Una trayectoria intachable

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Vilma es una luchadora consecuente, de toda la vida. Enfermera de profesión y de alma, trabajó más de 20 años en el Hospital Italiano, donde fue delegada general durante 10 de ellos. Referente de la oposición a la burocracia de la Sanidad, fue secretaria gremial de ATSA Capital hasta que Menem intervino el sindicato.
Siempre apoyó las luchas de los trabajadores y el pueblo, y cuando fue diputada porteña su banca estuvo a disposición de esos reclamos, tanto en la Ciudad de Buenos Aires como en el resto del país. Sólo por tomar un ejemplo que la pinta de cuerpo entero, poniendo siempre lo que hay que poner, estuvo en el Puente Pueyrredón, donde asesinaron a Kosteki y Santillán, enfrentando la represión policial y ayudando a los heridos.
Cuando los trabajadores de Aerolíneas Argentinas se la jugaron contra la privatización, allí estuvo, con ellos, haciendo el aguante en el Aeroparque y en cuanta movilización y acción fuera necesario. Marchó decenas de veces junto a los jubilados al Congreso.
Junto a otras organizaciones y luchadores pasó noches enteras frente a las comisarías, exigiendo la libertad de los compañeros detenidos. Estuvo en las marchas por los derechos humanos. Con los ahorristas, con los vecinos de Floresta cuando un cana mató a los tres pibes, con las asambleas nacidas de diciembre de 2001. Junto a los estudiantes y los desocupados. Defendiendo los derechos de las mujeres y de las minorías sexuales.
Codo a codo con los padres y sobrevivientes, Vilma levantó su voz exigiendo justicia para los pibes de Cromañón, asesinados por la corrupción. Cuando Gualeguaychú se plantó contra Botnia, fue de las primeras en apoyar las acciones contra la contaminación y en defensa del medio ambiente. Lo mismo cuando los chacareros salieron contra la Resolución 125 de los Kirchner, ella se hizo presente en los piquetes y la carpa verde, para respaldar a los pequeños productores y exigiendo retenciones diferenciadas.
Vilma fue, es y será una luchadora, dentro y fuera del parlamento en el que le toque estar, porque es una trabajadora haciendo política. Una trabajadora, y además socialista.
En la Legislatura porteña siempre fue vocera de los reclamos sociales, sin ningún sectarismo. Y no solamente para dar testimonio o sentar posición. Ella es la autora de la primera ley de la Ciudad de expropiación de una empresa recuperada por sus trabajadores y de la ley de blanqueo salarial docente, entre muchas otras. Junto a los compañeros de mil batallas del subte, verdadero ejemplo de combatividad, peleó por la jornada de 6 horas, por el salario, por el pase de las tercerizadas al convenio. También acompañó las luchas del Hotel Bauen, del Casino, de los jubilados por el 82% móvil, de los docentes y los médicos residentes porteños, y tantas otras de una larguísima lista.
Vilma es lo opuesto a los representantes de la vieja política, que llegan a los cargos para atornillarse a ellos, llenarse de plata y trenzar contra el pueblo. No le es indiferente el dolor ni la necesidad, y se indigna ante las injusticias. Por eso como diputada protagonizó un mandato de lucha, que le valió ser reelecta, ganó el mismo sueldo que en su lugar de trabajo, y no sólo cumplió el inédito compromiso político de compartir su banca sino que al día siguiente de renunciar volvió a su tarea de enfermera en el Italiano.
Por todas estas razones, a diario, en la calle o en donde esté, Vilma recibe muestras de reconocimiento y simpatía. Ahora se vuelve a postular como candidata a diputada para las próximas elecciones de la Capital. Su trayectoria, su pasión y su coherencia, desde la izquierda, la hacen indispensable para seguir batallando contra Cristina Kirchner, Mauri-cio Macri y todos los demás políticos del sistema. Vilma es una garantía al servicio de las luchas de los trabajadores y el pueblo.


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