«Transparencia» en el INDEC

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Otra farsa K

Desde que Sergio Massa asumió como Jefe de Gabinete dijo que se iba a encargar de transparentar las cifras del INDEC, lo que implica que en el organismo hay un manejo turbio. Sin embargo, la transparencia incluiría el llamado a la UIA (los empresarios más cercanos al kirchnerismo) y a la CGT de Moyano. Es decir, a los empresarios que más se favorecen con la mentira de la inflación baja (ya que utilizan los índices para negociar los aumentos de salarios) y al líder sindical que se acaba de bajar de pedir una recomposición salarial aduciendo que hay que ser responsables y no pedir aumento cuando hay tamaña crisis económica.

Massa está llevando a cabo un mecanismo de «consultas» entre el INDEC y los empresarios, con el que, según dijo, se pretende ir «hacia un sistema de estadísticas que traiga tranquilidad para todos los sectores». Es evidente que el mecanismo actual no deja tranquilo a nadie. Mientras que el año pasado para el INDEC la inflación no llegaba al 9%, para los despedidos del organismo el cálculo superaba el 26%. Y quienes vivimos en este país comprobamos claramente que el último era el estudio más serio.
¿Cómo pretende Massa recuperar credibilidad entonces? Diseñando una estadística a través del diálogo fluído con empresarios. Massa se reunió con Eduardo Eurnekian (Cámara de Comercio), Jorge Brito (Asociación Bancos de Capital Nacional), Carlos Wagner y Aldo Roggio (Cámara de la Construcción), Adelmo Gabbi (Bolsa de Comercio porteña), y Juan Carlos Lascurain (Unión Industrial). El gobierno cree que los empresarios que más se beneficiaron por todas las medidas del modelo K, serán los mejores consejeros para darle credibilidad al índice medidor de la inflación.
Luego del encuentro con ellos, Massa dijo que «corresponde que los técnicos de los sectores involucrados reciban la información del trabajo realizado por el INDEC». El funcionario explicó que «empieza un trabajo técnico» entre el personal del INDEC y especialistas privados para comprobar la veracidad de las estadísticas oficiales. Evidentemente para Massa son los empresarios los que merecen que se les rinda cuentas, no los miles de trabajadores, que somos quienes más sufrimos la inflación. En septiembre no hubo inflación ni para el INDEC ni para los empresarios. Mientras que en el sector privado estiman que la inflación registrada fue de 0,8 %, para el organismo se ubicaría entre 0,6 y 0,7 %. Si son los empresarios quienes le otorgarán transparencia al INDEC, seguiremos con un índice dibujado.
Massa, para «transparentar el índice», se reunirá además con los líderes sindicales más serviciales que tuvo el matrimonio presidencial: Hugo Moyano por la CGT y Hugo Yasky de la CTA. Justamente ellos, que no sólo no anunciaron la intención de iniciar un plan de lucha para actualizar los salarios que fueron carcomidos por la inflación, si no más bien todo lo contrario. Moyano ratificó que ni pretende iniciar conversaciones sobre el tema, ya que «entre todos hay que ayudar al país a soportar la crisis mundial». Quienes negocian nuestros salarios de esa forma son evidentemente para el gobierno los mejores para negociar cómo se mide la inflación. Es que, claro, son serviles y obedientes para ambas cosas.

«Estadísticas politizadas»

Por un tiempo, los K tuvieron como estrategia central decir una cosa y hacer otra, pero la bronca por el índice de inflación que dan a conocer es tal que ya esta estrategia no les sirve, y eso les molesta. Massa se quejó por «la politización de las estadísticas». Este funcionario llama «politización» a las quejas de los ciudadanos por descreer de lo que todos ven. Evidentemente el gobierno no está feliz con la gente que ya no cree ni en sus anuncios.

¿Cómo se miden los índices de Moreno?

