Panorama político

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La tormenta no cesa

Las masivas movilizaciones del 14 al 16 de junio produjeron una sensación de vacío de poder político en las alturas
y el fantasma del 2001 sobrevoló el país. Al ritmo de chacarera en las rutas y una orquesta multitudinaria de cacerolas urbanas, el gobierno perdió un round decisivo en esta pelea que lleva cuatro largos meses y debió improvisar un cambio para evitar el nockout. El campo de batalla se trasladó al Congreso. Pese a las carpas intimidantes y los aprietes a propios y ajenos, la “mayoría automática” no aparece. Más allá del final abierto de esta película, algo está más que claro en el humor popular: el modelo de los Kirchner no va más y se impone un urgente cambio de rumbo.

La válvula de escape de la olla a presión acumulada en más de 100 días de lucha agraria autoconvocada en las rutas y mal humor popular por un lado y soberbia kirchnerista por el otro, apuntó sin miramientos hacia la Rosada y cundió el pánico en el matrimonio gobernante, sus amigos y el establishment. La inmensa mayoría de los editoriales de la prensa hacían referencia al síndrome del Argentinazo del 2001. Hasta el espectro de la renuncia de Chacho Álvarez se corporizó en el puntapié al tablero propinado por el vicepresidente Cobos.
Lo que hasta unos días atrás fue un coro de reclamos desde arriba para que el gobierno “baje un cambio” y deje de tensar la cuerda, se transformó en un clima de zozobra frente al vacío político que generó el levantamiento en el interior y las ciudades, primero contra la represión en las rutas y luego de la conferencia de prensa de D’Elía, que sintetizó la bronca por la metida de mano en el bolsillo a los pequeños productores y al conjunto del pueblo argentino a través de la inflación.

Después del fin de semana negro

En las últimas dos semanas, el conflicto entre el gobierno y el campo entró en una nueva fase: se trasladó de las rutas al Congreso.
El gobierno, golpeado y al borde del precipicio durante el fin de semana negro del 14 de junio, con más de un millón de personas en las calles del país, debió reconocer el fracaso de su presidencialismo autoritario y desempolvar al Congreso para tratar de canalizar una crisis que se le fue completamente de las manos.
Sin embargo, la debilidad del régimen y sus instituciones, el “nuevo PJ” y el propio gobierno se está expresando en estos días de debates calientes. Algunos escribas de la prensa plasmaron su expresión de deseos interpretando a los de arriba: creyeron que la calma volvería; “se enriquece la democracia”, vociferaron cuando una nerviosa Cristina anunció que daría parte al parlamento. Y el gobierno, apenas se levantó un poco de la lona, volvió a sus bravuconadas para que le aprueben su proyecto a libro cerrado.
Pero, unos y otros se equivocaron: la alegría duró poco. El Congreso -por dentro y por fuera- se transformó en un espejo de la crisis política que recorre el país. Los mismos que cantaron loas a la democracia parlamentaria, se sorprendieron: “es la primera vez que un poder ejecutivo levantó carpas para presionar al poder legislativo”, lamentaron. Comprobando que las huellas de la rebelión y el mal humor social, estaban lejos de cicatrizar. La demanda de los pueblos y ciudades rebelados y la debilidad de la otrora poderosa extorsión kirchnerista, pulverizaron la mayoría automática. La orden cerrada enviada desde la Rosada se fue quedando sin apoyo. Y todos los proyectos que surgieron, tanto del fracturado oficialismo como de la “oposición”, deben reconocer tardíamente que, para descomprimir la caldera, hay que diferenciar entre los pequeños productores y los grandes terratenientes y pools de siembra. Más allá de los resultados finales, la realidad empezó a derrumbar las mentiras con las que el gobierno pretendió -y fracasó- ganar la población contra el reclamo agrario. Febriles negociaciones al cierre de esta publicación, tratan de lograr una mayoría que encamine la crisis.
El escenario ya no está en las rutas y la carpa verde, que nucleó un inédito apoyo popular fue levantada. Pero la marea de más de 100 días de lucha no ha bajado en los chacareros rebeldes, demostrando que sin no hay solución la pelea puede volver y ser aun más fuerte. Y el mal humor social contra un gobierno que no soluciona los problemas populares, con la inflación al frente, es cada vez mayor, demostrando que su estrella se apaga aceleradamente.

