«Nazistificación»

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Israel Shahak

Un país se nazistifica cuando ideas, que habitualmente no es conveniente expresar en la buena sociedad, adquieren imprevistamente derecho de ciudadanía en la prensa, en el Parlamento, en boca de gente importante. Esto es, para mí, lo que está sucediendo en Israel, donde algunas afirmaciones han adquirido una suerte de “normalidad”. Sé que el término nazistificación perturba, visto que para la mayor parte de la gente el nazismo significa, bien comprendido, Auschwitz, las cámaras de gas… Sé igualmente que los apologistas de Begin afirman que, a pesar de todas las atrocidades de la guerra en el Líbano, Israel no hace recurso de las mismas prácticas nazis. Yo respondería que el régimen de Hitler en sus primeras etapas no había instituido los campos de la muerte y que durante los años 1935-1939 las victimas hebreas de los pogroms en Polonia eran ciertamente más numerosas de aquellas de Hitler en Alemania. Hitler, al principio, provocaba tal vez menos victimas que otros, pero al mismo tiempo construía el peor de los regímenes. Afirmando que algunos grupos no hacían parte de la raza humana, que algunos ciudadanos alemanes perdían por esto su ciudadanía, que el planeta era poblado de razas distintas y jerarquizadas, el nazismo preparaba el camino para Auschwitz. Para mí, Begin es hoy una suerte de Hinderburg, mientras Sharon y Eytan me hacen pensar mucho al propio Hitler, así como la práctica israelita en los territorios ocupados y en el Líbano me parecen muy cercanas a aquellas de los nazistas respecto de los hebreos durante el periodo de 1935 a 1939 . Y la existencia contextual de un cierto número de acciones positivas en Israel no cambia nada. Así, como para dar un ejemplo, la reciente decisión de la Corte Suprema Israelí, que ha pasado por encima de la voluntad del gobierno y ha permitido a los periodistas israelíes de la radio y la televisión entrevistas a palestinos, incluso cercanos a la OLP, puede perfectamente en este periodo que para mí representa un periodo de crecimiento de los peligros, coexistir con prácticas análogas a aquellas que han caracterizado el crecimiento del nazismo en Alemania. En Israel, está el Ansar (N. del r.: reclusión Israelí donde también enviaban niños palestinos], hay campos de tortura y simultáneamente hay tribunales que continúan ajusticiando con una buena dosis de legalidad.

No se necesita sobreestimar la gravedad de ciertas declaraciones de dirigentes israelíes. Las declaraciones de Sharon, o de Begin, quien sostiene que un «palestino es un animal en dos patas», son bien conocidas. Pero no sé si las afirmaciones del General Eytan, que en Israel es más popular de lo que se cree, sean también conocidas por el público en el exterior. Eytan, que declara regularmente a sus tropas que «un buen árabe es un árabe muerto», que afirma que todos los árabes deben ser exterminados o expulsados, que ha siempre preconizado el castigo colectivo, hasta ahora no ha debido jamás enfrentar una sola oposición de cualquier miembro del establishment político, ni del Likud ni de los laboristas. Para el General, actual Jefe del Estado Mayor del ejército israelí, los árabes, todos los árabes y no solo los palestinos, forman una categoría humana particular y por eso merecen un «tratamiento» aparte. Este método, que es común a Eytan y a los nazis, se asemeja mucho a los métodos para amaestrar los animales. Éstos últimos, no poseyendo ninguna «humanidad», no poseen ni siquiera aquel valor intrínseco que de hecho garantiza a cada ser humano, independientemente del sistema en el que vive, un cierto número de derechos inalienables. Para Begin y Eytan todos los árabes son animales.
Quisiera hablar de un episodio para demostrar hasta qué punto la nazistificación es horrible, cómo esa supera en horror una situación precedente en Israel, que tampoco entonces era particularmente alegre. Típica de la actitud de Eytan respecto de los árabes, la cuestión se puede resumir de este modo. Hace un año, una niña de la localidad de Bat Yam, al sur de Tel Aviv, fue encontrada asesinada y descuartizada. El asesino nunca fue encontrado. A principios del mes de marzo de 1983, mientras hablaba a algunos escolares, Eytan declaró que asesino era un palestino de la OLP y que esta organización imponía a sus miembros violentar y asesinar a niñas hebreas. Agregó que él poseía información respecto a un crimen análogo cometido por un árabe contra otro chico. La declaración fue un shock. Al día siguiente la policía desmintió las declaraciones de Eytan; después de la policía fue el turno del ministerio del interior Burg, después del Procurador General Zammir y finalmente del mismo Shin Beth. Pero nada hizo caer todo eso; a cada desmentida, Eytan volvía a la carga y confirmaba sus acusaciones. El asunto tomó una proporción un tanto loca. Cada mañana había una desmentida en los periódicos y cada tarde Eytan repetía sus acusaciones. Pero hay una cosa más grave que ésta: ¿piensan que hubo algún solo político del Likud o del partido Laborista que haya contradicho a Eytan? Burg lo atacó, el Mapam, el Rakah, Shelli… igualmente, pero ninguna voz del Likud o del Partido Laborista se hizo sentir. La nazistificación se convirtió en un fenómeno de sociedad. Este general, cuyas declaraciones son dignas de un nazi, es demasiado importante para ser atacado. Y a este punto no puedo no trazar otro paralelo. Cuando Hitler llega al poder, muchos políticos alemanes se permitían criticarlo, pero jamás por su racismo. En los años ´30, el racismo era demasiado popular para que se criticase el antisemitismo de Hitler.
Los dos últimos meses, numerosos episodios han ilustrado los nuevos grandes cambios de la sociedad israelí. Hace dos semanas, participaba de la conmemoración de la muerte del militante de «Peace Now», muerto por una bomba. Estábamos en Jerusalem, la marcha de más de 2.000 manifestantes. En un cierto momento, se cruzó con un grupo consistente de jóvenes fanáticos del Gush Emunim, todos askenazis, que gritaban sin parar una sola palabra: «Begin! Begin!». Con nosotros había un pequeño grupo de hebreos orientales que ocupaban el centro de la marcha. Cuando aquellos del Gush Emunim los vieron, dejaron de gritar «Begin! Begin!» y se pusieron a gritar «Árabes! Árabes!». Este término se convirtió en un insulto público contra los judíos! Deben solo lanzar esta palabra sin agregar nada más.

