Elecciones

Spread the love

«Gran Cuñado», entre la risa y el enojo K

Dos meses antes de las elecciones, Tinelli anunció su “Gran Cuñado”. El revuelo entre los políticos llegó rápido. Inmersos en una campaña electoral que a veces se torna grotesca, todos tenían pánico al ridículo. Desde el gobierno han montado una comedia con los anuncios del 0,3% de inflación, o Cristina explicando que la crisis mundial no nos alcanza, pero no les cae nada bien ser caricaturi-zados.
Canal 13, del Grupo Clarín, anunció con bombos y platillos la nueva edición de la parodia de “Gran Hermano”. Allí entraron los imitadores de Kirchner, Macri, Cobos, De Ángeli, De Narváez, Carrió, Moreno, Massa, Scioli, De La Rúa y Cristina Fernández, entre otros protagonistas de la escena política argentina.
El programa fue un exitazo. Todos lo comentaron y se desató una polvareda de opiniones. La primera noticia fue el rumor de que la productora había sido amenazada el 11/05. En Ideas del Sur no confirmaron las versiones pero se tomaron precauciones. Luego, se rumoreó que algunos funcionarios llamaron para preguntar sobre las características de los personajes. Según trascendió, no había bronca, aunque alguno deslizó una “amenaza” y esbozó un “yo sé a la hora que salen tus dos hijos del colegio”.
Mientras millones de argentinos ven el programa y se ríen, el ministro de Justicia, Aníbal Fernández, dijo que “en algunas cosas me parece que hay excesos, debiera regularse, porque es la presidenta, y en otras cosas, muy logrado: hay que ser justo con esas cosas… Igualmente yo rescato siempre el humor con la política, con su componente irónico: como dicen en el campo, se suponen que le pegan a la matadura para hacer este tipo de imitaciones.” Más tarde, se retractó y explicó que utilizar la palabra “regular” fue “poco feliz.”
Tinelli puede gustar o no gustar, pero es un hecho de la realidad. Nadie niega sus intereses políticos o los del multimedio en el que tiene su programa, y con los cuales no coincidimos.
El enojo gubernamental se funda en el respeto por la investidura presidencial pero esconde el temor a que el personaje de Cristina les reste votos. En un gobierno que no soporta la crítica, ser protagonista de una sátira es producto de enojos. Probablemente no sepan que este género humorístico puede rastrearse desde tiempos inmemorables, ya que donde ha existido un gobierno organizado, ha habido sátira y las primeras humoradas políticas datan del Imperio Romano.
En todo el mundo, Obama y otros líderes mundiales, son caricaturizados y no pasa nada. En nuestro país, durante años, Tato Bores fue un gran exponente del humor político.
En un país con candidatos testimoniales, un Indec trucho, aumentos salariales virtuales y una presidenta que cedió el mando a su marido por la vía de los hechos, todo parece una gran comedia por la que los argentinos nos deberíamos sentir ofendidos. En cambio, lejos de dar soluciones a los problemas cotidianos, se preocupan por “Gran Cuñado”.
Es una muestra de soberbia y, al mismo tiempo, de la debilidad política de un gobierno cada vez más solo y preocupado por un pronostico electoral de caracter reservado.

Laura Lane


Publicado

en

por

Etiquetas: