Presupuesto 2009, deuda y coparticipación

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El que parte y reparte…

… se queda con la mejor parte. El viejo dicho también lo cumple el proyecto de Presupuesto 2009 que está debatiendo el Congreso nacional. Es una gran estafa, porque Cristina Kirchner mantiene los vergonzosos superpoderes para desviar fondos a su gusto, dibuja una inflación ficticia del 9%, destina 25.000 millones a seguir pagando la deuda externa trucha y no soluciona los problemas sociales.

A través de la AFIP, el Estado nacional recauda diversos impuestos en todo el país. Algunos, como las retenciones a las exportaciones agrarias, no son coparticipables: la Nación directamente se queda con todo. De otros, como el Impuesto al Cheque, retiene el 70% y distribuye el resto a las provincias. A su vez, éstas luego reparten entre sus municipios o departamentos. Este mecanismo se llama coparticipación federal.

Mediante reformas, año a año este sistema se fue haciendo más injusto, siempre en beneficio de la Nación y en desmedro del interior, sobre todo de las provincias más pobladas. La primera inequidad es que el Poder Ejecutivo Nacional, o sea la presidencia, se queda con la parte del león de la recaudación. Los K utilizan esos millones, en primer lugar, para pagarle la deuda externa a los bancos imperialistas, y también para comprar la voluntad política de gobernadores e intendentes. La segunda injusticia es que el reparto entre las distintas provincias no es proporcional a la cantidad de habitantes y a sus necesidades, como debería ser.

Originalmente, la coparticipación preveía un 60% para la Nación y un 40% para las provincias. Además éstas, con la transferencia y la descentralización, debieron tomar a su cargo la educación, la salud y otros servicios públicos. El último Pacto Fiscal redujo la proporción que reciben al 34%. Pero el Presupuesto 2009 apenas les destina un miserable 24,8%: casi 10 puntos por debajo del piso legal mínimo y el porcentaje más bajo de los últimos 50 años. Son unos 80.000 millones de pesos. Además hay otros 15.600 millones que el Poder Ejecutivo podrá repartir a discreción, según su conveniencia política. Pero aun con ese monto, no se llega ni al 29% del Presupuesto.

Las provincias hoy bancan casi el 50% del gasto público nacional: administración del Estado, salud, educación y seguridad, sobre todo. En cambio, reciben menos del 30% de los recursos totales. Por eso varias de ellas tienen sus cuentas en rojo, lo que las hace más dependientes del poder político de la Casa Rosada. Entre las provincias más perjudicadas, la primera es la de Buenos Aires, la más poblada: en los años ’80 se le quitaron 6 puntos de coparticipación. En plata, esto hoy sería más de 5.000 millones de pesos al año, que bien podrían ir para aumento del salario docente, para salud, trabajo y demás necesidades sociales.

En los últimos tiempos, el ex presidente Kirchner y el jefe de gabinete de Cristina, Sergio Massa, salieron a decir que sería necesaria una nueva ley de coparticipación federal. Y proponen elaborarla para el 2010, año del bicentenario. Pero es pura demagogia electoral. Los K vienen gobernando el país desde hace cinco años y tienen mayoría en el Congreso. Si quisieran, hace rato que podrían haber establecido una coparticipación justa. Pero todos estos años hicieron caja política desde el poder central. Si ahora prometen cambiar, es porque saben que cada vez más sectores del pueblo repudian el robo que significa la actual coparticipación federal.

Esa cooparticipación injusta está acompañada de otras estafas. En 2003, Néstor K prometió 710 nuevas escuelas para 2007. Días atrás, el secretario nacional de Obras Públicas dijo que ya hicieron 560 y terminarán las otras 150 en 2009, o sea con dos años de atraso. En marzo pasado, Cristina prometió otras mil escuelas en seis años, también con créditos del BID. Aunque deberían construir 167 por año, en este Presupuesto sólo hay fondos para 120. Es una triple estafa: prometen menos escuelas de las que hacen falta, ponen menos plata de la que prometen y encima ni siquiera usan en tiempo y forma lo poco que ponen.

En los ’90, Carlos Menem le dio jugosos subsidios estatales y beneficios impositivos a la curtiembre de la familia Yoma, en La Rioja. La empresa hoy pertenece al grupo brasileño Bom Retiro (que además quiere comprar CIDEC, una curtiembre recuperada por sus trabajadores). En el Presupuesto 2009, por ejemplo, Cristina propone darle a Bom Retiro una exención fiscal por 130 millones de pesos y además fondos para construir una planta de efluentes. Los K cacarean contra la época menemista, pero hacen lo mismo.

Hay razones de sobra para oponerse al proyecto de Presupuesto K 2009. La primera es que se privilegia cumplir con los acreedores internacionales, pero no con el salario y las jubilaciones, la educación, la salud y demás necesidades del pueblo. Distintos sectores ya nos pronunciamos en contra y hay iniciativas de todo tipo para rechazarlo, como acciones de repudio, abrazos al Congreso y marchas. Las organizaciones políticas, sindicales, estudiantiles y de desocupados tenemos que impulsar la movilización contra el proyecto del gobierno, que no sólo no resolverá ninguno de los problemas de los de abajo sino que los agudizará. Desde el MST llamamos a la más amplia unidad de acción para enfrentar este nuevo ataque kirchnerista.


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