En la ciudad de Netivot, cerca de Gaza, el asesinato de un joyero llevó a la expulsión de cualquier árabe que vivía en aquel lugar. La prensa, se interesó en el episodio y los periodistas hicieron algunas investigaciones. Entre los «descubrimientos», se supo que en el episodio estaban implicados jóvenes desmovilizados del ejército. ¿Sus convicciones? «El odio por los árabes nos une», o «Algunos trabajos esperan solo a los árabes». ¿Se trataba tal vez de aquellos trabajos retenidos «duros» o «sucios»? Sí, cierto, pero no solo esto. El razonamiento de aquellos jóvenes israelíes parecía fundamentarse principalmente sobre el convencimiento que lo judíos debían supervisar el trabajo de los árabes, que éstos últimos tenían necesidad de ser capataces «brutales». Es verdad que los jóvenes habían todos efectuados el servicio militar en territorios ocupados o también en el Líbano… Las mismas investigaciones periodísticas han puesto de relieve que aquellos jóvenes preferían estar desocupados antes que hacer un «trabajo de árabes». Una parte de la desocupación de los jóvenes después del servicio militar, hoy en Israel, depende de este tipo de convicción.

Hoy, el odio al árabe no es condenado por el poder en Israel. Todos los dirigentes están de acuerdo en publicar en grandes titulares que los judíos no deben odiarse entre ellos, pero ninguno condena el odio a los árabes. Pienso que una parte importante de la sociedad israelí se está nazistificando y que esto es útil al gobierno de Begin. Porque eso tiene la necesidad de proveer cada año a sus sostenedores una victoria sobre los árabes. En 1981, fue el bombardeo del reactor nuclear en Iraq; en 1982, la invasión al Líbano. ¿Qué debemos esperar para 1983? No sé cual será la ocurrencia; pero cierto es que Begin golpeará este verano.

Israel hoy está dividido entre dos polos de desigual importancia. Pienso que del 50 al 60% de los israelíes siguen a Begin, y que un 20% se opone a su política. Y entre éstos últimos, quisiera decir que el movimiento “Peace Now”, a cuyas posiciones yo no adhiero completamente, para mí, constituye de todos modos uno de los principales opositores de la nazistificación. También aquellos que entre sus miembros no son favorables al nacimiento de un Estado Palestino consideran que un palestino es un ser humano y que como tal tiene derechos inalienables. Para volver a la polarización de la sociedad, se debe decir que entre aquellos que apoyan y aquellos que se oponen a Begin, hay una masa fluctuante que todavía no decidió de qué parte estar. Pero creo que será obligada a hacerlo rápidamente.

Hoy Israel está al máximo de su potencia. Y la ofensiva totalitaria en curso está muy lejana de ser terminada. Veo dos causas principales: la primera es que los EEUU continúan la ayuda al gobierno israelí, a pesar de Sabra y Chatila, a pesar de todos los horrores cotidianos de la ocupación israelí en el Líbano, a pesar de la anexión galopante de Cisjordania y Gaza. La segunda causa, otro tanto grave, es la división profunda de los árabes.

Pero una cosa, una sola, puede derrotar hoy la nazistificación, y es la resistencia libanesa y palestina en el país de los cedros. Cuando los nazis israelíes afirman que los árabes comprenden solo el lenguaje de la fuerza, es en realidad de ellos mismos que están hablando. Si algunos partidarios de Begin hoy comienzan a dudar, eso ocurre únicamente porque la resistencia libanesa y palestina se va reforzando. Si esta resistencia continúa, la máquina infernal israelí será bloqueada; de otro modo temo que Begin se lance en una nueva aventura homicida.

1 N. del r.: reemplacemos el nombre propio Begin por el de Olmert y perfectamente lo escrito por Shahak en 1983 se puede aplicar en nuestros días.
2 Desde 1935 a 1339, en la Alemania nazi no hubo expulsiones de judíos. Había un pacto entre los nazis y los sionistas de Palestina (laboristas), denominado en hebreo Ha’avara, que favorecía la emigración judía exclusivamente a Palestina a cambio de la compra de productos alemanes de parte de los colonos sionistas. La emigración debía tener como único destino Palestina, esta era la condición puesta por los sionistas. Todo se desarrollaba contemporáneamente al boicot de los productos alemanes que los judíos no sionistas del mundo hacían en los mismos años.


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