Editorial – Se sabe que los Kirchner no van más…

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¿Qué hacemos entonces?

El reinado de los Kirchner está en uno de los momentos más complicados que le haya tocado vivir. Cada cosa que pasa en la Argentina y en el mundo colabora para desenmascarar 5 años de mentiras. Entre los trabajadores y el pueblo hay un momento de gran incertidumbre y desconfianza sobre el futuro para la economía de sus hogares. Se sabe que cada vez que hay crisis, intentan que la paguemos los de abajo.

El mundo capitalista entró en pánico por la crisis financiera en pleno desarrollo. No es la primera vez. ¿Cómo encaró el matrimonio soberbio los anteriores temblores y el actual? Diciendo: la Argentina tiene “blindaje”, hay “desacople” de los mercados internacionales porque estamos “bárbaro”. Semejante verso sostenido durante años -incluso repetido por Cristina con el derrumbe en sus narices y cosechando críticas de todos los costados- ya no soportó el peso de la realidad y tuvo que reconocer: “Sabemos que si en los grandes centros hay problemas, de algún modo u otro siempre llegan…”. Claro, ya no hay cómo esconder que se vislumbra un panorama negro: el riesgo país sigue por las nubes, va a bajar el precio de los commodities, van a caer los ingresos fiscales, habrá menos plata para sostener el gasto público y el tan mentado crecimiento va a sufrir una fuerte desaceleración, entre algunos de los tantos problemas que causará la brutal crisis capitalista en nuestro país. El impacto es inocultable.

Dijeron que pagando la deuda externa ganábamos en independencia y progreso. Otra mentira gigantesca. Antes Kirchner le pagó al contado al FMI. Y hace semanas anunciaron con bombos y platillos el pago de 6.700 millones de dólares al Club de París. En la gira por EE.UU. la Presidenta afirmó que recibió una oferta de tres bancos para cancelar la deuda con los bonistas, diciendo que «las condiciones son mucho más favorables que en el canje de 2005». Mucho bla-bla antiimperialista, pero los Kirchner siempre se terminan bajando los pantalones. Y, ¿cómo estamos? Cada vez peor. Encima, los organismos usureros piden más y quedan bonos en cesación de pagos por 20 mil millones de dólares en poder de ahorristas que quieren cobrar.

¿Los problemas vienen sólo de afuera? Para nada. Un pantallazo interno demuestra que la gestión K empalma perfectamente con el descalabro exterior.

El nuevo presupuesto preparado por el ejecutivo, viene de la mano de superpoderes para manejar las partidas al antojo de la presidenta. Incluso para destinar fondos a obras faraónicas como el Tren Bala. El proyecto de ley jubilatoria sigue dejando insatisfechas las demandas más elementales de los más viejos y necesitados. Ambos proyectos no conforman ni a los pocos amigos que le quedan al gobierno.

Los empresarios, aliados predilectos del gobierno, ya reclaman ajustes en el dólar y más protección a la industria. Hasta Moyano, alcahuete si los hay, empieza a hacer amagues de presionar, ante los reclamos que recibe día a día de la base obrera.

La situación inflacionaria es tan grave que hasta el burócrata traidor de Smata, José Rodríguez, pide un 50% de aumento salarial. No hay Moreno, ni índice trucho que pueda esconder los aumentos de precios.

¿Son expresiones sectoriales aisladas en medio de un mar en calma? Tampoco. La corrupción, ya puede afirmarse sin miedo, es moneda corriente en todas las esferas gubernamentales. Intentaron sostener a Bendini, en el medio de la corrupción castrense generalizada, y no pudieron. Tuvo que irse, implicado en el desvío de fondos durante su paso en la Brigada Mecanizada XI de Río Gallegos. Esta semana declara Antonini Wilson, mientras aumentan las evidencias que los $800 mil encontrados son sólo una parte de los fondos que se habrían enviado desde Venezuela a la campaña de Cristina. El crimen de Forza fue conectando los millonarios fondos del narcotráfico a los aportes de la campaña presidencial. La corrupción sigue siendo parte estructural del modelo económico, igual a la época de Ménem.

¿Con qué apoyos cuenta el gobierno? Desde el piñazo que le dieron los pequeños productores y autoconvocados del campo, el descrédito y el aislamiento del gobierno no paró de crecer. El PJ y la CGT siguen siendo un mosaico de caudillos tirando cada uno para un lado distinto, de acuerdo a quién pague mejor o a los intereses coyunturales que defiendan. La población se aleja cada día más de la soberbia, la mentira y la prepotencia de los Kirchner.

Y las luchas van creciendo en extensión y fuerza, a pesar de los frenos que le ponen los dirigentes proclives al gobierno. Son los docentes, los estatales, los que defienden la jubilación, los profesores universitarios, los estudiantes… Aumenta la presión de la caldera social, van surgiendo nuevos dirigentes tanto en las luchas como en las elecciones sindicales contra los viejos dirigentes. Apoyar estas luchas y el desarrollo de nuevos dirigentes sindicales combativos y democráticos, es una tarea actual que tenemos planteada.

Pero, ¿cuál es la alternativa política al desbarranque K? El desprestigio de Néstor y Cristina es profundo. Tanto que cuando decimos, “No van más”, nos contestan: “Chocolate por la noticia”. La cuestión es, entonces, qué hacer para producir un cambio.

En las huestes de la “oposición” apuran el reciclaje de viejos personajes con vistas al 2009. Pero tanto las fracciones disidentes del PJ, como los radicales y Macri (jaqueado por luchas en la Capital), no dejan de reflejar sus limitaciones. Tampoco Carrió tiene un proyecto verdaderamente alternativo al modelo en curso. Es porque, aunque intenten aparecer como distintos, son parte de los viejos partidos, el PJ y la UCR, que ya gobernaron y nos hundieron. No tienen un modelo económico ni político diametralmente diferente al actual.

Los luchadores políticos y sindicales, ante la debacle del modelo K, tenemos una oportunidad única para empezar a construir una alternativa. Siguiendo los pasos de los pueblos venezolano y boliviano, tenemos que avanzar en poner de pie una alternativa política amplia y unitaria. No puede ser oportunista, en el sentido de buscar acercamientos al gobierno. Tampoco puede ser sectaria, negando la necesaria amplitud programática y en la acción que requieren las actuales circunstancias.

Desde el MST venimos proponiendo una confluencia de los sectores que se han postulado con propuestas alternativas al gobierno, provenientes de distintas extracciones, con la izquierda política y social. El sector de la CTA que impulsa la Constituyente Social, Proyecto Sur, Solidaridad e Igualdad, dirigentes de la Federación Agraria, PCR/CCC, etc. que de proponerse dar pasos hacia una confluencia alrededor de un programa de ruptura con el actual modelo y que ofrezca una salida a las necesidades de los trabajadores y el pueblo tendría una respuesta positiva. Sería un paso muy progresivo para convocar a nuevos sectores políticos y sociales y conformar una alternativa política amplia. Lamentablemente, hasta el momento no se han avizorado desde estos sectores señales concretas de querer caminar en dicho rumbo.

Los tiempos apremian. la disputa política con las variantes del modelo es ahora y se viene la batalla electoral del 2009. Por ello, a la par que continuaremos nuestro llamado, desde el MST seguiremos avanzando junto a todos aquellos sectores que tengan la voluntad política de confluir y dar pasos efectivos para que la concreción de la alternativa política que se necesita deje de ser un proyecto y se transforme en realidad.


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