Entre el campo y la inflación

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Cristina acorralada

Los últimos 15 días fueron de máxima tensión para el gobierno y los de arriba.

Por el agravamiento del conflicto agrario, que subía la apuesta reivindicativa y empezaba incluso a reclamar contra el modelo. La Nación lo graficó con elocuencia: “sólo la enorme presión de las bases… que se multiplicaron en estos días por todo el interior puede explicar la decisión de no conformarse sólo con gestos de acercamiento” “La voz cantante en la mayoría de las asambleas… en la que participa una gran cantidad de autoconvocados sin participación de las entidades… es la de los que no le huyen a jugar a fondo en la protesta”.

Al cierre de esta editorial, se suspendía el paro y había clima de negociación, con crecientes versiones de que las retenciones móviles tal cual están ya no se sostienen. Aunque el final de esta película se definirá entre las decisiones políticas de un gobierno muy debilitado y las bases agrarias que velan armas esperando soluciones. la otra gran espada de Damocles, la inflación y los reclamos salariales, van ocupando el centro de la escena.

Porque en las ciudades y barrios, entre los trabajadores y sectores populares, castiga la realidad de una inflación que no cede y que, aunque no se pueda leer en las cifras truchas del INDEK, sí se lee en los precios de los supermercados y se siente en las mesas familiares. Por el filtro autoritario de la Rosada, se escaparon otras cifras, las del país real, de la pobreza que vuelve a aumentar, de la actividad económica que se desinfla, de la depreciación del salario y pérdida de vigencia absoluta de los últimos acuerdos salariales, mostrando un fracaso completo de la política del “techo” pactada con Moyano. Con un recrudecimiento de los conflictos obreros, con gremios importantes en lucha como la UOM, la Alimentación o los estatales en varias provincias. Y el peligro en ciernes de una confluencia con la protesta rural.

A todo esto, el gobierno no logra salir de su crisis. Debió postergar su “relanzamiento”, refugiándose en Salta y buscando un mejor momento para su “pacto del bicentenario” que aparece con escasa consistencia. Para colmo, el debut del “nuevo PJ”, en un débil acto que sirvió de marco para que Cristina aparezca con el copete por el suelo, un replay de la violencia patoteril de San Vicente les aguó la fiesta, confirmando que de los tiempos de gloria del estilo K. sólo queda una antipática caricatura.

Con este telón de fondo matizado con algunas corridas bancarias y el fantasma del 2001 presente en análisis y editoriales, los distintos bandos del establishmen, decidieron emplazar al gobierno para sacarlo del letargo de la crisis y que se avenga a negociar con los rebeldes del campo. Al tiempo que se empezó a demonizar a sus dirigentes más radicalizados y a llover los llamados a poner paños fríos antes que la cosa se vaya de madres.

El copete bravucón de Cristina ha dejado paso a un rostro de honda preocupación. Por eso vuelve a negociar. El horizonte de un masivo acto el 25 que canalice no sólo el reclamo agrario sino la bronca popular por la inflación y la carestía, está obligando a un cambio de planes. Las bases rebeldes esperan activamente a la vera de las rutas con mucha más bronca que expectativas, que esta vez haya soluciones concretas y no un nuevo engaño. Los márgenes políticos del gobierno son escasos y según se comenta se busca una fórmula para empezar a ceder sin que se evidencie el sabor de una derrota.

El 25 se hará en Rosario un acto masivo. Que simboliza la actual relación de fuerzas y le recuerda a los Kirchner la gran demanda popular de un cambio de rumbo ante el fracaso de su modelo económico y social.

Esta realidad coloca la necesidad de medidas de emergencia, en el camino de vertebrar un nuevo modelo de país al servicio de los trabajadores, sectores medios de la ciudad y el campo y populares. Que empieza por combatir la inflación, estableciendo el control popular de los precios y un aumento general de salarios, jubilaciones y planes sociales. Y por aplicar retenciones diferenciadas, regionalizadas y coparticipables, cobrándole impuestos progresivos a los terratenientes y grandes pooles. Sentando las bases para una reforma agraria y la nacionalización del comercio exterior.

Asimismo se requiere la mayor solidaridad con la pelea en curso de los trabajadores en conflicto y apostando a que ganen los pequeños productores agrarios, apoyando el acto del 25.

Cuando más débiles están quedando las mentiras del gobierno y se evidencia el fracaso de su campaña de demonización de la protesta agraria, la confusión sembrada por los K. sigue germinando en sectores de la vieja izquierda y en el debate abierto con algunos intelectuales sobre en qué vereda ubicarse.

Sectores oportunistas se han pasado con armas y bagajes del lado del gobierno, como la dirección del PC. Otros, -como el PO, varios grupos de la izquierda sectaria y algunos exponentes del progresismo- pretendiendo una utópica equidistancia entre “dos bandos capitalistas en pugna”, terminan utilizando los mismos argumentos de Cristina, mostrando como actor central a la Sociedad Rural y desconociendo al motor real de la lucha, las bases autoconvocadas y negando la realidad de que los grandes pooles, terratenientes y agroexportadores se beneficiaron y sostuvieron sin tapujos al modelo kirchnerista, a la sombra del cual se llenaron los bolsillos empobreciendo a los pequeños productores y a la población.

Al restarle apoyo a la principal pelea en curso y renunciar a la disputa por sumar del lado de los trabajadores a un importante sector de la clase media rural, terminan abonando objetivamente al campo del gobierno. Por esa vía favorecen a la reacción de derecha que dicen combatir.

Sin embargo, es una amplia mayoría de la población la que ya no le cree al gobierno, cuestiona este modelo y demanda un urgente cambio de rumbo.

Por eso desde el MST y la Nueva Izquierda, llamamos a apoyar a los pequeños productores como lo venimos haciendo junto a otros sectores de izquierda con los cuales nos movilizamos. y a redoblar la pelea contra la inflación, por la reapertura de las paritarias y un aumento general de salarios.

Si se gana esta pulseada, los trabajadores y todo el pueblo oprimido van a estar con mayor fortaleza para avanzar en la lucha por terminar de torcerle el brazo a los Kirchner y sepultar definitivamente este modelo de concentración, entrega y autoritarismo.

A la par que se impulsa esta pelea, tenemos que encarar más temprano que tarde el debate por conformar una nueva alternativa política amplia y unitaria, que postule el nuevo modelo de país que se necesita.


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