A 68 años del asesinato de León Trotsky

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«Quien se arrodilla ante el hecho consumado es incapaz de enfrentar el porvenir»

Este 21 de agosto se cumplen 68 años del asesinato de León Trotsky. Durante décadas se intentó silenciar su legado y se montó un majestuoso aparato de mentiras al servicio del stalinismo. Por eso aún no ha sido reivindicado como se merece. El título de está página, una frase de León Trotsky, refleja acabadamente su personalidad.

Existen tantos Trotsky como personas lo recuerdan. Para algunos, su imagen es la uno de los protagonistas de la primera revolución obrera junto a Lenin. Otros se remontarán a sus hazañas al mando del Ejército Rojo o preferirán hacerse eco de sus lecciones dirigiendo el Soviet de Petrogrado. Otros, en cambio, sólo sabrán su nombre por la película de Richard Burton “El asesinato de Trotsky” y, los más jóvenes, lo habrán conocido por la película “Frida” en el 2002. Aún teniendo en cuenta el velo con el que se tapó la vida y la muerte de Trotsky, no caben dudas de que reflejó la síntesis histórica y personal de toda la experiencia del movimiento revolucionario.

Trotsky y el Partido Bolchevique

Lev Davídovich Bronstein nació en Yanovka, Ucrania, el 26/10/1879 según el calendario prerrevolucionario. Años más tarde, cuando en 1896 fue coronado el zar Nicolás II, Bronstein comienza su ligazón con la política integrándose a los círculos populistas de Mykolayiv. Poco tiempo después, se suma al movimiento marxista.
Su vida estuvo signada por la persecución, primero zarista y luego stalinista. Por eso tuvo que exiliarse en diversas oportunidades. Lejos de Rusia, en 1902 adopta el seudónimo de León Trotsky con el que pasaría a la historia. Allí se unió a Lenin, Mártov, Gueorgui, Plejánov y otros miembros del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso (POSDR) que editaban el periódico Iskra. Durante esta época no es ni bolchevique ni menchevique. Recién en el 2º Congreso del POSDR en 1903, Trotsky se alineó con los mencheviques, calificando a Lenin como el “jefe del ala reaccionaria” y desorganizador del POSDR.
Cuando la revolución de 1905 se respiraba en el aire, Trotsky se apresuró a regresar a Rusia. Fue uno de los organizadores del primer soviet de San Petersburgo, siendo uno de sus principales dirigentes. La revolución fracasa pero siembra el germen de la pelea contra el régimen zarista y Trotsky es deportado a Siberia. La siguiente década la dedicaría a defender sus ideas intentando edificar los cimientos de lo que luego sería la Revolución de Octubre.
El estallido de febrero, en 1917, lo encuentra en Nueva York, colaborando en un periódico ruso de exiliados. Llegó a Rusia en mayo y no tardó en asumir la jefatura de la organización socialdemócrata inter-distrital, uniéndose al Soviet de Petrogrado del cual fue presidente. Por aquel tiempo era considerado como el dirigente más elocuente de la izquierda soviética. Inmerso en las discusiones políticas de la época, ingresó en el partido bolchevique en el mes de julio y fue elegido miembro de su Comité Central.
Las diferencias con Lenin se zanjan y coinciden en la necesidad de derrocar al gobierno provisional de Kerensky. Les urge fortificar al partido y a los soviets. Así, sus esfuerzos se dirigirán a recabar apoyos para que el movimiento bolchevique protagonizara la primera revolución socialista.
Son meses de grandes epopeyas que habían comenzado con la toma del Palacio de Invierno. El ejército blanco junto a tropas de 14 países intentaba cercar la primera revolución obrera del mundo. Al mismo tiempo, las tropas rusas eran diezmadas en los frentes de la Iª Guerra Mundial. Había que proteger la revolución, y Trotsky se ve obligado –por las circunstancias– a firmar con los alemanes el tratado de Brest-Litovsk. Esa fue una de sus tácticas para defender el triunfo de octubre. Además, crea el Ejército Rojo. Era un ejército diferente, sólo podían integrarlo obreros y campesinos; nadie tenía privilegios. La disciplina en el frente de batalla era de hierro pero en los cuarteles Trotsky incentivaba las discusiones y escuchaba todas las opiniones. A todos los soldados se les inculcaban principios internacionalistas y la lealtad hacía los intereses de la clase obrera. Esto se reflejaba en el juramento que las tropas realizaban cada 1º de mayo y que decía: “Yo, hijo de padres obreros y ciudadano de la URSS, asumo el título de soldado del Ejército de obreros y campesinos… Me comprometo a abstenerme de toda acción contra la dignidad de ciudadano soviético y a impedir que las cometan mis compañeros.” Años después, este juramento sería demolido por el stalinismo.
Junto a Lenin, Trotsky había preparado el camino organizando las masas para la revolución que cambió el rumbo de la historia. Así lo refleja el escritor norteamericano John Reed cuando dice “sigue estando de moda llamar ‘aventura’ a la insurrección bolchevique. Sí, fue una aventura… que irrumpió como una tempestad en la historia al frente de las masas trabajadoras y lo puso todo… en aras de la satisfacción de sus inmediatas y grandes aspiraciones. Estaba listo el aparato para repartir las grandes haciendas de los latifundistas entre los campesinos. Se habían constituido los comités de empresa y los sindicatos para poner en marcha el control obrero en la industria. En cada aldea, ciudad, distrito y provincia existían Soviets de diputados Obreros, Soldados y Campesinos, dispuestos a asumir la administración local”.

