Los 100 días de Obama

Spread the love

Muy por detrás de las expectativas

Los primeros 100 días de Obama en el poder sirven para sacar algunas conclusiones sobre el rumbo de su gobierno.

Es evidente que se ha acabado la hegemonía de la derecha cristiana que encarnaba Bush. Obama anunció el cierre de Guantánamo y revirtió la política anterior de negar el problema climático. Sus discursos rebalsan de populismo y sus medidas anticrisis incluyen algunos beneficios para los desocupados y sectores más relegados.
El triunfo de los demócratas en las legislativas del 2006 y las presidenciales del año pasado son expresiones de este hecho. Obama responde a este nuevo escenario con una política que esconde mucha más continuidad que otra cosa.
La histeria de la derecha representa principalmente su paulatino aislamiento y pérdida de base social.
Como ilustró el socialista estadounidense Lance Selfa: «Los primeros tres meses de Obama tendrían que recordar (…) que Obama, como presidente de los EEUU, por definición, está ahí para preservar el status quo. Incluso si el status quo, pataleando y gritando, tiene que ser arrastrado al siglo XXI.»
El primer indicador de esto es la billonaria inyección de dinero en salvatajes y planes para rescatar bancos y empresas, que constituye la más espectacular transferencia de riqueza de pobres a ricos de la historia.
Después del anuncio del cierre de Guantánamo (que ahora parece que no va a ser «tan fácil») salieron a la luz varios comunicados confirmando el uso de tortura por parte de la CIA. La respuesta de Obama: no abrirá causa a ningún responsable, sentando un terrible precedente de impunidad.
Su plan de retiro de Irak: aclamado por McCain, dejará en el país 50.000 tropas, más mercenarios y bases militares permanentes. Y tendrá su propia «aventura» en Afganistan, donde refuerza la masacre y la expande a Pakistán.
Los recortes impositivos para los sectores más adinerados que implementó Bush y Obama había prometido anular de inmediato: los dejará en su lugar hasta que caduquen el año que viene.
El presupuesto militar que prometió reducir: aumenta un 4%. Y el plan de salud pública y la ley de libertad gremial que fueron ejes de su campaña: nada. Desaparecieron de la agenda «a lo Clinton».
La tarea y el desafío de Obama es salvar al capitalismo de sí mismo. Él lo expresó de esta manera en una reciente reunión con altos ejecutivos financieros: «Mi gobierno es lo único que hay entre ustedes y las horquillas».Es esto lo que verdaderamente exaspera a la derecha.
Los millones que se movilizaron en la campaña y asunción de Obama, que despiertan con expectativas y esperanzas de cambio, que quieren ser parte de la historia y representan un giro en la conciencia que supera lo que está dispuesto a cumplir el flamante jefe de estado.
Por ahora Obama mide bien. Tiene a su favor que ha implementado varias medidas que responden a la crisis, cuyos resultados todavía no se ven (seguramente no se verán), y que la gente, contrastando con los años Bush, le da el beneficio de la duda.
Pero, como él mismo admite, los despidos y desalojos seguirán aumentando. El viraje popular contra el neoliberalismo y el reino del capital financiero seguirá su rumbo y Obama se encontrará cada vez más embretado en su tarea de apaciguar las masas para salvar las ganancias capitalistas.


Publicado

en

por

Etiquetas: