La salida es socialista

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Ante un panorama de crisis aguda, cuya perspectiva es a agravarse, en todo el mundo se debate hacia dónde ir. Algunos piden terminar con el “neoliberalismo” y pasar a otro modelo, dentro de los marcos capitalistas, pero con más intervención del Estado y alguna forma de distribución de la riqueza. Desde ya, compartimos que las riquezas de los países no se deben concentrar en pocas manos y que los recursos se deben destinar a acortar la enorme brecha entre ricos y pobres. Pero la crisis es tan profunda y estructural, que sólo es posible salir de ella con una propuesta de cambio económico, político y social de fondo: el socialismo.
Las exigencias de aumentos presupuestarios y mayores impuestos al capital financiero son correctas, pero insuficientes ante el grado de miseria y de destrucción de la naturaleza. Como decía el Che en los ’60, sobre las propuestas que se hacían en los marcos del sistema, “una aspirina no puede curar el cáncer”. Hoy esa verdad se reafirma, y nos pone ante el desafío de construir un camino revolucionario para nuestro país y el mundo: una salida de socialismo con democracia, distinta a la caricatura estalinista burocrática y dictatorial.

Los países independientes: una oportunidad de avanzar

Nuestro continente, en medio de un proceso revolucionario, dio a luz países independientes del imperialismo. Venezuela, Ecuador y Bolivia se levantan -junto a Cuba- como proyectos que no siguen los dictados de EE.UU. Apoyamos a esos pueblos que buscan su propio futuro y defendemos las medidas de recuperación de recursos naturales como el petróleo o el gas; como avances que ayudan a mejorar el nivel de vida de millones.
A la vez, sería un error detenerse allí. En Venezuela hay que avanzar, nacionalizando el sistema financiero. En Bolivia, atacar las empresas, tierras y bancos de la oligarquía separatista de Bolivia. En Ecuador, apoyarse en el triunfo en el referéndum para avanzar sobre los recursos. En Paraguay, iniciar un proceso constituyente y la reforma agraria. Y sobre todo, a nivel continental, impulsar un mismo plan de medidas anticapitalistas y la utilización en común del petróleo, los alimentos, el gas, los minerales y demás riquezas. Como todo proceso, o se profundiza o se corre el riesgo de retroceder. Y ante la crisis del capitalismo, no se puede vacilar: hay que profundizar un rumbo de transición hacia economías socialistas en la región.

La salida socialista, posible y necesaria

Quienes a principios de los ’90 auguraban el triunfo definitivo del capitalismo y la inviabilidad del socialismo, hoy intentan piruetas explicativas. Quienes proponemos una salida socialista estamos, en cambio, ante la oportunidad de seguir este camino. Se vuelve necesario y posible luchar por un proyecto socialista, porque de la miseria de millones sólo se puede salir terminando con la estructura económica capitalista, poniendo las empresas, tierras, recursos naturales y los sistemas bancarios, de crédito y el comercio exterior en manos del pueblo. El capitalismo está mal, pero va a pelear a muerte por seguir ejerciendo su poder. No caerá solo si no lo derrotamos, luchando sin tregua. Y para que de esta crisis no terminemos en más explotación y miseria, camino a la barbarie, es urgente impulsar y apoyar los procesos de lucha, y construir a la vez alternativas políticas amplias y unitarias, que disputen a sectores de masas y propongan una salida socialista.

Un nuevo milenio, un nuevo modelo socialista

En el siglo XX se hizo la Revolución Rusa. Luego se incorporaron distintos países como economías socialistas o en transición. El proceso de degeneración de la burocracia soviética bajo el stalinismo hizo fracasar esa experiencia. China siguió un curso similar y construyó un aparato burocrático que controla hoy la vuelta al capitalismo bajo un régimen de superexplotación. Esas malas experiencias abrieron legítimas dudas sobre qué modelo socialista seguir. Hoy, cuando se reabre el debate, hace falta proponer un camino de medidas económicas socialistas, partiendo de rechazar los regímenes políticos burocráticos. Nosotros defendemos un modelo político donde las organizaciones obreras, populares y campesinas sean las protagonistas y las que decidan, y que se jueguen a incorporar a los sectores medios que estén dispuestos a sumarse.
El modelo socialista también debe levantarse contra cualquier indicio de corrupción o enriquecimiento de funcionarios y dirigentes: debe primar el control social y de las bases para poder castigar estas acciones. También se necesita plena libertad política para organizarse y expresar libremente las opiniones, y ser parte de un proceso continental y mundial de perspectiva socialista. En síntesis, un modelo socialista que retome la esencia de los primeros años de la Revolución Rusa, donde se combinaban las medidas profundas con la organización revolucionaria de millones y la libertad para opinar y decidir. Sobre esta base, hay que incorporar las experiencias nuevas que dieron las luchas de las últimas décadas.

El MST te invita a construir un partido socialista

Para luchar por este modelo socialista es preciso construir una herramienta política, un partido socialista que -alejado del sectarismo y del reformismo- intervenga con fuerza en este proceso de luchas sociales y debates políticos. Nuestro partido, el MST, te invita construir juntos esa herramienta en nuestro país, y también a nivel internacional. A que cada uno traiga con toda libertad sus opiniones y propuestas; a que organicemos en común cada lucha y reclamo. A que levantemos con más fuerza que nunca un proyecto revolucionario y socialista, construido entre miles, peleando en cada sector sindical, barrial y estudiantil, y coordinando toda esa fuerza en una estrategia socialista y una organización política común para derrotar el poder de los capitalistas, sus partidos y políticos profesionales. Ese es el desafío al que te invitamos a sumarte.

Sergio García


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