Carta del nieto a su abuelo

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Se te extraña

Desde que te fuiste, me di cuenta que estoy extrañando muchas cosas…
Extraño verte escuchando la radio, clavada en esos tangos que no sé cómo hacías pero solamente vos sintonizabas, tratando de entonar y de seguir las letras.
Se extraña el ruido de las herramientas que, me imagino, habrán hecho putear más de una vez a alguna vecina. No sabés el silencio abrumador que hay ahora en casa.
Se te extraña disfrutando esos guisos calientes de la abuela, y se extrañan también los guisos de la abuela… Desde hace ya un tiempo no los hace tan seguido.
Se extrañan las anécdotas, las historias y también las teorías, esas que vos decidías y determinabas sin ninguna explicación.
Extraño los mates de verano, helados, como se toman allá en Misiones.
Extraño el susurro cuando leías.
Se extrañan los días que andabas contento, los días que andabas enojado y también los días que solamente andabas de acá para allá.
Se extraña verte discutir de política, con unas ganas y una fiereza que no todos tienen.
Extraño la fuerza, las ganas de vivir, la valentía y tu aberración por todo eso que la gente llama vejez… Eras un pibe en un cuerpo viejo.
La otra vez, pensando todo esto te vi en un sueño: estabas trabajando –no podía ser de otra manera– en tu taller y yo te miraba sentado desde la escalera. Desde esa vez, trato de buscarte para verte un poco más seguido; miro cada una de las estrellas, miro las nubes y el viento. Estoy seguro que en el viento te voy a poder encontrar. Más que un viento creo que va a ser un vendaval y te voy a poder decir lo mucho que te extraño.


Nahuel


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