Hace falta un nuevo modelo de país

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La necesidad de debatir la reforma agraria

Si algo salió a luz con el conflicto agrario, es que la diferenciación social en el campo existe, como en toda la sociedad. Hay quienes tienen mucho y hay muchísimos más que tienen poco. Por dar algunos datos, la empresa Benetton posee 900.000 hectáreas, Cresud 460.000, Bunge 260.000, Amalita Fortabat 220.000 y los Anchorena 40.000. El grupo Grobo, de Gustavo Grobocopatel, administra a través de pools más de 120.000 hectáreas.
En la región pampeana, donde están las tierras más cotizadas, hay 4.110.600 hectáreas en manos de sólo 116 dueños. Y así sigue una lista de grandes privilegiados. Contrastando con esto, miles de chacareros pequeños tienen de promedio menos de 20 hectáreas y otros miles poseen 50 ó 100, presionados por los pools que rodean sus tierras e intentan permanentemente arrancarles las pocas que les quedan.
En un país tan rico en tierras como el nuestro, una profunda reforma agraria que redistribuya la tierra entre miles de trabajadores rurales y pequeños productores mejoraría cualitativamente los niveles de producción, eliminaría la concentración de la tierra y sería un fuerte golpe a los monopolios del sector.
Por supuesto, nada de esto se plantea el gobierno K. Pero sí es un reclamo legítimo y necesario a levantar en función de un proyecto distinto para el campo y para el país.

El campo argentino

* 170 millones de hectáreas agropecuarias

* 74 millones de hectáreas en poder de 4.000 dueños

* 35 millones de hectáreas en poder de los 1.000 terratenientes más poderosos

* 2,2 millones de hectáreas en manos de 137 mil agricultores


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