La pelea por salvar la tradición leninista

Lenin había visto los problemas de la burocratización en el Politburó e intentando reflejar los peligros escribe su testamento. En oposición a Trotsky, se habían unido Zinóviev, Kámenev y Stalin que comenzaron a montar las mentiras que permitirían expulsar a Trotsky del Partido y de la Unión Soviética.
Comienza así su peregrinaje por diferentes países donde podía expresar sus críticas al stalinismo. Natalia Sedova, su esposa, lo acompañaba en la nueva epopeya que se planteaba. Había que defender la herencia leninista que se desmoronaba en la URSS. Ella dijo que comenzaban a rodearnos “fantasmas con la frente agujereada.” La dolorosa metáfora reflejaba la política del Estado totalitario stalinista que necesitaba asesinar para consolidar la teoría de socialismo en un solo país.
Los números de aquellas décadas son contundentes. Más de la mitad de los delegados al congreso del ’34 fueron eliminados. Más de 30.000 de entre 180.000 cuadros del ejército fueron arrestados. Según estadísticas, el personal administrativo pasó de 1.450.000 miembros en 1928 a 7.500.000 en el ’39. Fueron miles los fusilados en las purgas de Moscú. Millones los que desaparecieron en los gulags, que eran campos de concentración.
Stalin borraba todos los vestigios de Trotsky en la revolución y el fascismo avanzaba con paso seguro por Europa. Pese a estar en minoría despliega su inteligencia dando alternativas para pegarse a las masas en España, Alemania, Italia y Francia. Esta flexibilidad política está en las antípodas del dogmatismo rígido que alguno imagina.
Con “El programa de transición” del ‘38 refleja sus críticas al régimen stalinista y sienta las bases de lo que luego sería el “trotskismo”. Reclamaba plena independencia para los comités de fábrica y los locales con respecto a las administraciones del Estado. Marca el pluralismo político, la independencia de los sindicatos ante el partido y el Estado y que las libertades democráticas se transforman en cuestiones de principio, en la medida que expresan la heterogeneidad del proletariado y los conflictos de intereses susceptibles de perdurar mucho más allá de la conquista del poder.

La pelea por la Internacional

Trotsky combatió mientras pudo el rol que jugaba la internacional comunista de Stalin. Repudiaba el abandono de la consigna de los Estados Unidos Socialistas de Europa. Intentó luchar en el seno de la III Internacional hasta que es expulsado e inicia su lucha por construir la IV Internacional. En 1938 funda, así, el Partido Mundial de la clase obrera.
Le auguraba a la URSS una revolución política que no llegó a ver. Con “La Revolución Traicionada” pronostica el certificado de defunción del régimen con el que Stalin había abortado la revolución.
Corrían tiempos difíciles, la crisis económica, el fascismo y el stalinismo hacían estragos. Fueron los trotskistas de aquel tiempo quienes, a costa de sus vidas, alertaban e intentaban organizar a la clase obrera mundial para lo que venía. El esfuerzo de Trotsky y sus colaboradores se enfrentaba con la mano asesina de Stalin que llegó a matar a León Sedov, su hijo, entre otros invaluables compañeros que peleaban por construir la Oposición de Izquierda.
El dirigente trotskista francés Daniel Bensaïd dice en este sentido “este combate solitario en un jardín perdido en las afueras de México es quizás el más importante a sus ojos; Octubre podría haber tenido lugar sin él, quizás incluso sin Lenin puesto que cuando la historia avanza por su lado bueno encuentra a los hombres que necesita. Es en la derrota cuando se vuelven irremplazables. Cuando los vientos son adversos los justos se vuelven escasos”.

El legado de Trotsky

León Trotsky fue asesinado por las marionetas de Stalin en México hace 68 años. Dejaba una de las tareas más importantes de su vida inconclusa. Nahuel Moreno fue uno de los que intentó tomar la posta y emprendió el que sería el gran desafío de su vida. El continuó con gran esfuerzo la pelea por construir la IV Internacional –a pesar de las dificultades– y por ligar el partido a las masas, adaptando sus formas organizativas a las coyunturas de cada momento. Había aprendido que el trotskismo, lejos de abrazar dogmas, sienta sus cimientos en los obreros que, día a día, dan batalla contra el capitalismo sin saber que pueden cambiar otra vez el rumbo de la historia como antes lo hicieron los obreros y campesinos rusos.
Moreno acostumbraba a decir que “si el trotskismo no existiera, habría que hacerlo”. Tal era su convicción sobre él único “marxismo revolucionario de la actualidad”. Los aportes de Moreno como discípulo y continuador son un homenaje perenne al Viejo. En ese sentido, el MST quiere seguir el ejemplo del partido bolchevique, el partido de revolucionarios socialistas internacionalistas por el cual vivió y murió Trotsky.

Mario Doglio


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