Rebelión en la granja kirchnerista

Cuatro expresiones de la debacle del modelo kirchnerista salen a la luz canalizados por la rebelión agraria.
En primer lugar la vigencia de la crisis del régimen político que se abrió con el argentinazo del 2001 y que puso otra vez en evidencia la nueva situación nacional a partir de la rebelión agraria. El kirchne-rismo, con el verso de la nueva política y el saneamiento de la calidad institucional, pretendió mostrar durante cinco años que todo se había solucionado. Hoy queda al desnudo la esencia del doble discurso K: el presidencialismo autoritario y la compra de voluntades con la caja del superávit están fracasando.
Y que el Congreso y sus mayorías automáticas que antes votaban sin problemas los superpoderes, hoy se encuentra transformado, según dice preocupado el diario La Nación, en “una asamblea popular en la que De Angeli terminó hablando de las reservas del Banco Central”. Va quedando claro que allí no se solucionan los problemas del pueblo trabajador y los sectores medios perjudicados, que se ven obligados a movilizarse y confiar en sus propias fuerzas para poder imponer sus reclamos. Hay movilizaciones afuera y febril lobby por dentro. Hasta centenares de intendentes, propios y ajenos al “palo” del gobierno, preocupados porque ven diluirse su base electoral, viajan y se concentran en Buenos Aires, para presionar sobre el Congreso. Fracturas y realineamien-tos en los bloques y gobernadores, muestran que la tremenda movilización ha dejado huellas imborrables en los oscuros despachos donde siempre se legisló a espaldas del pueblo y sus necesidades.
En segundo lugar, que el “nuevo PJ” de Kirchner, una especie de Frankenstein de la vieja política, se está desarticulando y que la tormenta también alcanza a sus amigos del Frente para la Victoria y a los restos de la concertación plural. Se ve raleado el sector incondicional de los Kirchner, reducido a sus funcionarios y a movimientos prebendarios que obran de grupo de choque y base para los actos y ni siquiera se pueden poner de acuerdo para convivir en una sola carpa. Crecen los sectores “rebeldes” o “críticos”, legisladores, gobernadores e intendentes y en distritos fundamentales como Santa Fe, Entre Ríos, Córdoba, La Pampa, Mendoza y amplios sectores en la propia Provincia de Buenos Aires. En las elecciones de Río Cuarto, el kirchnerismo recibió una verdadera paliza.
En tercer lugar, la crisis tiene un correlato en la burocracia sindical en la que se venía apoyando el gobierno y que también es alcanzada por la tormenta. En la CGT, se ha desgastado la figura de Moyano, ungido por Kirchner para reelegirse y ha recrudecido su cuestionamiento por los independientes, Gordos y barrionuevistas, que discuten otras alternativas, entre ellas la de Caló, jefe de la UOM, que ha lanzado su candidatura. Mostrando así que la sólida dirigencia que necesita Cristina para su hasta ahora frustrado pacto social o del Bicentenario, sigue estando lejos. Y se ha ahondado la crisis en la conducción de la CTA, ante la decisión del secretario general Yasky y los sectores afines al gobierno, de enfeudar a la central en los actos oficialistas.
Un cuarto aspecto, el más importante y nodal, es que crece el divorcio del gobierno con la base popular que había pensado que de la mano de los Kirchner podría venir un cambio en el país. El derroche inédito de capital político, ya es inocultable. La ruptura acelerada con el gobierno se expresa en las encuestas de todas las consultoras, con una caída estrepitosa a menos del 20% de imagen positiva y un ascenso a más del 50% de negativa, un récord nunca visto de veloz desgaste de un gobierno surgido de elecciones.

Las perspectivas y los desafíos de los luchadores

El envío del proyecto K al Congreso implica una derrota de Cristina y su gobierno ya que evidencian la debilidad extrema en la que se encuentra. Y la crisis que se armó al no poder reunir la mayoría y al presentarse proyectos alternativos que se ven obligados a reconocer la necesidad de buscar una diferenciación en las retenciones para los pequeños productores, no implica que la batalla que comenzó hace cuatro meses ya se haya ganado. No podemos perder de vista que, pese a su crisis y aislamiento, el gobierno va a seguir desplegando todo tipo de maniobras. Y que no podemos depositar un ápice de confianza en el cuestionado Congreso.
Todo el establishment llama a respetar lo que decida el parlamento, aunque sea desfavorable a los chacareros. La Sociedad Rural y demás entidades también presionan por un acuerdo, aunque “se partan las diferencias”. Lamentablemente, la Federación Agraria, que había llamado a preparar una movilización masiva frente al Congreso, no volvió a hablar del tema.
Es necesario organizar esa gran movilización y desde todos los sectores seguir apoyando los reclamos que levantaron durante estos meses los miles de chacareros autoconvocados que se manifestaron en las rutas y que tendrán que volver a las acciones si sus demandas no son satisfechas. Para que se derogue la 125 y se establezcan retenciones realmente diferenciadas, es decir, que se le rebajen a los pequeños productores y se les aumenten a los grandes y se le apliquen fuertes impuestos a los grandes pooles y a los agroexportadores que se quedan con la torta del negocio. Asimismo que sean coparticipables, para que la plata no vaya a la caja de los K sino que vuelva al pueblo en obras, trabajo, salario, salud y educación.
Asimismo, desde los lugares de trabajo y los barrios, tenemos que unir el apoyo a los pequeños productores, con la pelea contra la inflación, por aumento de salarios, jubilaciones y planes sociales. Así como una verdadera política de distribución del ingreso y las ganancias. Pidiendo la anulación del IVA y medidas contra los grandes formadores de precios, impuestos progresivos a las privatizadas. Es decir pelear juntos desde el campo y la ciudad por un nuevo modelo al servicio de los trabajadores y el pueblo.
El fracaso del kircnerismo y su modelo y el creciente reclamo de producir un cambio, coloca la necesidad de ir construyendo una nueva alternativa política, amplia y unitaria. Como venimos proponiendo desde el MST-Nueva Izquierda, un movimiento político donde confluyamos todos los sectores políticos y sociales que queremos una salida de fondo.

Guillermo Pacagnini


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