La salud no debe ser un negocio

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Una médica muestra la diferencia de altura entre gemelas, una desnutrida y la otra no.

El caso de Salta se repite en otras provincias y localidades del país. En cada barrio humilde es moneda corriente ver chicos y familias enteras que no comen como corresponde, que apenas se arreglan con un plato de comida diario.
Cuando se hacen denuncias, como en una pésima obra de teatro que perdura a través del tiempo, reaparecen en escena los funcionarios que ocultan el drama y los empresarios que hacen grandes ganancias con la salud ajena. Más allá que se trate de cólera, dengue, mal de Chagas o desnutrición. Más allá que el mal afecte a Salta, Chaco, Buenos Aires o el lugar que sea, los protagonistas se repiten una y otra vez.

La complicidad de los políticos patronales y los empresarios

Es indignante que haya hambre y que las enfermedades se transformen en graves epidemias por la inacción o desidia oficial. Tanto despropósito se debe a que los políticos que defienden el sistema capitalista, sólo se preocupan por llegar al poder y a los cargos para robar y ensalzar el proyecto político que defienden, sea del PJ, la UCR u otra variante patronal. No se preocupan realmente por el hambre y la pobreza que son un azote aunque Cristina lo niegue. ¡Hasta la iglesia habla de un 40 % en el nivel de pobreza!
Los viejos partidos gobiernan para los patrones, incluyendo a los que hacen negocios con la salud. Para estos socios del hambre, la enfermedad y la muerte, los alimentos y la salud son simples mercancías que sirven para obtener ganancias. Este es el corazón del sistema capitalista y, más allá del nombre de la enfermedad o del problema, más allá del país o la provincia dónde se desarrolle, los de abajo somos los más perjudicados.


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