FUBA

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Un congreso que no fue y una crisis que se profundiza

Se renovaron las autoridades, sin debate ni participación estudiantil

El sábado 28 de Marzo era el día pautado para que
se realice el Congreso de la Federación Universitaria de Buenos Aires en la Facultad de Psicología. Sin comisiones de debate, sin intervención estudiantil, el “congreso” no fue más que una instancia en la que se cambiaron las autoridades, con la cual se profundiza la brecha que hoy separa a la FUBA del movimiento estudiantil.
La Universidad de Buenos Aires atraviesa la peor crisis de su historia. El presupuesto no alcanza ni para cubrir los mínimos gastos de funcionamiento, con sedes que no dan abasto, cursadas desbordadas, sueldos que ni se acercan a la canasta familiar, miles de ad–honorem, etc. A esto hay que sumarle la política del rectorado que pretende clausurar por completo la participación democrática del movimiento estudiantil, como lo demuestra el vallado policial que impide el ingreso a las sesiones del Consejo Superior y las causas y sumarios que se han abierto contra los estudiantes que luchan en defensa de la educación pública.
Sin embargo, nada de esto estuvo presente en el “Congreso” de la Federación. En momentos en los cuales los estudiantes comienzan a organizarse en distintas facultades que han arrancado el cuatrimestre con asambleas y cortes de calles, no se discutió cómo enfrentar al ahogo presupuestario del gobierno nacional ni a la persecución del rectorado. Ni tampoco qué herramientas gremiales y políticas necesitan los estudiantes para llevar adelante estas tareas. No hubo apertura, ni comisiones, ni la tan mentada deliberación política del movimiento estudiantil. Tan solo se eligió a la Junta Ejecutiva de la FUBA avanzada ya la madrugada del domingo y en un aula donde sólo podían ingresar los apoderados de las listas portando las acreditaciones de los delegados que votarían ellos, es decir que ni los delegados llegaron siquiera a votar una lista. El “Congreso” se pareció mucho a los que organiza la Franja Morada en la Federación Universitaria Argentina. En definitiva, no hubo nada que se pueda llamar congreso el sábado 28 de marzo.
Esta situación es el fiel reflejo de las consecuencias de la política que ha ido imponiendo el Partido Obrero en la Federación, como su conducción mayoritaria. El hecho de que el Congreso no despertara ningún entusiasmo en el movimiento estudiantil, ni siquiera entre aquellos que se están organizando y luchando, es la más clara demostración de que la política sectaria y burocrática, que reduce a la FUBA a un mero apéndice del PO, ha creado una profunda brecha que separa a la Federación del activismo estudiantil. Sencillamente no ve a la FUBA como una herramienta para la organización y la lucha.

El retorno de la Franja

Una novedad fue el retorno de la Franja Morada, representante de las políticas privatistas en la universidad, como actor político al Congreso, luego de años de mantenerse por fuera del mismo tras la recuperación de la FUBA en el 2001 a través de un frente que unía a la izquierda con sectores independientes. Alentados por el rectorado, volvieron a hacerse presentes. Sin embargo, la incapacidad de la Morada para articular un frente entre todas sus distintas fracciones hoy recicladas, a pesar de los esfuerzos de la banda de Hallú en ese sentido, es una demostración de que hoy sigue sin poder convertirse en una alternativa lo suficientemente sólida como para disputar por la conducción de la Federación. Esto quedó demostrado en los 34 votos que sacó, contando como aliado sólo al MNR (Partido Socialista) de Derecho.

