La deuda con los usureros internacionales se paga

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La deuda con el pueblo no

Según el informe anual del Observatorio de la Deuda Social Argentina, en el último año se produjo un aumento en la brecha de desigualdad social: el mayor progreso se registró en las clases medias y medias bajas (lo que empieza a desvanecerse con la creciente inflación), pero no llegó a los estratos más bajos.
Mientras tanto, la fraudulenta deuda con los organismos financieros internacionales es la prioridad de los Kirchner. Ya le pagaron al FMI y anunciaron que harán lo propio con el Club de París con dinero del superávit. Para el matrimonio presidencial, la deuda social con el pueblo es lo único que puede esperar.
El estudio revela que el 30% de la población más pobre tuvo mejoras, pero que su situación no es mejor que la que tenía antes de la crisis de 2001. Se detuvo la relación entre el crecimiento económico y las mejoras para el desarrollo social. Así, aunque el país “crezca”, no se perciben mejoras en el acceso a la salud y a la educación.
El 34,5% de los entrevistados no cuenta con un correcto acceso a la salud. En el estrato socioeconómico más bajo, el déficit involucra al 58% de la población.
El acceso a oportunidades de trabajo de calidad tampoco avanzó. Las mejoras en las condiciones en materia sociolaboral tuvieron un fuerte impulso en 2005-2006, pero luego frenaron su ritmo de crecimiento
Hoy el Estado destina $305 por argentino para el pago de la deuda y sólo $53 para asistencia social. Se gasta 23 veces más en la deuda que en los planes de empleo. El Estado pagará en intereses extra de deuda externa seis presupuestos de la UBA.
Con estas prioridades, el mapa social que se conforma es desolador. En la Argentina, más de la mitad de los menores son pobres y casi la mitad de los pobres tiene menos de 18 años. Los niños de los sectores más desfavorecidos cuentan con un promedio de escolarización cuatro años por debajo del de los niños en mejor situación económica; en primaria, repiten de grado cuatro veces más y el abandono en la secundaria se quintuplica. Así, un tercio de los jóvenes no finaliza el ciclo educativo.
Cada vez se evidencia con más claridad la existencia de dos Argentinas. La de unos pocos, que cada vez son menos, y que tiene más dinero y poder. Y otra que día a día vemos crecer: la de los excluidos que cada vez son más, la de los sin trabajo que aumenta, la de los sin techo que no para de crecer, las de los sin salud que no para de enfermar, la de “los sin”.
Para revertir esta situación, es necesario empezar a pensar en una sociedad que incluya a todos. En la que no haya pibes que se mueren de hambre cuando se exportan alimentos para trescientos millones de personas. El primer paso es terminar con el modelo económico K e imponer un nuevo modelo, al servicio de las necesidades de los trabajadores y el pueblo.

Federico Milman


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