Editorial: Elecciones en EE.UU.

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Obama y el cambio

El martes se realizaron las elecciones presidenciales en Estados Unidos. Las primeras proyecciones daban como claro ganador al demócrata Barack Obama. McCain reconoció la derrota diciendo: «El pueblo habló, y
habló con claridad». Es de esperar que los demócratas amplíen su mayoría en ambas cámaras del Congreso, en lo que en Estados Unidos se denomina una elección “ola” que dará vuelta completamente el escenario
político hacia la hegemonía del Partido Demócrata.

Sin lugar a dudas se abre una etapa completamente nueva en la política estadounidense. Le elección de un presidente negro por primera vez en la historia del país y con un Congreso cómodamente demócrata le pondría punto final a la “revolución republicana” caracterizada por una larga reacción contra los avances sociales de los años ’60.

En el mundo entero se palpita un gran suspiro de alivio al imaginar el fin de la era del arrogante Bush que ha llevado al pueblo norteamericano a dos guerras desastrosas y a la crisis económica más profunda desde la Gran Depresión de los años ‘30. Lo mismo sucede al vislumbrar que McCain no lo va a suceder en el cargo de asesino y agresor de los pueblos del mundo.

En la conciencia colectiva de pueblos enteros se despierta una gran expectativa de que las cosas cambien: que termine la carnicería en Irak, que se calmen las amenazas de una posible nueva guerra contra Irán, que se distienda la presión yankee sobre Venezuela y Cuba, que se ponga coto a las políticas económicas “irresponsablemente” libremercadistas que han llevado la economía mundial a la ruina a favor de una distribución más justa de la riqueza.

Pero no hay que dejarse llevar por las apariencias.
Fue el presidente demócrata Truman quién tiró las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki; fue Kennedy quién auspició la invasión de la Bahía de Cochinos y llevó el mundo lo más cerca que ha estado de la guerra atómica en el duelo con Kruschev que fue la crisis de los misiles; fue Johnson quién más destrucción provocó en Vietnam…

No hay que olvidar que el proceso neoliberal iniciado por Reagan y Thatcher en Inglaterra fue continuado y profundizado por cada administración que pasó por la Casa Blanca y que el período demócrata de Clinton no fue en absoluto un alto en ese camino.

Al contrario, Clinton fue de los que más avanzaron en la desregulación, la
privatización y los tratados de libre comercio.
Los asesores económicos de Obama provienen precisamente del ala Clinton del Partido Demócrata.

Los demócratas han sido históricamente el salvavidas del capital. El mismo Roosevelt del “New Deal” de los ‘30 aclaró ante las acusaciones de sus detractores republicanos de entonces que él era “el mejor amigo que el capitalismo haya tenido” y que su misión era efectivamente salvar al capitalismo de sí mismo.

Con el mismo objetivo llega hoy Obama. El eje de la campaña se ha trasladado definitivamente de la guerra iraquí a la crisis económica.
Obama promete todo tipo de medidas, desde cobertura médica universal y aumento del presupuesto educativo a subsidios para obras e infraestructura y recortes impositivos para la clase media.

A la vez promete no recortar el presupuesto militar y admite que la crisis lo obligará a recortar su agenda de medidas previstas. ¿Por cual lado se irá a quedar corto?

Recordemos que la promesa de una cobertura médica universal fue el eje central de la campaña de Clinton en 1992. No volvió a mencionar el tema tras el día de las elecciones.

En cuanto a Obama, veamos un par de botones que bastan de muestra: el candidato reafirmó su intensión de mantener el compromiso incondicional que sostiene Estados Unidos con la defensa de Israel. También afirmó a lo largo de la campaña la necesidad de aumentar la presencia militar en Afganistán. No descarta “ninguna opción” para impedir que Irán se vuelva nuclear, y se muestra entre los más dispuestos a intervenir en Paquistán.

Con la crisis inmobiliaria y el salvataje a los banqueros, Obama dejó en claro que es la mejor alternativa para los grandes capitalistas y que
asegurará que la crisis la paguen los de abajo.

Apoyó firmemente el salvataje y con su propuesta de renegociar las hipotecas de mayor riesgo quedó a la derecha del propio Bush, que propone un subsidio para los deudores habitacionales en peores condiciones.

En medio de la recesión, de los despidos masivos y desempleo creciente, Obama llega para apaciguar los ánimos; a decir que la culpa la tienen los republicanos irresponsables y a demostrar que él es el guardián más confiable que tiene la burguesía para salvar al capitalismo.

Llega para hacer el trabajo sucio que los republicanos no pueden continuar por su manifiesto desprestigio. Al igual que Clinton introdujo la
reforma reaccionaria del sistema de bienestar social como ningún republicano podría haberlo hecho, Obama llega para asegurar que la crisis económica la pague el pueblo yankee y los países periféricos.

Pero ojo, que el pueblo norteamericano tiene una historia poco conocida. La esperanza de un cambio tras los años Bush puede transformarse rápidamente en desilusión y bronca bajo el padecimiento de una crisis que dos generaciones no conocen.

Recordemos que los tiempos de mayor ebullición social de la historia de Estados Unidos se dieron bajo gobiernos demócratas. El paro general de
San Francisco, las huelgas de los camioneros de Minneapolis en 1934 y las oleadas de huelgas automotrices en 1936 fueron bajo Roosevelt, el
del New Deal. El apogeo de las luchas del 1968 se dieron bajo Johnson, y el enfrentamiento más duro sucedió en la Convención Demócrata poco
después que el mismo anunciara que no se postularía para la reelección.

No se puede depositar ninguna confianza en Obama ni en el Partido Demócrata. Si se puede esperar con espectativa que la voluntad de cambio del pueblo estadounidense se exprese en movilizaciones y luchas para intentar resolver los graves problemas que lo afectan.


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