La Obamamanía

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El candidato demócrata a la presidencia de EE.UU. Barack Obama se transformó en un fenómeno internacional durante su gira por Europa y Medio Oriente entre el 19 y 26 de julio. En un acto en Berlín 200.000 personas corearon «presidente, presidente.» Como si viviésemos todos bajo el imperio, la campaña electoral de EE.UU. se ha internacionalizado y la epidemia de la obamamanía recorre el mundo.
Tras ocho años del arrogante y prepotente Bush encabezando un gobierno que ha hecho retroceder los derechos y condiciones de vida de los estadounidenses,
tanto como las vidas que ha destruido y el dinero que ha derrochado en Medio Oriente; al ver a un candidato joven, negro, con oratoria anti-Bush y con un discurso que plantea un “gran cambio” y que encima derrotó a Hillary Clinton, encarnación de la vieja política, genera entusiasmo en amplios sectores. Obama aparece como una bocanada de aire fresco después de años de asfixia.
Sin embargo, en el momento que el virus obamamanía se internacionaliza, en EE.UU. las encuestas muestran un
retroceso frente a su adversario John McCain. El republicano es el  candidato más aburrido en la historia del país con la
constitución democrática más antigua del mundo; un veterano de Vietnam, del partido del innombrable presidente más repudiado en la historia yanqui. Aunque a sus actos concurren más periodistas que gente (el anti-Obama) hoy empató a Obama en las encuestas, cuando hace pocas semanas perdía por amplio margen.

Amaga a la izquierda, pero gira a la derecha

¿Cómo es esto posible? Es que en EE.UU. el entusiasmo que había generado
Obama ya chocó de frente con su primer muro con el abrupto giro a derecha que pegó el candidato sin mucho disimulo después de ganar la interna demócrata.
Ha girado 180 grados para apoyar la pena de muerte y las escuchas telefónicas; que los problemas de los negros en EE.UU. se originan en su falta de voluntad; ha admitido que su plan de retirada de Irak de 16 meses puede llegar a «deslizarse» en pos de garantizar la seguridad de las tropas, y que  mantener la presencia militar en Irak puede resultar necesario para asegurar que Al-Qaeda no se restablezca.
Este viraje generó una espectacular desilusión en miles de jóvenes que se habían entusiasmado con el “candidato del cambio”.
Con el voto progresista presuntamente en el bolsillo, la campaña de Obama ya está en la etapa de demostrar a la burguesía que será capaz de defender sus intereses en el mundo. Más allá de la retórica, su gira fue para dejar en claro que será un mejor general que Bush en la guerra contra el terrorismo; que tiene un mejor plan para Irak, que va a escalar la guerra en Afganistán mandando muchos soldados más, que necesita que Europa contribuya más tropas y, por supuesto, que le asegura al Estado de Israel su apoyo incondicional.
El Obama del cambio ya fue. Este es el Obama de la continuidad; el que últimamen-te ha endurecido sus amenazas contra Irán y sus críticas al gobierno “autoritario” de Chávez. Este es el Obama que en plena gira, refiriéndose a la política exterior, le aseguró al columnista del New York Times David Brooks que «en algunos aspectos sería más duro que la administración Bush». Y añadió: “Los generales están ocho años más adelante que los civiles. Ellos están tratando de hacer el trabajo en vez de hacerse los duros”.
El entusiasmo que infecta a tantos en Europa y el mundo por Obama se irá sanando en la medida que éste vaya demostrando que no es más que la nueva cara del imperialismo yanqui.

Federico Moreno


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