Editorial

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Luchemos contra un modelo que no va más

La crisis agraria entra en un momento decisivo después de más de 110 días, en donde todo el país pudo ver la fuerza de los chacareros autoconvocados y al gobierno de los Kirchner sin dar soluciones a sus reclamos. Pero al mismo tiempo, millones de trabajadores, jóvens y sectores populares sufrimos las consecuencias de la soberbia kirchnerista ante el conflicto y los fracasos de todo este modelo económico que llevan adelante. Porque más allá de las mentiras a las que nos tiene acostumbrados, es evidente que los problemas siguen aumentando en el país.

La inflación, que ahora el nuevo ministro de Economía (¡otro Fernández!) dice que no existe, cuando vamos a comprar comida o cualquier otro producto la sufrimos sin tregua. Los salarios cada vez nos alcanzan menos, precisamente por la suba de precios que no cesa. La pobreza en el país puede verse en cualquier barriada popular, y en pueblos y ciudades del interior que ven caer su economía bajo el impacto de las medidas del gobierno para el campo. Los hospitales públicos se deterioran, mientras la presidenta promete y promete construir nuevos… pero ni siquiera pone la primera piedra. O los colegios sin gas, y las facultades sin presupuesto ni estructura acorde a sus necesidades. La suma de estos graves problemas sociales cruzan la realidad de un país y de millones de personas que vivimos cada vez peor a causa de este modelo kirchnerista de inflación y entrega.

Porque necesitamos cambiar todas estas cosas es que no podemos ser indiferentes a la rebelión agraria. De su resultado depende también, en buena medida, el futuro de muchos de nuestros reclamos. El gobierno y su plan económico, que afecta a los pequeños productores en el campo, es el mismo que sufrimos en las grandes ciudades. El mismo que apaña a la burocracia sindical cuando queremos salir a luchar por los salarios o poner nuevos dirigentes. El mismo que manda sus patotas a los conflictos. El mismo que dice estar preocupado por “la mesa de los argentinos”, pero mantiene el subsidio a los desocupados en 150 pesos… Si hay una razón por la cual el gobierno, aunque está muy golpeado, no quiere mostrarse derrotado es porque sabe muy bien que si ahora pierde no podrá enfrentar con fuerza todos los reclamos sociales que se le vienen. Pero aunque lograra -con maniobras y su chequera- que el Congreso vote la resolución 125, no puede ocultar que ya está mucho más débil y que sigue perdiendo apoyo social. Sea como fuere el desenlace en el Congreso, está planteado que sigamos luchando contra un modelo que no va más y un gobierno que no redistribuye ninguna riqueza y cosecha la bronca popular en las grandes ciudades y en el interior del país.

Por esta razón, los trabajadores y los sectores populares y medios tenemos que ser parte del resultado ahora y en esta lucha. En estos momentos, necesitamos mantener y profundizar la solidaridad con los chacareros, y a la vez sacar con fuerza todos nuestros reclamos a la calle. Hacer sentir cada una de nuestras demandas en todos lados es nuestro derecho. Y además estamos ante una gran oportunidad. Si los chacareros ganan, se debilita el gobierno que nos llevó a esta situación, y en consecuencia, se fortalece nuestra posición para reclamar por salario en cada gremio y empresa, por aumentar el monto de los subsidios a los desempleados, por salud y educación dignas, y tendremos también mejores condiciones para seguir construyendo una nueva dirección sindical y estudiantil en todo el país.

Por eso convocamos a todos los honestos y combativos activistas y luchadores sociales, gremiales y políticos, a los simpatizantes y votantes de la izquierda y del progresismo, a ser protagonistas en cada sector donde nos toque participar. Esta es una lucha integral contra el modelo de los Kirchner. Si el gobierno gana, nos perjudica a todos. En cambio si lo derrotamos, se abre la posibilidad de ir por más. Esto implica cómo avanzar hacia otro modelo económico y político, al servicio de las mayorías, que no se entregue a los grandes grupos económicos, sin patotas ni desigualdad social. Y si el Congreso no logra soluciones y demuestra su incapacidad de afrontar esta crisis, se planteará también la necesidad de una salida democrática, por ejemplo mediante la convocatoria a elecciones a una Asamblea Constituyente, para que así sea el pueblo -y no cuatro vivos- el que debata y decida qué hacer ante los graves problemas del país.


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