Foro organizado por Fetraelec, Marea Socialista y Revista de América

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«Los trabajadores y la crisis mundial»

Se realizó el 5 de diciembre, en Caracas, con un panel integrado por Alejandro Bodart del MST de Argentina, Anatoli Matvienko de SMOT de Bielorrusia, Pedro Fuentes del PSOL de Brasil, Pedro Carasquedo de la Comunne de Francia y los anfitriones, Ángel Navas Presidente de la Federación de Trabajadores Eléctricos y Stalin Pérez Borges, Coordinador Nacional de la UNT y editor de Marea Socialista, quienes presentaron ponencias sobre el tema, mientras Gonzalo Gómez -fundador de Aporrea- hizo las veces de moderador del debate. Los dirigentes hablaron sobre las causas, las consecuencias y las propuestas que los trabajadores deben adoptar para enfrentar la actual crisis mundial.
Con la presencia de más de cien dirigentes obreros de 8 estados del país, y con representantes de los barrios más populosos y revolucionarios de Caracas , como el 23 de Enero, Petare, Catia y El Valle, cunas de la rebelión del Caracazo y la revolución del 12 y 13 de abril que derrotó al golpe de Estado de 2002 y que repuso en el gobierno al presidente Chávez, se realizó el Foro donde se debatieron las ponencias presentadas por los panelistas. Este contó además con la presencia de dirigentes de otras corrientes representativas del movimiento obrero venezolano como Marcela Máspero, coordinadora nacional de UNT y dirigente de la CTR y Tonny Navas dirigente nacional de los trabajadores de la Salud. La importancia del evento estuvo además realzada por la presencia del Ministro del Trabajo y Seguridad Social del gobierno de la Revolución Bolivariana, Roberto Hernández, quien reivindicó el Foro y la necesidad del debate que allí se realizó, a la vez que las ponencias presentadas serán publicadas en la revista de formación Proletario, publicación gratuita del Ministerio de Trabajo que con su edición de 20.000 ejemplares, llega al conjunto de los dirigentes obreros venezolanos.

Una crisis que recorre el mundo

El 2008 pasará a la historia como el año de la crisis económica más brutal en los últimos cien años. La particularidad de la misma es que estalló en el corazón del imperialismo. En el país capitalista más importante de la tierra, Estados Unidos. Desde la explosión de la burbuja inmobiliaria, la crisis ha arrastrado como en un efecto dominó a los bancos más importantes del planeta y en los últimos meses ha comenzado a golpear a transnacionales fundamentales del sistema capitalista.
Estados Unidos y Europa ya han entrado en recesión y la visión común de todos los especialistas es que esto recién comienza. Pero también la crisis ha golpeado a los países periféricos o menos desarrollados. Los casos más salientes son los de China, Brasil, Rusia y otros que son productores de materias primas como Argentina. El precio del petróleo se derrumba, lo mismo que el de los cereales que hasta hace poco crecía sin ningún tipo de contención. La crisis recorre el mundo castigando principalmente a los trabajadores y los sectores más desprotegidos de la sociedad. Millones de puestos de trabajo se han perdido hasta el momento. Viejas empresas emblemáticas del imperialismo como General Motors , declaran su quiebra. La desorientación se hace carne en los sectores dirigentes del capitalismo y hasta se descubren estafas escandalosas. Lo que comenzó como una crisis de las hipotecas, en pocos meses se ha convertido en una crisis global y de la economía real. Las consecuencias son clásicas, pero no por eso menos graves. Un proceso de concentración de capital, despidos masivos y destrucción de fuerzas productivas.

