Panorama político – Entre pases de facturas y bronca popular

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Se desmorona el imperio de los K

La crisis continúa. La película comenzó en las rutas, pueblos y calles, siguió en el Congreso y ahora se expresa en el gabinete. Mientras en las alturas tratan de procesar una categórica derrota que ahora se llevó puesto a Alberto Fernández y amenaza al propio matrimonio gobernante, en las calles la decisiva victoria de los chacareros y de todo el pueblo, está tonificando los reclamos salariales y sociales y demandando un urgente cambio de modelo.

Llegó la hora del balance. Aunque la tormenta no cesó, en las filas del gobierno y el PJ, comenzó el pase de facturas. En las filas de los que combatieron del lado del gobierno, apenas se disipó un poco el humo de la batalla, algunos empezaron a tomar nota. La sombra del 2001 y las evidentes certezas de que el gobierno estuvo al borde de la caída, reconocido por el propio K., levantaron un coro de voces desde la prensa, el PJ, la burocracia sindical y la “oposición” llamando al gobierno a la cordura. Sobre todo cuando, cual sainete criollo (¿o tragedia griega?), Cristina salió a decir ridículamente que no habían perdido y que todo fue obra de un puñado de traidores.

Rebelión en la Rosada

Sin embargo el monarca Néstor sorprendió a más de uno al convocar a una cumbre de gobernadores, legisladores, intendentes, dirigentes sindicales y amigos, los que habían permanecidos “fieles” sin abandonar el maltrecho barco. En lugar de esbozar una reflexión, Néstor planteó la posibilidad de la renuncia de Cristina y suplicó a sus huestes la necesidad de preparar una nueva movilización “en defensa del gobierno popular”. Allí comprobó que no sólo le dio la espalda el pueblo, sino que lo cuestionaban los suyos que le pararon la chata. Scioli, al cual alinearse con el gobierno le produjo una caída de más de 20 puntos de imagen, dijo que era tiempo de autocríticas y cambios. Varios “barones” del conurbano fueron claros: “basta de movilizaciones”, reconociendo que ya no lograban arrastrar gente y que se estaba minando su propia base social. Y todos reclamaron que Cristina asuma su rol, que “el ex presidente en ejercicio” se corra de la escena y que por lo menos se detenga el timón de un barco que deambula sin rumbo. Un vergonzante reconocimiento de que el gobierno está en la lona. Que lo que se percibe en las calles, en el humor social y en las encuestas, es una realidad. Que la derrota que se empezó a gestar cuando el gobierno quedó suspendido en el aire entre el 14 y el 16 de junio cuando más de un millón ganaron las calles y las rutas, que se concretó con los 300.000 que se congregaron en la Marcha Federal y se legalizó en el Senado con la caída de la 125, es como el principio del fin. Que, además de un triunfo de los chacareros, es una enorme victoria popular que le ha propinado un golpe demoledor no sólo al gobierno sino a su modelo político y económico. Todos piden un cambio. Los amigos, los ex aliados y hasta la oposición como la de Carrió, que le piden a Néstor K. que de un paso al costado y asuma Cristina. Es una manera de reconocer los episodios que colocaron al gobierno borde de la caída y también la certeza que tal vez puedan volver a repetirse. Ya que, como marcan varios analistas no sin temor, está planteado no sólo una derrota electoral en el 2009, sino que el gobierno no termine su mandato.

