Presentación del libro “Patrones en las rutas”

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Debatiendo con la izquierda «ni ni»

En la presentación del libro del equipo de Razón y Revolución, coordinado por Eduardo Sartelli, compartí un panel en representación del MST, con el autor, con Pablo Rieznik del PO, Cristian Castillo del PTS y Héctor Heberling del MAS. El libro de Sartelli es uno de los exponentes más consecuentes en desarrollar la posición de la izquierda sectaria sobre el conflicto agropecuario.

Sartelli sostiene que fue una pelea entre capitalistas, en la cual los trabajadores no debían apoyar a ninguno de los bandos en pugna. Esta posición, a la que llamamos del “ni ni”, fue absolutamente funcional al gobierno que sumaba a un actor más a su intensa campaña propagandística para confundir a un sector de la población. Es un debate importante en momentos que los pequeños productores vuelven a plantear la realización de medidas de lucha ante el agravamiento de su situación.
Para “Patrones en las rutas” no existe la pequeña burguesía (clase media) en el agro. Son todos burgueses explotadores, independientemente de que puedan contar con solo un trabajador asalariado algunos meses al año en sus producciones, o parásitos terratenientes que arriendan. Son una pequeña minoría y un futuro gobierno obrero deberá “expropiarlos a todos” sin distinción entre grandes, medianos o pequeños.
En consecuencia, no hay que mover un dedo cuando los pequeños productores se enfrentan a una política gubernamental que favorece la concentración capitalista, a los Grobogopatel y pone en peligro la existencia de los más chicos. Sartelli ubica su posición en las antípodas de las que sostiene el MST.

PO y el PTS le hacen el juego a los K y a los grandes capitalistas

El marxismo siempre ha sostenido la necesidad de que la clase trabajadora y su partido tengan una política de alianzas hacia los sectores medios de la población, apoyando sus luchas contra la concentración capitalista.
Esta política, destinada a soldar lazos con los sectores más pobres, ganar o la sumo neutralizar a las capas más altas ligadas a la burguesía, como lo indica la experiencia del último siglo, es un factor clave para el triunfo y la consolidación de la revolución en su enfrentamiento a los grandes capitalistas.
Atrapados en posiciones contrarias a esta posición histórica del socialismo científico, el PO y el PTS justifican su política argumentando que, en esta oportunidad, los pequeños productores no habrían disputado mejorar su renta a costa de los grandes, sino que en frente único con ellos pretendían que fuera la población la que pagara, vía el precio de los alimentos. Por lo tanto, se habría tratado de una rebelión popular de derecha dirigida por la gran oligarquía. Argumentos que son un calco de los que agitaban los propagandistas del gobierno.

Una lucha contra la concentración capitalista

Con el gran aumento de las materias primas en el mercado mundial, muchos capitales fueron concentrándose en la producción agropecuaria. Si bien en un principio los pequeños productores se vieron beneficiados por la reacti-vación después de haber desaparecido por miles en la década del 90, la concentración capitalista vía los pooles de siembra y los fondos fiduciarios, las empresas que proveen tecnología (semillas y agroquímicos) y las agroexportadoras, sumado a altos impuestos indiferenciados y la casi nula ayuda estatal, fue desplazando a muchos que solo podían sobrevivir alquilando su campo. O que debían competir en total desigualdad contra una producción capitalista a escala, alentada y promovida por los K, que compartían este buen negocio ya que vía las altas retenciones (que solo podían soportar los grandes) hacía caja para pagar la deuda externa y los distintos negocios del gobierno.
Este proceso de concentración abarcaba todas las ramas de la producción agropecuaria, desde la producción de soja y granos hasta la leche, la carne y las economías regionales. Por eso la rebelión de los pequeños en mayor o menor medida se extendió a toda la actividad y a muchas provincias del país, que sintieron la pelea contra la 125 como propia. Ese fue el centro de la pelea.
Los Grogobopatel o Urquía son empresarios mimados del gobierno. Y las agroexportadoras podían quedarse con 2.000 millones de dólares extra aprovechando la actitud cómplice de los funcionarios.
La pelea por la derogación de la 125, que en el programa de los pequeños representados por la Federación Agraria se complementaba con la exigencia de retenciones diferenciadas, era la pelea por que bajara un nivel tributario insoportable para esta producción. Diluir esta pelea en el hecho de que sectores de la vieja oligarquía o que representan explotaciones más grandes, como los nucleadas en la Sociedad Rural o el Coninagro, aprovecharon esta pelea para disputar sectores de la renta, es diluir la naturaleza central del conflicto que volcó a las rutas a miles de pequeños productores y que en las manifestaciones en los pueblos y ciudades del interior, más la realizada en Capital, movilizó a cientos de miles y tuvo la simpatía de millones.
El otro argumento falaz es que el costo de la baja de las retenciones se iba a trasladar a los precios de los alimentos, cuando el kilo vivo se paga a $ 3,20 contra $ 16 en el mostrador de la carnicería, o los 90 centavos que recibe el productor de leche contra los $ 2,50 o $ 3 del supermercado, es desconocer la fuerza de los verdaderos formadores de precios de la cadena de intermediación y los supermercados amparados por Moreno y el gobierno K. En un régimen progresivo de retenciones e impuestos que el PO se negaba a levantar (muy altas para los grandes y muy pequeñas para los chicos) se compensaba ampliamente.

