Asumió Lugo

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El nuevo Paraguay político

Las ondulantes calles de Asunción, los carteles de propaganda, los edificios en su mayoría coloniales, andan como teñidos. No hay un color fijo: negro, celeste, azul, blanco, contrastan con el tradicional colorado de los últimos 61 años. Con esperanzas a cuestas anda el pueblo paraguayo. Tiene una alegría ganada tras tantos años de frustraciones. Lugo tiene el 93% de imagen positiva. Algo nuevo se está gestando en el seno de una sociedad profundamente reprimida tanto tiempo. Es lo que pudimos ver en nuestro viaje a Paraguay.

Mientras caminábamos por el
empedrado hacía las lisas ave nidas, observábamos, respirábamos ese aire. Al llegar a la Plaza del Congreso miles y miles de personas flameaban banderas al ritmo de polcas y guaranias, tradicionales ritmos paraguayos. Las diferentes comunidades guaraníes, los campesinos sin tierra venidos de todo el país, las empobrecidas capas urbanas que bordean Asunción, llamado Departamento Central, sienten que el gobierno les va a dar repuestas y soluciones a sus problemas.
Frente a la plaza, en la puerta del moderno Palacio Legislativo, de espaldas al bellísimo río Paraguay, Lugo es observado por millones de compatriotas como el presidente, pero fundamentalmente como quien deberá ser el artífice del nuevo Paraguay sin corrupción, con amplias libertades democráticas, donde el más humilde tenga posibilidades de una mejor vida.
Allí estaba el ex obispo frente a la mayoría de los presidentes sudamericanos -los más aplaudidos, Evo Morales y Chávez- y del espectro político paraguayo, nuevo y viejo.
La soberanía sobre las represas hidroeléctricas Yaciretá e Itaipú, la recuperación de los recursos naturales, la reforma agraria, el problema de los emigrantes que no pueden votar, son todos temas ratificados por Lugo al tomar la presidencia y que fueron rubricados con grandes ovaciones por parte de la multitud en la plaza.
La vestimenta de Lugo refleja la más tradicional del país campesino, camisa blanca (a’poy) pantalón negro occidental, en los pies sandalias, común de los pueblos guaraníes: síntesis cultural traducida en vestimenta. Recordó al gran escritor Augusto Roa Bastos y al creador de la Teología de la Liberación, Leonardo Boff.
Hay emblemas que certifican la nueva situación y el descreimiento en las instituciones. Por ejemplo, todo el tiempo se ve a Lugo acompañado de un cura de grandes proporciones, el cual es su guardaespaldas personal y no tiene otro. Es tradición que el ejército se encargue de la custodia del presidente; ahora por primera vez en la historia se encarga la policía, pero pegado a él sólo está su círculo íntimo.
En cuanto a los emblemas, las banderas de la izquierda no son rojas. Son de cualquier otro color, en general combinados. La de Tekojoja es verde y blanca. La del P-MAS tiene diferentes combinaciones, azul y blanca, roja y negra, etc. El color rojo, con los cuales han pintado toda la vida sus actos, sus pintadas, sus afiches, sus edificios, es de los tradicionales colorados.
Hubo grupos folclóricos de diferentes países sudamericanos. La canción del Che tal vez sea el emblema del nuevo Paraguay, cantada repetidamente en cuanto acto o festival fuera uno. Es increíble escuchar en lugares públicos este tema, símbolo de la izquierda; ver a Chávez como pez en el agua con su voz estridente donde se lo quisiera escuchar; ver a los guaraníes ovacionar con orgullo a Evo.
Es un nuevo gobierno que tiene grandes desafíos. Hay un pueblo que parece dispuesto a dar la batalla para salir adelante, con la desventaja de la inexperiencia, pero la virtud de estar abierto a las nuevas expresiones de izquierda que surgen en el proceso. Con un discurso de Socialismo siglo XXI, un gabinete heterogéneo, con una derecha todavía shockeada y en crisis, pero que mantiene una fuerte presencia en todas las instituciones, el cambio no es fácil. Pero las posibilidades están claramente abiertas.
Todo dependerá, por encima de las palabras y proyectos, del proceso político, de la movilización y la lucha que puede empujar hacia la izquierda, pero que hay sectores que quieren detener.

Alfredo Miñarro


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