Explosión en Minsk, capital de Bielorrusia

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¿A quién le sirve el atentado?

La explosión en el centro de Minsk el 4 de julio, durante el concierto por el Día de la Independencia, abrió una nueva etapa de la política bielorrusa. Muchos se preguntan a quién le sirve esta acción, que causó 50 heridos, en general jóvenes. Es evidente que la oposición política no está muy interesada en la vuelta de semejantes sucesos. Antes su desafío al régimen autoritario del presidente Aleksandr Lukashenko era frontal, pero de a poco fue decreciendo. Reciben dinero del gobierno de EE.UU. y no presentan ningún peligro para el poder real. Para intuir quién organizó el atentado se debe pensar, ante todo, quién lo necesitaba como pretexto para sus acciones.
En 14 años de gobierno, Lukashenko hizo todo lo posible por destruir a la oposición política y absolutizar su propio poder. Hubo tres referéndums fraudulentos a fin de cambiar la Constitución para prolongar el poder presidencial de por vida. Bielorrusia tiene un dictador, admirador de Stalin y Hitler, con desequilibrio mental, ávido de poder y dinero, capaz de mentir con descaro a millones de ciudadanos.
Hoy en el país no hay medios masivos de comunicación independientes y el canal estatal está bajo la censura más cruel. Los partidos políticos o apoyan el poder o pierden su legalidad. Por cualquier actividad pública sin permiso oficial, según el nuevo Código Penal, un ciudadano puede ir preso de uno a tres años. Hoy ya muchos sufren ese castigo. Al movimiento sindical lo monopoliza por completo por el Estado y los sindicatos libres han cesado. El gobierno persigue las huelgas, actos y manifestaciones. Miles de obreros, empleados y estudiantes han sufrido represión y arrestos; muchos son echados del trabajo y de las universidades.
El sistema laboral no permite los contratos por tiempo ilimitado. Son de corto plazo: un año para los obreros y empleados, y cinco años para los dirigentes. Cualquier trabajador “indeseable” para las empresas o “desleal” al poder pierde fácilmente su empleo, se le cancela su contrato y aunque haga juicio no es reincorporado. Luego encontrar otro empleo es casi imposible. Todas las empresas estatales tienen departamentos especiales que controlan la lealtad del personal y, en las privadas, el servicio de seguridad también discrimina a los que critican al poder. Los intentos del Partido de los Trabajadores de recoger firmas para realizar un referéndum nacional para anular este brutal sistema laboral llevaron a la disolución estatal del partido y al cierre de su oficina.

Dictadura política

El supuesto “presidente de la gente” ha puesto al pueblo bajo una dependencia casi total del poder. Hay oposición política, incluso fuerte, pero es incapaz de hacer mucho. Sus líderes se han vuelto marionetas de los imperialismos ruso y americano. Además les conviene el régimen de Lukashenko, gracias al cual obtienen apoyo financiero del Departamento de Estado norteamericano y los oligarcas rusos. Por eso, por ejemplo, alientan que Bielorrusia entre en la OTAN. Los activistas despedidos por participar en el sindicalismo libre, huelgas, mitines y manifestaciones reciben el apoyo material y la posibilidad de emigrar y reubicarse en el extranjero. Los estudiantes excluidos de las universidades bielorrusas pueden seguir su carrera en las universidades de Polonia, Chequia, Francia o EE.UU. Hay muchos programas especiales de apoyo a la oposición pro-yanqui.
Es muy distinto con la oposición de izquierda. Desde afuera no llega ningún apoyo. Y aunque las ideas de izquierda crecen, en especial entre la juventud, la mayoría de los activistas se va a los liberales o los socialdemócratas ya que allí en buena medida pueden actuar. La única organización internacional que apoyó a nuestro movimiento durante algunos años, la UIT-CI, casi ha cesado de existir tras su división.

Problemas económicos

La economía de Bielorrusia tiene fuerte dependencia de Rusia. No sólo es casi su único mercado de venta, sino también la fuente de energía para su industria. El poder ruso, desde la época de Yeltsin, favorecía la economía bielorrusa y el poder de Lukashenko con el petróleo y el gas a precio mínimo. Éste, con su postura antiamericana, a diferencia de Ucrania y los países bálticos, le servía a Rusia. Aun así la estabilidad económica no asegura el buen humor de la gente, descontenta con la dictadura política.
Últimamente la relación entre el poder ruso y Lukashenko se ha tensado. El precio del gas aumentó y ahora el modelo económico oficialmente llamado “socialismo de mercado” empieza a mostrar fisuras. En las grandes empresas comenzaron despidos masivos, crece la inflación, bajan los niveles de exportación e importación. Con la suba de sus costos, la producción bielorrusa no es competitiva en el mercado ruso.
El gobierno de Bielorrusia busca febrilmente el apoyo de otros países. Hace propuestas al mundo árabe y a América Latina tratando de crear, según dice, una Internacional. Estableció relaciones estrechas con Hugo Chávez. Es difícil prever adónde llevará esa cooperación, pero no creemos que Lukashenko sea visto en el mundo como una figura política seria y un socio seguro.

Algunas reflexiones

Como la situación económica se torna crítica para el poder, la dictadura busca consolidarse y crear un enemigo maligno. Pero en Bielorrusia hasta el criminal está bajo control y la oposición política hace rato que cede ante el poder. ¿Es posible que en las duras condiciones de esta dictadura ocurra un acto terrorista en pleno centro de la capital, en medio del festejo y en presencia del presidente?
En la lucha contra el terror es posible igualar cualquier crimen del poder, máxime si hay crisis económica y actividad política espontánea de las masas. No tenemos conclusiones categóricas. Quizás el terrorista sea simplemente un loco. Pero recordando a los opositores a Lukashenko que han muerto de pronto, a conocidos políticos que desaparecieron sin dejar rastro, el escarnio policial a los estudiantes, la cruel represión a marchas pacíficas… se puede entender que este poder es capaz de todo.

Minsk, 9 de julio de 2008

Colaboración especial de Antos Sapega,
de nuestro grupo hermano en Bielorrusia


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