Editorial

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Contrapuntos

El cinismo del gobierno no tiene límites. Sobre todo cuando con el año electoral ya lanzado, ensaya malabares para tratar de asomar la cabeza del profundo abismo político en que cayó, de espaldas al pueblo. Mientras la película que todos vemos (y soportamos) es de género dramático, con escenas inconfundibles (tarifazos, inflación, suspensiones, despidos, cepo al salario), Cristina ensaya su comedia en pleno tour de inauguraciones, teleconferencias y ofertas de autos, heladeras, zapatos y, ahora, bicicletas y camiones.

Pero ha sido el ministro Tomada el maestro de efectos especiales, al “aclarar” que “no hay despidos colectivos”, al reflotar la teoría del blindaje y, cual muerto que se mofa del degollado, decir que no estamos tan mal como en EE.UU. y Europa. La cruda realidad del movimiento obrero y el escenario conflictivo que preanuncia un marzo caliente, marcan un contrapunto no sólo con el gobierno, sino con la actitud cómplice de la dirigencia sindical burocrática. Veamos.

Todavía con empresas que, vacaciones mediante, disimulan la crisis, el panorama del sector privado marca que la reprogramación productiva, devenida en procedimientos de crisis, despidos y suspensiones, domina el escenario de los tres principales cordones industriales. Se adelantan vacaciones, se recortan horas extras, no se renuevan contratos y se ofrecen retiros voluntarios. Una variada gama de medidas para descargar la crisis sobre los trabajadores con una perspectiva de claro agravamiento.

En Córdoba, el propio gobierno provincial reconoce 1.000 despidos y 7.500 suspensiones, con predominio en las automotrices, y más de 100 empresas en procedimiento preventivo de crisis. No sólo en el complejo metalmecánico, sino en otras ramas como el vidrio, caucho, plástico, alimentación, turismo y gremios de servicio. En San Nicolás y el sur de Santa Fe, revolotean los fantasmas de los ´90, con creciente mal humor social, en lugares cuya actividad gira en torno a las fuentes de trabajo que peligran. No es para menos frente a la posibilidad de 2.400 despidos en Siderar y el parate anunciado por Techint, luego de los conflictos de la General Motors y Paraná Metal y de la crisis de las empresas de la cadena agroquímica. Y en la Provincia de Buenos Aires, donde el motonauta Scioli, tomó nota de la reciente pérdida de 440 puestos de trabajo y 1.800 despidos, que vienen a agravar el clima recesivo que ya ha registrado, según cifras oficiales, 125 conflictos fabriles.

La resistencia de los trabajadores, pese al rol nefasto de la burocracia sumada a las dificultades políticas de los de arriba, han evitado que se imponga la rebaja salarial como moneda de cambio, convenios testigos, como el de los petroleros privados, o se generalicen los despidos de manera indiscriminada, terminando muchas peleas en negociaciones que fijan suspensiones rotativas. Demostrando que la lucha va a ser dura, que hace falta que el activismo combativo se organice y le de pelea a la burocracia que, pese a su desprestigio, tiende siempre a la solución más beneficiosa para las patronales.

El otro contrapunto se da con la pelea salarial. Pese al clima recesivo, se ha instalado la necesidad de un aumento y se vienen las paritarias. Pese a las presiones de la UIA y a la complacencia de los dirigentes de la CGT, que declaman necesidades de aumento pero no organizan la pelea, más de una decena de gremios entran ya en paritarias y crece el reclamo en el conjunto. Las dificultades políticas para imponer un techo testigo por parte del gobierno, como se intentó en años anteriores, y de vertebrar un acuerdo global sindical – patronal que enchaleque los reclamos, los ha obligado a reformular su política, siempre para acotar los aumentos. Ahora reflotan el Consejo Económico y Social, aplaudido por la CGT y la CTA, hablan de un aumento similar a la burla que se les otorgó a los jubilados (11%, o sea $3 por día), en forma de una suma fija en negro que achataría seriamente la pirámide salarial. Y en los estatales, han recurrido nuevamente a la llamada Paritaria Nacional Docente, con una oferta burlesca del 15,5%; o sea, $200 en negro y $55 en 6 meses. Una suerte de intento de techo testigo, no sólo para los docentes, sino para el conjunto de estatales.

La voluntad de acordar de la dirigencia de CTERA, choca con el clima de reclamos que se lanzó en todo el país. Con no inicio de clases en las provincias patagónicas, Salta y Capital. Paros en Catamarca y Jujuy, huelga indefinida en Río Negro y movilizaciones en Formosa, Rosario y Santiago. La oposición combativa, encabezada por la Lista Lila, ya organizó una marcha y levanta con fuerza el reclamo de $500 al básico y el blanqueo salarial para todos los docentes. Asimismo, la CICOP y los estatales de Buenos Aires, preparan la lucha ante el inicio de las paritarias. Marcando un camino de pelea que se va a profundizar hacia marzo.

En todos los gremios hay que preparar la pelea desde abajo, organizando el activismo y reclamando asambleas y plenarios. Y exigiendo a la CTA y la CGT que abandonen su política conciliadora y sus discursos pirotécnicos y organicen un plan de lucha nacional. No sólo para lograr un aumento y defender los puestos de trabajo en los conflictos en curso, sino para reclamar medidas de emergencia para que la crisis la paguen los de arriba. Entre otras medidas, prohibiéndose por ley los despidos y suspensiones, abriendo los libros de las empresas, imponiendo la jornada de 6 hs. sin rebaja salarial y exigiendo un aumento general de salarios acorde a la canasta familiar real, de planes sociales y jubilaciones con el 82% móvil.


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