Una rebelión que liquidó el sueño de los K

Para el PO fue una rebelión de derecha. Entonces ¿porque no fueron a las marchas llamadas por el gobierno, como sí lo hizo un pequeño sector de la izquierda no K, que opinaba que se venía un giro a la derecha tremendo, un golpe, cosa que también opinaba el PO acompañando el discurso oficial?
Para ellos la crisis desatada marcó el comienzo de una grave crisis del gobierno y el régimen. Pero si la movida era de derecha, había que haber apoyado al gobierno “progresista”. Y si bien no lo dicen así, el rol que cumplieron en el campo, más su apoyo vergonzante a la nacionalización trucha de las AFJP, desnuda esta posición.
Lo que sucedió es lo contrario. La crisis actual de los K, que favorece con todo las luchas de los trabajadores y sectores populares, es producto de una inmensa movilización popular acaudillada por la clase media del campo, que tomando los métodos del Argentinazo, con el apoyo de la clase obrera y los pueblos del interior y la simpatía de la enorme mayoría de la población se opuso a la concentración capitalista que el gobierno favorecía.
No puede haber política revolucionaria por fuera de esta rebelión. Y al interior de la misma, nuestra política fue siempre diferenciarnos de la Sociedad Rural y los capitalistas, planteando retenciones diferenciadas. No hay otra manera de ganar a la clase media del campo que participando de su justa lucha y no se puede poner como excusa para no hacerlo la presencia de Miguens, Biolcati u otros capitalistas. Al contrario, no participar es cederle por entero a estos sectores y a los partidos patronales la dirección de este sector social tan importante, que no abarca sólo a decenas de miles de productores, sino a millones de habitantes nucleados en los pueblos y ciudades chicas que viven de la pequeña y mediana producción.
Y para aquellos que señalan, como el PO, que no apoyaron a los pequeños por no haber planteado su diferenciación con la Sociedad Rural o no haber planteado el no pago de la deuda, hay muchas declaraciones públicas de Bussi, el presidente de la FAA, que denuncian el aumento de las retenciones para pagar la deuda externa fraudulenta, y señala que su unidad de acción con la Mesa de Enlace no diluye su reclamo por retenciones diferenciadas, como lo ha constituido su reciente presentación solitaria en el Congreso, contra la opinión del resto de los integrantes de la Mesa de Enlace. Con lo cual se cae otra excusa.

Reforma agraria o colectivización de toda la tierra

Al interior de los que se mantuvieron “neutrales” existe una discusión sobre la estructura capitalista actual del campo argentino y el peso de la producción agraria en el conjunto de la economía y el carácter del país.
Siendo una discusión importante no puede hacerse separada de los acontecimientos recientes. Sartelli tiene razón al polemizar contra el PO y el PTS que lo más concentrado de la estructura capitalista no esta en la vieja oligarquía terrateniente sino en los fondos fiduciarios, los agroexportadoras y proveedores de insumos, que son el sector más fuerte y concentrado y que reúnen a sectores capitalistas que incluso no tienen tradición en el campo. Peca por exceso, sin embargo, al minimizar que existe y se conserva un sector que, sobreviviendo a una creciente subdivisión producto de la herencia, concentra grandes propiedades terratenientes y desprecia por completo el peso social de la pequeña y mediana producción, que es enorme, más allá de su participación minoritaria en la gran producción, como lo vimos en el reciente conflicto.
Para Sartelli, no hay que hacer Reforma Agraria (reparto de la tierra) en la Argentina. Hay que expropiar toda la tierra bajo control estatal y listo.
El PO y el PTS son inconsecuentes. Se niegan a expropiar a los sectores medios y en el caso del PO habla correctamente de la necesidad de poblar el campo. Esto lleva inevitablemente a la necesidad de un reparto de tierras (reforma agraria), que no puede realizarse sin desarrollar la pequeña propiedad, aunque esto debe ser combinado con una intervención creciente del Estado y desarrollando la lucha de clases, como es patrimonio del marxismo clásico.
Sin embargo, se niegan a levantar como consigna la Reforma Agraria, tal cual como lo han expresado en las discusiones sobre el documento del 20 de diciembre. Han enfrentado y abandonado a su suerte de este sector social al negarse a sostener dos de las banderas fundamentales que reclaman contra las grandes capitalistas: retenciones diferenciadas en lo inmediato y reparto de la tierra como cuestión de fondo. De última, coinciden en la política con Sartelli, con lo cual las diferencias sobre la estructura capitalista del campo o el carácter de la estructura del país quedan diluidas en el marco de una misma política equivocada.
Finalmente, el autismo del PO lo lleva a la pedantería y también a la falsificación. Es verdad que el panelista del MAS, que basó su intervención en defender a Sartelli contra el PO y en atacar al MST, admitió no haber leído el libro y no poder intervenir en algunos de los puntos de la polémica en curso. Otra cosa es intentar descalificar nuestras posiciones, metiéndonos falsamente en la misma bolsa, poniendo en nuestra boca cosas que nunca dijimos, para no discutir el centro de los problemas y centrarse en la pequeña interna del bloque “ni ni”.

Gustavo Giménez


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