Huelga Policial en Salta

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Un primer balance

Esta huelga, tuvo características distintas a las anteriores. Ya que entre otras cosas, no fue conducida por la oficialidad y retirados.
Ya a mediados del 2008, fue avanzando por abajo una nueva organización arraigada en las bases, eligiendo delegados por comisaría, que actúan con mandato y confluyendo en un delegado por regional, proceso del cual surgen los actuales dirigentes del conflicto.
En el conflicto del 2008, el Gdor. Urtubey tuvo que intervenir personalmente, para, frente a una asamblea en el Centro Policial, y mediante la firma de un acta, comprometerse a otorgar nuevos aumentos en blanco y respetar su organización.
Pero este principio de año, los policías se encontraron no sólo con la propuesta de un 12% en cuotas, sino que el gobierno rechazó recibir a sus dirigentes, negando en los hechos la existencia de los delegados y el acta firmada en el 2008.

Estalla el conflicto

La negativa del gobierno a dialogar esgrimiendo la crisis económica mundial y la falta de recursos para superar el 12% (tanto para éstos como para el conjunto de los estatales), la acusación a los huelguistas de desestabilizadores, planteando que el sindicato era poco menos que una locura, fue el motor que alimentó la lucha.
La fuerza de las bases, quedó plasmada en que por primera vez, éstas ganaron las calles, con movilizaciones de mas de 4000 agentes (sobre un total de 7000), y en medidas que fueron creciendo en intensidad, hasta llegar a cortar por completo el acceso a la Capital, contando con la simpatía de franjas cada vez mayores de la población y trabajadores, que comprendieron más rápidamente que sus “dirigentes”, que en esta pelea se jugaba también un poco su suerte frente a la política de techo salarial de Urtubey.

Las causas que impidieron el triunfo

El conflicto golpeó fuerte al gobierno y desató una verdadera crisis a su interior, tal es así, que obligó a que el Ministro de Interior Randazzo, que se encontraba en Tartagal, tuviera que bajar en persona a negociar con los “rebeldes”.
La política de aislamiento que aplicaron el conjunto de las direcciones políticas y sindicales, junto a la inexperiencia de la dirección, que pese a ubicarse claramente como parte de los trabajadores y tener un método democrático, no avanzó en postularse hacia el conjunto de los trabajadores y el pueblo, juntando y uniendo la bronca hacia los tarifazos y el techo salarial, en un solo reclamo; se combinó fatalmente con el desastre de Tartagal, y fueron la base que impidieron torcerle el brazo al gobierno, y derrumbar el techo salarial.
Sin embargo, el proceso democrático abierto en las bases, lejos está de haberse cerrado, y pese a no haber obtenido un aumento mayor, sí lograron una especie de “ley enganche” salarial con el resto de los estatales y que no haya traslados, ni despidos, lo que sin dudas preanuncia nuevos embates de un sector que aunque golpeado, no ha perdido ni su organización ni las banderas del aumento salarial y la necesidad de la sindicalización.


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