Varias veces al borde del nock out

Ese jueves que K. reunió a sus amigos no fue la primera vez que los K. estuvieron al borde de la caída y tal vez no sea la última durante el gobierno de Cristina, que ha quedado sumamente golpeado por esta crisis. Entre el 14 y el 16 de junio, luego de la movilización masiva en el campo y la ciudad que desató la represión y detención de De Angelis, el gobierno estuvo por primera vez a punto de caer. Días después, el propio Kirchner reconoció que en ese momento la crisis amenazó la continuidad de su gobierno. Por eso debieron improvisar el envío del proyecto al Congreso para salir del borde de la cornisa, en lo que significó la primera derrota de esta batalla, cuando días antes habían declarado que “daban vuelta la página”.
La historia del Congreso no fue un trámite como cuando tenían la mayoría automática. La política desmovilizadora de las cuatro entidades, que ante el temor de que el gobierno se pudiera caer sacaron a la gente de las rutas, desmontaron la carpa en el Congreso y se negaron a convocar a una movilización nacional, como nosotros propusimos para el día en que se votaba, difirió el golpe de gracia. Pese a todo esto tuvieron que realizar 18 modificaciones al proyecto original, reconociendo por la vía de los hechos la existencia de los pequeños productores como actores centrales y que no eran la “oligarquía”, como venia vociferando el gobierno. Aun así fue un triunfo pírrico. Durante los días previos a la votación en diputados, ante el temor de una derrota, nuevamente el matrimonio presidencial amenazó con renunciar.
Y en el Senado se explicitó la caída de la 125. Con una descomunal presión desde abajo, las entidades se vieron obligadas a convocar a la Marcha Federal el martes 15-7. Movilización que fue el factor determinante para que se alcanzara el triunfo del día después y se derogara la cuestionada 125.

La rebelión agraria cambió el mapa político

Una fuente del propio peronismo relató crudamente la sensación que se vive en el PJ: “Hay olor a cadáver”, graficó, refiriéndose al liderazgo de Néstor Kirchner. Frente a la crisis las ratas han comenzado a abandonar el barco. Día a día crecen las voces críticas de más y más gobernadores y ex gobernadores. A los que se hicieron sentir durante las deliberaciones en el Congreso, como Reuteman, Solá, Schiaretti, De la Sota, Rodríguez Saá, Busti, se le suman exponentes del museo político como Duhalde e infinidad de intendentes. También kirchneristas como Das Neves y hasta el propio Scioli tratan de tomar distancia. Todos discuten qué hacer frente al gobierno y a la evidente fractura en el PJ y se preparan para los nuevos tiempos que vendrán. Lo mismo sucede al interior de la CGT, que tuvo una primera expresión con la ruptura de Barrionuevo y el 20% de los gremios, pero que amenaza con extenderse a nuevos sectores porque estar cerca de los Kirchner esta dejando se ser un negocio redituable. La crisis terminó de hacer estallar la tan anunciada Concertación Plural, con el divorcio de Cobos y la salida de los racicales k del gobierno. Mas allá de que algunos de estos sectores puedan resurgir de las cenizas y postularse como recambio a la crisis terminal en la que ha caído el kirchnerismo, muy difícilmente puedan convertirse en una alternativa creíble ante el pueblo como para disputar en un futuro el gobierno, por estar asociados a lo peor del pasado. Los más serviles, como los movimientos K., prebendarios y vergonzanrtes, salen muy golpeados y ya están ensayando críticas.
La crisis no solo golpeó en los alrededores del gobierno. También profundizó la división al interior de la CTA, entre los seguidores de Yasky que salieron a respaldar con todo al gobierno y los de De Gennaro.
También grandes debates se abrieron en fuerzas que se postulan desde posiciones progresistas como alternativa al gobierno. Como el SI de Macaluse que debatió hasta último momento su posición en el Congreso, aunque terminó votando en contra. La misma crisis dividió seriamente las fuerzas de Proyecto Sur, donde amplkios sectores cuestionan equivocadamente la posición de Lozano en el Congreso.
Entre la izquierda sectaria, los supuestamente independientes tanto del campo como del gobierno, con el paso de los días fueron tomando objetivamente partido por el gobierno. Algunos de manera expresa y otros vergonzantemente. A su posición equivocada en el conflicto ahora le suman análisis escépticos sobre el nuevo momento que vive el país. Estos sectores nunca comprendieron la fuerza de la movilización y por ello ahora menos entienden sus consecuencias. Les cuesta comprender lo que es un reflejo en los trabajadores: hay mejores condiciones para la pelea.
Sin lugar a dudas nuestro partido sale fortalecido de este proceso, por haber desplegado una política correcta, habernos movilizado unitariamente con otras fuerzas de izquierda y populares que llamaron a apoyar a los chacareros y haber sido parte en cada tramo de esta lucha en las demostraciones de fuerza en las calles.