Existen pautas en todo el mundo sobre cómo medir el índice de precios al consumidor que Argentina aplicaba hasta 2006. Éstas incluían el relevamiento de comercios y registro de los precios de distintos artículos. Hasta el 2006 se relevaban unos 8.000 negocios y se acumulaban unas 115.000 observaciones de precios por mes. Hoy los números son exageradamente menores y mucho menos confiables. De los 818 productos que se relevaban antes, se pasó a 440, casi la mitad. Lo mismo ocurrió con gran cantidad de los encuestadores que fueron removidos.
El 30 de enero de 2007 fue relevada de su cargo la directora del Índice de Precios al Consumidor, tras negarse a introducir cambios en el procedimiento de cálculo del índice que se apartaban totalmente de la metodología en vigencia. Desde entonces, hubo muchos cambios que posibilitaron la existencia de un índice a medida de los K, o sea, mentiroso.
Veamos un ejemplo. Las prepagas aumentaron en el 2007 casi un 22% sus tarifas. Pero este aumento no fue considerado en el IPC, puesto que se reemplazaron los planes que hasta entonces se incluían por uno nuevo que comprendía el pago de copagos por cada consulta. Este sistema fue adoptado por apenas el 14% de los usuarios, pero el INDEC actuó como si el 100% hubiera optado por el mismo. Así, para el INDEC, como el sistema de copagos aumentó sólo un 2%, las prepagas aumentaron un 2% en lugar de un 22%.
Otra forma de truchar el índice de inflación fue tomar datos de precios proporcionados por secretarías del gobierno, en lugar de recoger información fehaciente. En hotelería se reemplazó la encuesta a establecimientos que realizaba el INDEC por datos suministrados por la Secretaría de Turismo, que obviamente son mucho menores que los reales.
En el mismo sentido, en lugar de tomar los precios procedentes de las encuestas al comercio, se empezaron a utilizar datos provenientes de otras fuentes. En la mayoría de los casos, los precios se acuerdan entre la Secretaría de Comercio con las cámaras respectivas. Justamente con ellas es con quien el gobierno se quiere sentar a “transparentar” el nuevo índice.

Más escandaloso aún es el establecimiento de topes arbitrarios por parte del gobierno de cuánto puede aumentar un producto. Cuando el precio de un producto varía más allá del tope fijado, se dibuja el precio del mes anterior, de modo que la variación no supere el tope que establece el organismo.
La patoteada es otra forma de manejar el índice. A pesar de todos los impresentables manejos que hay en el INDEC, ni se habla de que renuncie Moreno. Más allá de sus famosas patoteadas a los ex trabajadores del organismo, se mantiene firme en su cargo. Lo mismo sucede con Paglieri, la funcionaria que se hizo cargo del índice, que es tan patotera como su jefe. Una ex empleada del Indec contó cómo era presionada para dibujar los precios: «si Paglieri decía que el pan tenía que costar $2,50, y un encuestador traía un precio distinto lo convocaba a la oficina y lo presionaba para que tomara el de $2,50, que era el precio acordado con el gobierno para el llamado ‘pan económico’». Lamentable.

Las consecuencias de dibujar los precios

¿En qué beneficia a los Kirchner dibujar los precios de esta manera? Las razones son varias. Por un lado, para decir que hay menos pobres e indigentes. El número de gente bajo la línea de pobreza e indigencia se establece teniendo en cuenta el valor de la canasta de productos básicos. Si los precios están subestimados, la canasta básica que mide el gasto mínimo para no ser pobre o indigente tendrá un valor menor que el real y, lógicamente, habrá menos pobres para la estadística.
El salario también depende del índice de precios. Para medir el poder de compra de los salarios se utiliza el IPC. Si el mismo no ha aumentado tampoco tendrán porque hacerlo los salarios.
Otra grave consecuencia que tiene dibujar una inflación que no es real es que muchos comerciantes podrían llegar a aumentar el precio de los productos de acuerdo a lo que cada uno estima que es el índice de inflación. Cada uno trata de cubrirse «por las dudas» y remarcan los productos o los alquileres en igual porcentaje. Con lo cual, rápidamente se instala lo que se cree que es la inflación real.

¿Cuál es la salida?

Es necesario que volvamos a tener un índice de inflación real que nos permita a los argentinos saber qué pasa de verdad con nuestra economía. Para ello, desde el MST exigimos que se reincorpore a todos los despedidos del INDEC y que sean ellos, junto a organizaciones de consumidores y usuarios, quienes vuelvan a utilizar el método previo al 2007 para medir la inflación.
Pero más allá de esto, nuestro país fue ubicado ya entre los 20 más inflacionarios. Esta situación afecta severamente la economía familiar y la cosa puede empeorar. Para darle un corte definitivo a la inflación y no caer en la “hiper” de otras épocas, hay que poner en vigencia y aplicar la Ley de Abastecimiento, como parte de un plan de emergencia con medidas firmes, como las que proponemos en la contratapa de este periódico.

Federico Milman


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