Luis, hijo de Lázaro y militante del MST

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Hoy se cumple un año desde que Lázaro nos dejara, después de pelearle, un mes con furia, a la muerte. Cualquier cosa que se pueda decir es insignificante ante tremendo acto de barbarie.
Recuerdo el día que salió de su casa con el bolsito, rumbo a Neuquén. Se fue contento, iba a realizar una de las tareas que más le gustaba: colaborar con las regionales del interior, juntando avales y afiliaciones; así conocía nuevos compañeros. Al regreso, no paraba de contar una y mil veces sus experiencias.
Cada día que pasa lo extraño más como hijo. Cuando voy a ver a mi mamá me parece que lo voy a encontrar en la vereda o regando el pasto, cuando escucho un ciclomotor tengo la esperanza que está llegando.
Como militante, lo recuerdo en los ‘80, diciéndole a todo el mundo que no había que pagar la deuda externa. En esa época era difícil, éramos los únicos que decíamos eso. También cuando en pleno menemismo se había decretado la muerte de las ideologías, él lo combatía diciendo que el socialismo es la única solución. Decían que estaba loco y no le importaba. Hoy, la crisis mundial le da la razón a mi viejo. Miro el paredón de enfrente y lo veo blanqueando, para que después hagamos las letras.
Venía todos los días al local y arreglaba lo que se descomponía. Era un tipo sencillo, solidario, algo cabrón y con una fuerza militante que contagiaba. No fallaba a ninguna actividad, era de los tipos imprescindibles, en un partido revolucionario como el que estamos construyendo. Dejó un ejemplo que tenemos que imitar.
A pesar de su edad quería ver la revolución socialista y, sí, él la creía posible. Los comprometo a todos a seguir construyendo su partido, para poder hacerla realidad.

Susana, militante de la Regional Oeste

Cuando el dolor nos golpeaba muy fuerte, cuando la impotencia se hacía carne, nos dejaste una enseñanza: la importancia de pensar en nuestra moral como militantes revolucionarios.
…siempre estabas con una sonrisa, dispuesto a salir a hacer las actividades, y muchas veces una pensaba “Mirá el viejo cuanta polenta le pone”…
…tenías derecho a vivir tú vida y te la arrebataron, porque eras un militante. Te vamos a recordar: “Hay hombres que luchan toda una vida, esos son los imprescindibles.”

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Cuando el dolor nos golpeaba muy fuerte, cuando la impotencia se hacía carne, nos dejaste una enseñanza: la importancia de pensar en nuestra moral como militantes revolucionarios.
…siempre estabas con una sonrisa, dispuesto a salir a hacer las actividades, y muchas veces una pensaba “Mirá el viejo cuanta polenta le pone”…
…tenías derecho a vivir tú vida y te la arrebataron, porque eras un militante. Te vamos a recordar: “Hay hombres que luchan toda una vida, esos son los imprescindibles.”


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