.
Para muestra basta un botón
El cultivo que mayores beneficios está trayendo al campo es la soja. En este terreno, Gustavo Grobocopatel y su grupo (Los Grobo) con 155 mil hectáreas en la Argentina, Paraguay y Uruguay, están considerados como el pool de mayor producción agrícola del país. En 2007 este empresario alcanzó una facturación de 250 millones de dólares. En febrero pasado cerró alianzas con el fondo de inversión Pac-tual Capital Partners para poner un pie en Brasil.
Durante el conflicto, Gustavo Grobocopatel se quejó tibiamente de las medidas adoptadas por el gobierno al declarar que se sentía “fuera de este proyecto, con el que estamos colaborando y ni siquiera se nos reconoce». Fue sólo un poco de falso discurso para la tribuna ya que Grobocopatel es uno de los empresarios mimados de Néstor Kirchner. Las ganancias producto de la soja les venían bien a ambos: al gran pool para crecer a pasos agigantados, y al gobierno para sumar divisas y pagarle las deudas a los organismos internacionales. “Con una cosecha de soja le pagamos al Fondo Monetario Internacional” aseguró el empresario, que se hace el “progresivo”.
Grobocopatel fue catalogado por Kirchner como un empresario modelo y lo acompañó en algunas giras al exterior (la política y los grandes negocios de la mano). Esto le posibilitó al llamado “Rey de la Soja” iniciar gestiones con Chávez para incursionar con la producción de soja y la venta de maquinaria en ese país.
Por todas estas razones no es de extrañar que el gerente de Los Grobo haya dicho recientemente que “Llegó la hora en que nos pongamos a trabajar juntos por la Argentina que soñaron nuestros antepasados y que se merecen nuestros hijos y nietos». Claro, la Argentina de la gran oligarquía terrateniente, de los pools y el mercado financiero.
Cristina dijo que estaba contra la oligarquía. Es una de las más grandes mentiras de los últimos 200 años. La relación de los Kirchner con los Grobo es una muestra categórica.
Así es que la política agraria, en lo esencial, seguirá favoreciendo a los grandes productores de soja, así como lo que hicieron todos los gobiernos anteriores desde la aplicación del decreto de desregulación de 1991. Es decir, impulsar el cultivo utilizando «tecnología de punta», sean cuales fueren sus consecuencias, ya que esto contribuye significativamente al superávit fiscal y de la balanza comercial necesarios para pagar los servicios de la deuda externa. El gobierno de los Kirchner, igual que los anteriores, hace oídos sordos a las desgracias que provoca el modelo sojero: la desaparición de los productores medianos y pequeños, la pérdida de la autosuficiencia alimentaria, el deterioro ambiental, los efectos de una deforestación indiscriminada, la desertificación del país.

¿Y Moyano qué quiere?

En este marco, quizás podría sorprendernos ver a Moyano haciendo una protesta frente a una planta de acopio de Grobocopatel Hermanos, que aunque es de la misma familia de Los Grobo, nada tiene que ver con la empresa madre.
Pero no es que Moyano esté en contra del deterioro ambiental que la soja produce, ni que le parezca mal que el grupo crezca. Es que en realidad, lo que busca el líder de la CGT es sumar a 150 mil nuevos camioneros a su gremio. A ese número ascienden los camioneros que hoy transportan la soja y cereales por las rutas del país y que trabajan en negro o están afiliados a otros gremios, según estimaciones de la Federación Argentina de Entidades Empresarias del Autotransporte de Cargas (Fadeeac). Moyano no sólo duplicaría los afiliados de su sindicato, sino que también aumentaría sus arcas en alrededor de 521 millones de pesos por año, teniendo en cuenta que el gremio le descuenta a sus miembros –en conceptos de obra social, cuota solidaria y seguro de sepelio– el 7,5 por ciento de sus sueldos que promedian los 4.500 pesos por mes.

Federico Milman


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