Una gran oportunidad desperdiciada

Las condiciones en las cuales las distintas fuerzas llegaron al Congreso brindaban una oportunidad única. Existía la posibilidad concreta de derrotar el intento de la Franja Morada y al mismo tiempo iniciar un nuevo rumbo en la FUBA, que parta de un balance critico y autocrítico de su estado actual, y que reconozca la necesidad de lograr un cambio hacia una FUBA de izquierda pero amplia, democrática y participativa, sin hegemonismos, donde puedan participar todas las corrientes de izquierda e independientes que partan de la defensa de la educación pública y gratuita frente a la política del gobierno K y el rectorado. En definitiva, existía la posibilidad de fortalecer a la Federación de cara a las grandes peleas que tiene por delante.
Sin embargo, esto no fue posible. En primer lugar, porque para poder empezar a avanzar en el sentido de construir una Federación más arraigada en el movimiento estudiantil, donde éste último sea el actor central en la definición de su política, lo primero que había que resolver es cómo dar una salida a la crisis de conducción que se viene expresando desde la ruptura del Frente 20 de Diciembre en las distintas facultades como consecuencia de las diferencias que existen entorno a cómo organizar al movimiento estudiantil (debate que nuestro partido inició hace ya más de dos años). El Partido Obrero, sin embargo, se negó (y se sigue negando) de manera pública y sistemática a reconocer la existencia de dicha crisis. La mejor manera de evitar una autocrítica es buscar un chivo expiatorio, y así el PO repite y repite que las diferencias se reducen a distintas políticas frente a la lucha de los pequeños productores (lo cual no deja de sonar ridículo si uno se percata del hecho de que agrupaciones tan disímiles como nosotros y el PTS, coincidimos en la negativa a votar una lista hegemonizada por el PO). Siguiendo la lógica de que no hay que cambiar nada en la FUBA, el PO sostuvo de manera intransigente una postura hegemonista, que volvió imposible cualquier acuerdo que incluya a toda la izquierda. Es imposible iniciar un camino de transformación de la FUBA con la hegemonía de los que sostienen que la transformación se terminó solo porque ellos están en la presidencia. Esta postura del PO fue la causa de la división de las fuerzas de izquierda.
Aún ante este escenario, existía la posibilidad de encontrar una salida que logre ser el primer paso para una transformación de la FUBA. Era posible construir una alternativa diferente en el Congreso bajo la propuesta de que la conducción efectiva de la Federación sea llevada adelante por la Junta Representativa, donde la izquierda y los independientes tenemos mayoría. Aún ante la negativa del PO de participar de esta propuesta, la misma contaba con suficiente apoyo como para derrotar a la Franja e iniciar un nuevo rumbo en la FUBA (21 votos de La Mella, UBA I y otros independientes, 11 votos del frente CEPA- MST, 2 votos de El Puño, 2 de Izquierda Socialista, 5 de Libres del Sur, sumaban claramente más que los 34 de la Franja). Lamentablemente, los compañeros de La Mella y UBA I que han sido siempre críticos de palabra sobre la política de la FUBA, dieron su voto a la única corriente que rechazó de manera virulenta la posibilidad de abrir el camino hacia una transformación de dicha política. Votando la lista del PO, las agrupaciones independientes que pretenden combatir a la Franja, sin embargo, no han hecho más que votar la profun-dización de un rumbo que agrava la crisis y debilitamiento de la FUBA y en consecuencia fortalece a la Franja Morada y a los enemigos del movimiento estudiantil.
El resultado del Congreso que no fue, entonces, es el de profundizar un rumbo de vaciamiento y autismo de la Federación, que la aleja aún mas del movimiento estudiantil y lo debilita en la lucha con el gobierno y el rectorado. Desde el MST adoptamos una posición diferente. La de ir hasta el final con una política que posibilitara la transformación de la FUBA y eso es lo que seguiremos proponiendo ante cada debate sobre las herramientas gremiales y políticas del movimiento estudiantil. Para esto llamamos a todos los que acuerdan con esta necesidad a conformar un bloque para dar esta pelea. Para fortalecer al movimiento estudiantil necesitamos un cambio en los centros y federaciones hacia un nuevo modelo, combativo, democrático, masivo y participativo.

Luis Meiners


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