La crisis sigue abierta

La renuncia de Alberto Fernández confirma el hundimiento del gobierno. Se fue contra la opinión de los Kirchner, que querían que se quedara. Reflejando tal vez un sector del establishmen que ve al gobierno como al Titanic y no quiere ser parte del naufragio. Por eso crecen las presiones del PJ y toda la oposición para que se vayan Moreno, De Vido, Jaime y casi todo el gabinete. El nuevo escándalo del INDEK parece certificar que Moreno tiene los días contados. Pero el improvisado nombramiento del intendente Massa como Jefe de Gabinete, y la elocuente foto con De Vido y Jaime, parecen certificar que los amigos K. siguen atornillados a sus sillones. El centro de los reclamos es que Kirchner salga de escena. Explicitando que, junto con la 125, se ha sepultado el modelo político y económico que durante los últimos 5 años lograron imponer en el país. Lo que nos permite afirmar que nada será como antes.
En lo inmediato no se avizora un oasis de calma. Esta crisis todavía tiene un final abierto. Porque lejos de recapacitar, el gobierno huye para adelante. Varios analistas buscan una explicación casi psicológica en la naturaleza autoritaria del matrimonio K. y sus antecedentes santacruceños. Seguramente algo de eso debe haber. No podemos olvidar que Kirchner no era un político de escuela sino que fue la salida de emergencia que encontraron para apagar el incendio abierto con el argentinazo del 2001.
Pero además hay razones estructurales que explican que el gobierno no pueda dar un giro “populista”. La crisis internacional y el agotamiento del rebote (crecimiento) económico nacional, con sus expresiones en la inflación, la crisis energética y el posible agotamiento de la “caja” del superávit, obliga el gobierno a apretar las clavijas. Por eso, pese a algunas medidas de maquillaje como el aumento del salario mínimo que sólo alcanza a 250.000 trabajadores, y a algunas concesiones que le arranca la victoria popular como la movilidad acotada de las jubilaciones, lo que se viene es aumento de tarifas, servicios, impuestos y más penurias con los precios de la canasta familiar.

Crecen los reclamos y la necesidad de un cambio de modelo

Hay mejores condiciones políticas para la pelea por la debilidad extrema del gobierno, pero vamos a conflictos duros porque los márgenes económicos están muy condicionados. Los monarcas de la Rosada pretenden recomponer las finanzas a expensas de los bolsillos populares para responder a los problemas estructurales y a los compromisos externos.
Los chacareros le pararon la mano, dando un gran ejemplo de lucha. Ahora son los trabajadores, los desocupados y demás sectores populares los que salen a reclamar siguiendo por el camino arado desde el campo.
Es así que los docentes de 6 provincias están en lucha, los trabajadores del neumático, los choferes de la UTA, en Córdoba hay una verdadera rebelión de los estatatales. También se preparan nuevas movilizaciones desde los movimientos de desocupados, ya que los planes siguen congelados en $150 y demuestran palmariamente el verso de la “distribución de la riqueza” de los K.
La tarea de los luchadores es apoyar con todas las fuerzas estos conflictos, abonar a su coordinación, exigir a la CTA y la CGT que rompan sus compromisos con el gobierno y convoquen a un plan de lucha nacional para reabrir paritarias y lograr un aumento general real de salarios, planes y presupuestos sociales. Hace falta un plan de emergencia para terminar con la inflación y que la crisis la paguen los de arriba y no los trabajadores, sectores medios y populares. Mientras se avanza en los debates de qué modelo de país se necesita y se dan pasos hacia una nueva alternativa política para luchar por ello.

Guillermo Pacagnini


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