Gaza: la masacre que conmueve al mundo

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Después de tres semanas de un devastador ataque, Israel decretó un “cese del fuego” unilateral y una supuesta retirada escalonada de la Franja de Gaza. Por su parte, Hamas declaró una tregua por una semana, exigiendo que no quede un solo soldado sionista en Gaza y finalice el bloqueo asesino por parte de Israel. Es preciso mantener la solidaridad con el pueblo palestino y la necesidad de aislar al Estado genocida de Israel.

El pequeño territorio de Palestina está dividido en dos zonas, separadas por Israel. Una es Cisjordania, a su vez rodeada por un vergonzoso muro israelí. La otra es la Franja de Gaza: tiene apenas 360 kilómetros cuadrados y allí viven 1.500.000 personas. Para comparar, esa Franja es poco más grande que el municipio bonaerense de La Matanza (326 km2 y 1.300.000 habitantes), pero muchísimo más pobre.
A esa pequeña, superpoblada y pobrísima Franja, en sólo tres semanas, sin permitir el ingreso del periodismo, el Estado de Israel la atacó ferozmente por aire, mar y tierra. Le destruyó su único puerto. Bombardeó sus escuelas, hospitales, casas, edificios, depósitos de alimentos y hasta puestos de la ONU. Usó armas prohibidas, como las bombas racimo, el fósforo blanco y el uranio empobrecido. Y luego invadió Gaza, secuestrando y asesinando a mansalva.
Palestina no tiene ejército, sino sólo milicias y una policía. Israel, en cambio, posee una de las fuerzas armadas más poderosas y modernas del mundo, equipada por los yanquis. Aparte de la enorme destrucción material causada por los bombardeos en Gaza, evaluada en 2.500 millones de dólares, el número de víctimas de ambos lados despeja toda duda: mientras hasta ahora se informa de unos 1.300 palestinos muertos y casi 5.000 heridos, la mitad de ellos mujeres y niños, Israel tuvo 13 muertos. Semejante proporción de 100 a 1, que puede ser aún peor, muestra que esto no fue una guerra. Fue un verdadero genocidio, al mejor estilo nazi, cometido por el Estado opresor, racista y terrorista de Israel, el cual desde que nació viene aplicando una política de limpieza étnica contra el pueblo palestino.

Los por qué del actual conflicto

Los “misiles”, muchos de fabricación casera, lanzados por milicias de Hamas y de otras organizaciones de la resistencia palestina sobre el sur de Israel, fueron sólo una excusa. Quien violó primero la tregua fue Israel, cuando el 4 de noviembre sus soldados entraron a Gaza y asesinaron a cuatro palestinos. Las causas reales del nuevo ataque sionista son otras.
Un tercio del millón y medio de palestinos de Gaza vive en campos de refugiados, peores que las villas miseria. La economía depende de la ayuda internacional o directamente de Israel, que también regula casi toda la provisión de agua y luz. Salvo una angosta frontera con Egipto, la Franja está rodeada por Israel, que controla militarmente todos los pasos. Cada día, para ir a trabajar, a comprar algo o a lo que sea, esperan horas bajo el frío o el calor. Insultados, humillados, golpeados, y a veces sin siquiera poder pasar, esas mujeres y hombres dependen del humor de los jóvenes soldados israelíes. Lo menos que acumulan es bronca.
Por otra parte, hace dos años, en la Franja de Gaza ganó las elecciones Hamas: una fuerza islamica que no reconoce al Estado de Israel y encabeza la resistencia contra él. Ese triunfo político fue fruto del descontento popular con la anterior conducción palestina, la OLP, que, con mandato vencido hace pocos días, aún gobierna en Cisjordania y es acuerdista con Israel. A partir del triunfo de Hamas, Israel endureció su política de controles y bloqueo a Gaza.
Esa radicalización de los palestinos es parte de un descontento más general de las masas árabes hacia los gobiernos más cómplices de Israel, sobre todo los de Egipto, Jordania y Arabia Saudita. Ante este proceso, la cúpula del Estado israelí salió a tratar de contragolpear con dureza. Además, el desgaste del gobierno de Ehud Olmert y la campaña previa a las elecciones presidenciales de este mes venían caldeando los ánimos anti-palestinos. Por otra parte, en los Estados Unidos, eterno aliado de Israel, no podemos descartar un último guiño de Bush al sionismo, antes de dejar la Casa Blanca. Esta combinación política es la que explica, creemos, la feroz ofensiva sionista.

Mantener todo el apoyo a Palestina

Según el primer ministro Olmert, los miles de muertos y heridos palestinos a manos de las fuerzas armadas israelíes son “logros impresionantes”. Dentro de esos “logros”, seguramente se enorgullece de haber asesinado a un ministro y algunos dirigentes de Hamas. Asimismo, en Gaza, el saldo es de ruinas por doquier y una catástrofe humanitaria que la ayuda internacional tardará en paliar. Pero es posible que las bajas de Israel sean mayores a las que reconoce públicamente y a la vez ahora sus tropas quedan empantanadas.
Pero en términos políticos, si bien en Israel el balance parece haber fortalecido a los “halcones” de la derecha, aún más guerreristas que Olmert, el logro más “impresionante” del Estado sionista es el colosal rechazo que generó en los pueblos de todo el mundo. En Palestina, el terror sionista no hizo más que templar el legítimo odio de ese pueblo y seguramente se van a fortalecer los sectores más combativos. Y a nivel mundial fue de masas el repudio a Israel y la simpatía por Palestina, lo que se expresó en grandes marchas, inclusive dentro de Israel. Lo mismo ocurrió en nuestro país. En cambio, en todos lados los sionistas fueron débiles a la hora de salir a la calle.
Ahora la tarea más inmediata es el retiro de todos los soldados israelíes de la Franja de Gaza y el levantamiento del bloqueo. Y como está demostrado por la historia que el Estado sionista sólo es garantía de agresión, es necesario mantener la movilización y la presión internacional. Es por eso que convocamos a todos nuestros lectores a concurrir a la marcha unitaria que se hará este jueves 22 en Buenos Aires y en otras ciudades del país.
Como parte de esa presión sobre el Estado de Israel, son un hecho las medidas diplomáticas que tomaron los gobiernos de Chávez, Correa y Evo Morales. En ese sentido, hay que continuar exigiéndoles al gobierno K y a los 18 legisladores de los partidos mayoritarios que integran el Parlamento del Mer-cosur que no ratifiquen el Tratado de Libre Comercio con Israel. No se puede premiar a un genocida. Además, es preciso juzgar todos los crímenes de lesa humanidad que cometió. Más en perspectiva, y por encima de las divergencias que podamos tener con su dirigencia, seguiremos respaldando la ejemplar lucha del pueblo palestino por su liberación. Entendemos que esta pelea implica acabar con ese huevo de serpiente nazi del siglo XXI que es el sionismo y recuperar todo el territorio palestino histórico que hoy ocupa Israel para constituir allí una Palestina laica, democrática y no racista, único Estado donde podrán convivir pacíficamente todos sus habitantes.

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