Editorial

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Alta tensión

Cuando este periódico este en la calle, los pequeños productores y autoconvocados estarán profundizando sus medidas, con más tractorazos, marchas, actos y acampes en todo el país, y preparando otro masivo acto para el 20 de junio. En las rutas, a la vez se viven momentos de mayor tensión por la entrada en escena con cortes de ruta de sectores de transportistas que están generando una crisis mayor, ya que la medida discutida por los sectores agrarios no era el corte total sino parcial a los camiones de grano, y ahora vuelven los anuncios de un posible desabastecimiento. La irresponsabilidad y soberbia de un gobierno que miente y no da soluciones, está llevando al país a esta situación y a llegar a los 90 días de conflicto. Millones en el país, cansados reclaman que se escuchen los legítimos reclamos agrarios. Pero los Kirchner y sus funcionarios se pasean por todos los canales con una especie de slogan:“el campo es un reclamo sectorial y nosotros debemos pensar en el conjunto del país”. Una vez más…el gobierno miente.

El conflicto agrario en primer lugar ha superado ampliamente el tema retenciones. Ya no se discuten algunos puntos más o puntos menos. Está en debate todo el modelo y la política agropecuaria nacional. Por un lado porque cientos de asambleas de autoconvocados ya han superado largamente el debate y profundizan temas como la necesidad de poner impuestos a la ganancia, que hacer con los pooles de siembra, con las grandes empresas exportadoras, con el estado de los caminos que no permiten sacar la producción cuando llueve y tantos otros temas. Pero a su vez, tres meses de conflicto rebasó por lejos a los directamente afectados. Si hay cerca de 400 mil pequeños productores, significa que hay alrededor de 2 millones de personas contando a sus familias que viven y sufren esta crisis y la política de Cristina. Y más aún, en cada ciudad y pueblo del interior, la falta de soluciones del gobierno ya lo sufren los comerciantes que no pueden vender. Los trabajadores de empresas grandes y pequeñas que son amenazados con suspensiones o despidos por empresas que han visto caer su producción a la mitad.

Nadie sabe en esta dinámica como puede terminar todo, lo que es evidente es que por culpa del gobierno se va calentando la situación anticipando una crisis mayor. En las grandes ciudades esta realidad también se sufre, ayudada por la inflación que no para de subir, los salarios que no paran de depreciarse, y la inseguridad económica y social que ronda en la cabeza de todos ante esta situación. Se comienzan a ver elementos de enfriamiento de la economía y de una baja del dólar. Y a la vez los problemas energéticos se hacen notar. No hay duda, estamos ante un conflicto nacional, que nos afecta a todos y que debe resolverse a favor de los perjudicados del campo y la ciudad. Aunque los Kirchner pretendan responsabilizar a los chacareros, esta crisis tiene un solo responsable: el gobierno nacional. Porque con sus medidas desató el problema y porque con su modelo económico está profundizando las desigualdades y haciendo crecer la pobreza. Mientras el INDEC intervenido quiere hacernos creer lo contrario. En esta situación no hay vuelta atrás ni lugar para quedarse a un costado como espectadores.

La única manera de avanzar es apoyando en primer lugar a los pequeños productores para que ganen y logren retenciones diferenciadas, coparticipables y que se les cobre más a los que más tienen. Y a la vez no dudar en sacar a la calle todos los reclamos. Como los pibes que salieron contra la falta de Gas en las escuelas y los universitarios que defienden su sede de Merlo para seguir estudiando. Como los trabajadores que intentan romper el techo salarial. O los desocupados que vuelven a la calle y a Plaza de Mayo contra el hambre y la miseria. Todas estas luchas pueden ganar, si las damos con fuerza y las coordinamos contra un gobierno comprometido con los grandes grupos económicos que quiere ignorar la magnitud de la crisis. Cada día más sectores se alejan del gobierno y Cristina cae en las encuestas, y como puede verse, no es por culpa de un “reclamo sectorial”. Sino porque salta a la luz el fracaso de un modelo y un gobierno que quiere tapar el sol con los dedos. En cada lugar de trabajo, en cada barrio, escuela o universidad podemos organizar estos debates y poner en marcha asambleas o acciones que democráticamente decidamos entre todos los que queremos luchar por soluciones concretas a cada demanda de los pobres y sectores medios del campo y la ciudad.


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