Síntomas de incremento de la lucha de clases

Pareciera que la situación se está volviendo explosiva. Los hechos ocurridos en Atenas a causa de un gatillo fácil, encumbre la política derechista del régimen griego de ataque a los derechos sociales de los jubilados, los trabajadores y los sectores excluidos. Durante una semana se han producido hechos de una violencia desconocida desde hace décadas en Grecia que culminaron en un exitosa huelga general. El gobierno derechista esta en la cuerda floja y la situación amenaza con arrastrar al conjunto de Europa.
Por su parte, trabajadores de Estados Unidos han recurrido al método de ocupación de fábricas para evitar los despidos y el cierre de empresas, logrando mantener sus puestos de trabajo. Mientras tanto, la quiebra de General Motors y el anunció de Obama de imponer un control férreo sobre los fondos aportados por el gobierno yanqui para el salvataje de las empresas del sector, desnudan que la crisis ha llegado a la economía real preparando una recesión o depresión únicas en los últimos cien años. Lo que se teme es que se desparrame un efecto contagio siguiendo el ejemplo dado por los trabajadores de la fabrica metalúrgica que lograron su objetivo.
Pero esto se sucede en todo el mundo. Según el Premio Nóbel de Economía Joseph Stiglitz, una oleada de huelgas se desarrollan en el sur de China. Al tiempo que se da al traste con la ideología de que la supuesta locomotora del mercado mundial podría autoconvertirse de exportadora a desarrollar su propio mercado interno, China ya anunció según sus propias estadísticas oficiales que ha entrado en recesión. No escapan al malestar y las luchas países y sectores más lejanos a los centros económicos mundiales, pero que igualmente sufren las consecuencias de la crisis. En esta situación, América Latina, parece ser un escenario propicio al desarrollo de luchas y movimientos sociales que enfrenten la crisis y sus consecuencias y donde se lucha por imponer medidas radicales contra la misma, como recientemente ha ocurrido en Ecuador con el no pago de una parte de su deuda externa, por considerarla ilegítima.

2008 el final de una época

La ideología de un capitalismo pujante y siempre en crecimiento, que al final del ciclo desparramaría riqueza suficiente para resolver los problemas de los sectores más excluidos se terminó de desarticular con la crisis. Las preguntas que se presentan son muchas y de diverso orden. Pero las más importantes refieren a las perspectivas, la duración y las posibles salidas de la misma. Es un hecho aceptado por los especialistas de todo el mundo que la duración de esta crisis será mucho más que lo esperado en un primer momento. Por otra parte, no se descarta una depresión económica que provoque años y hasta décadas de crecimiento cero o menor en la economía mundial.
La crisis, no por esperada ha sido menos violenta. Todos los paradigmas del neoliberalismo y del capitalismo imperialista están en cuestión. El sistema como totalidad está cuestionado y lo que se espera es una salida de nuevo cuño que no provendrá de los sectores burgueses que dominan la economía mundial. Es un hecho que estamos transitando el final de una época. El final de capitalismo imperialista. Lo que viene por delante no está escrito de antemano, el futuro es alternativo y depende del desarrollo de la lucha de clases.
Pero sea como sea, es un hecho que el mundo no volverá a ser como antes. Un triunfo del imperialismo impondría nuevas penalidades a la vida de los pueblos trabajadores y niveles de explotación nunca vistos antes o sólo comparables con el fascismo. Mientras que si la lucha de los oprimidos es llevada adelante con éxito se abriría una etapa de avance hacia un modelo de transición que cuestione los pilares mismos del capitalismo, intentando imponer un modelo socialista.

La lucha por la transición

La crisis plantea al mismo tiempo una oportunidad. La oportunidad de la lucha por la transición hacia otro modelo. Otro sistema distinto del capitalismo imperialista. La crisis misma abre un nuevo período donde lo que determinará el futuro de los acontecimientos es la lucha de los trabajadores. En esa lucha se plantean tareas transicionales que enfrenten las consecuencias más dramáticas de la crisis. La prohibición de los despidos o la nacionalización de toda empresa que cierre, para mantener el nivel de trabajo y de vida de la clase trabajadora, es una de las primeras medidas necesarias para enfrentar el estadio actual de la crisis.
La nacionalización de las industrias básicas, puestas bajo control de sus trabajadores y de la comunidades. La producción autogestionada puesta al servicio de un plan de desarrollo y de cada país. Lo mismo que la nacionalización o estatización de todo el sistema de crédito. El monopolio del comercio exterior y otras medidas transicionales son fundamentales para marcar el camino que deben seguir las luchas de los trabajadores y el pueblo. La crisis es también una oportunidad: la de plantear que este tipo de lucha abra de por sí la pelea por una economía y una sociedad distinta. Estamos enfrentando un final de época. Las tareas que tenemos planteadas son de transición. Venimos del capitalismo más salvaje, tenemos que ir para el lado de un desarrollo distinto, del desarrollo de la transición al socialismo.

Carlos Miranda


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